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miércoles, 26 de febrero de 2014

LA CIGUAPA


En las cuevas de las montañas de un bosque de la República Dominicana vivían dos ciguapas. Extrañas mujeres salvajes con los pies al revés, delgadas, tez morena, ojos negros, rostro hermoso y con el pelo tan largo que era la única vestimenta de su cuerpo.

Les gustaba hacerles trenzas a las colas de los caballos y se divertían trepando por los árboles. Cada noche bajaban de la montaña en busca de peces y aves para alimentarse.

Una tarde, un hermoso joven campesino rubio de ojos azules, subió a esas montañas acompañado por su perrito para cazar animales.

La ciguapa
Caminó y caminó por el bosque sin poder cazar ningún animal porque cada vez que lo intentaba su perrito corría detrás de ellos para jugar y estos salían huyendo del lugar. Pasaron las horas y el joven campesino se sentó junto a su perro bajo la sombra de un árbol para descansar.

Cerca de allí, subida en la rama de un árbol, con la cabeza inclinada hacia arriba  para estar a la misma altura, una serpiente venenosa discutía con un caballo porque el día anterior éste le pisó la cola. El caballo muy enojado le enseñó los dientes y le relinchó, pero la serpiente le sacó su lengua venenosa y éste salió corriendo.

Segundos después, la serpiente bajó del árbol flexionando su cuerpo de izquierda a derecha hasta que se acercó a la sombra del árbol donde estaba sentado el joven campesino y le mordió en la pierna. Éste intentó matarla, pero comenzó a sentirse tan mal que se desmayó.

Inmediatamente el perrito comenzó a olerlo y le mordía el pantalón para ver si se movía, pero el campesino no reaccionaba. Entonces comenzó a aullar fuertemente.

En ese momento las dos ciguapas estaban tejiendo las crines de dos caballos y al escuchar el fuerte aullido del perrito se acercaron a ver qué pasaba, entonces encontraron al campesino tirado en el suelo y le descubrieron la mordedura de la serpiente.

Rápidamente le extrajeron el veneno chupándole la mordedura, después se la cubrieron con plantas medicinales y se quedaron a su lado  toda la noche comunicándose entre ellas con aullidos ya que no sabían hablar. El perrito también se quedó a su lado y de vez en cuando le acariciaba el rostro con su lengüita y con  suaves aullidos.

Al día siguiente el campesino se despertó y al ver a las ciguapas quedó impresionado. ¡No se lo podía creer!
Intentó tocarlas, pero ellas  se asustaron y se fueron corriendo dejando huellas contrarias a su destino ya que tenían los pies al revés. Parecía que corrían hacia delante pero realmente corrían para atrás.

El campesino rápidamente se levantó del suelo e intentó seguirlas, pero el perrito  mordiéndole la parte baja del pantalón y poniéndose delante le impidió el paso. Entonces el joven campesino se detuvo y recordó que si sigues a una ciguapa desapareces para siempre en el bosque.

Horas más tardes el joven campesino llegó al pueblo y les contó la historia a sus amigos, pero nadie le creyó porque para ellos las ciguapas son sólo una leyenda.

El joven campesino y su perrito moviendo la colita se marcharon a casa felices porque ellos sí que habían visto dos ciguapas en las montañas.



Autora: María Abreu






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