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miércoles, 26 de febrero de 2014

El viaje del halcón




Un hermoso halcón llevaba tiempo anidado en la repisa del ventanal de la magnífica catedral de la ciudad.

Desde allí contemplaba cada día a los turistas de diferentes países que disfrutaban y sonreían tomándose fotos con la catedral de fondo, haciendo nuevos amigos.
Pero a pesar de todo el halcón se sentía solo, aburrido y con miedo de volar.

Un día una paloma vecina que llevaba tiempo observándole se acercó diciéndole:
_ ¡Tú puedes ser y hacer todo lo que deseas! La vida es como esa flor que se abre con muchos pétalos y oportunidades y si no las aprovechas se marchitan y dejan de existir. El halcón con tristeza la miraba fijamente y le decía:                                          
¡Tengo miedo a volar! ¡No sé qué hay más allá de éste ventanal!
_  ¡Tu vida no es el miedo, sino una vida elevada y victoriosa! _ indicó la paloma mientras se marchaba.
Pero el halcón seguía aferrado a sus miedos, con la misma rutina, alimentándose sólo de los insectos que encontraba cerca.
Una mañana, desde el ventanal, observaba a las personas montadas en el tren turístico que escuchaban atentamente la historia de cada lugar que les mostraban.

En ese instante, el halcón empujado por el deseo de salir de la rutina decidió agitar sus alas fuertemente.  Todos los turistas miraron hacia el ventanal, maravillados por la agilidad y hermosura  del halcón le empezaron a hacer fotos y vídeos.
Mas el halcón con gran decisión extendió sus alas al viento y comenzó a volar a gran altura. Luego utilizó su tercer párpado para limpiar las lágrimas, mantener una buena visión y disfrutar del vuelo.

En su maravilloso viaje, conoció lugares interesantes e históricos. Hizo amistades con aves de diferentes especies y sobre todo… disfrutaba volando.
Autora: María Abreu

¿Es por tu inteligencia que se cubre de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el sur?  (Jeremías, 8:7)



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La ardilla envidiosa

En un lejano bosque, entre las ramas de un frondoso árbol se divertían dos ardillas haciendo acrobacia.

Cada una vivía en su madriguera, pero Anita deseaba la madriguera de Lolita porque tenía dos nidos: uno para cubrirse en el invierno y otro para refrescarse en el verano.

También envidiaba la habilidad que tenia Lolita para trabajar ya que siempre encontraba suficientes alimentos para almacenarlos para el invierno.

Su envidia llegó hasta tal punto, que se le olvidó que ella tenía las mismas habilidades para competir y destacarse como su amiga. 

Una mañana al levantarse descubrió que su estatura había disminuido de tal manera que se había quedado muy pequeñita. Preocupada, decidió visitar a una marmota y le comentó lo que le había pasado, ésta la escuchó atentamente y le respondió:

_ La envidia es un síntoma de pequeñez; pero el amor al prójimo y la humildad pueden hacer que vuelvas a crecer.

La ardilla Anita  no le dio importancia al consejo de la marmota y muy molesta se fue a su madriguera quedándose  pequeñita para siempre.
Autora: María Abreu

Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia. (Job 5:2)





EL PERRITO CALLEJERO

Una tarde de verano la señora Martha salió a pasear a su perrito Trino por el parque de la ciudad. El perrito Trino era un perro muy bien cuidado, su dueña siempre lo tenía limpio y perfumado.

Cuando estaban en el parque la señora Martha quitó la cadena de su querido perrito para que paseara con toda libertad, luego cuando vio que su perrito estaba sentado en las hierbas descansando de su pequeño paseo, se acercó y le tiró un filete. En ese momento llegó un perrito callejero con mucha hambre y olfateando el filete dijo:

- ¿Puedes compartir tu filete conmigo?  La verdad es que tengo hambre.

El perrito Trino le miró a los ojos y subestimándole le dijo:

- No comparto mi comida con perros callejeros como tú.

Luego el perrito Trino limpio y perfumado lo echó de su lado a ladridos.

El perrito callejero, sucio, cabizbajo, con hambre y con el rabo entre las piernas,  se apartó de aquel perrito limpio y perfumado tristemente.

Horas después comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos. El perrito callejero comenzó a correr buscando un lugar para protegerse del agua, y al ver un garaje, inmediatamente entró en él para refugiarse, pero de repente detrás de él escucha unos ladridos.

Cuando el perrito callejero miró para atrás, vio  casualmente  que quien le estaba echando a ladridos del garaje era el mismo perrito limpio y perfumado que no quiso compartir su filete con él, así que se marchó del garaje cabizbajo  y con el rabo entre las piernas intentando buscar otro refugio.

Dos días después la señora Martha  salió nuevamente a pasear a su perrito Trino  por el parque y le quitó  la cadena  para que paseara libremente.

El perrito Trino caminaba y corría muy feliz alejándose cada vez más del parque. Dobló esquinas, cruzó calles, saltaba por encima de las hierbas hasta que en un momento se detuvo muy asustado preguntándose:

- ¿En dónde estoy? Creo que me he alejado demasiado del parque y ahora estoy perdido… No sé cómo llegar a casa.

El perrito Trino con el rabo entre las piernas comenzó a caminar muy preocupado y aullando.

Minutos después el perrito callejero caminaba por la otra acera de la calle, y alcanzando  a ver al perrito Trino  se detuvo porque sintió el instinto de  que al perrito Trino le estaba pasando algo, así que cruzó la calle corriendo y se le acercó preguntándole:

- ¿Qué te pasa perro? ¿Por qué estas preocupado y con el rabo entre las piernas?

El perrito Trino le miró  y le dijo:

- Mi nombre es Trino, estoy preocupado porque salí de paseo, me he  despistado, y me alejado  demasiado del parque, ahora estoy perdido y sin orientación. Nunca había caminado por estas calles. Estoy muy preocupado no sé cómo llegar a casa.

El perrito callejero le puso una pata en el hombro y consolándole le dijo:

_ ¡Tranquilo perro! Yo me sé el nombre de todas estas calles, suelo caminar por todos estos lugares. ¡Yo te ayudaré a ir a casa! ¡Confía en mí!

- Pero es que no he sido amable contigo, ni te he ayudado cuando tú me has necesitado. No creo que me puedas hacer un bien, cuando yo no te lo he hecho a ti. - dijo el perrito Trino sorprendido.

  - ¿Sabes? en la vida debes aprender que ayudar a los demás nos hace ser más felices y mejores ciudadanos – dijo el  perrito callejero amablemente.

- ¡Gracias! ¡Agradezco este gesto tan bonito de tu parte!- dijo el perrito Trino muy preocupado.

Los dos perritos recorrieron y cruzaron  calles, doblaron esquinas  hasta que por fin llegaron a la casa del perrito limpio y perfumado.

- ¡Por fin has vuelto a casa mi lindo perrito! - dijo su dueña Martha felizmente mientras lo abrazaba y lo besaba.

El perrito callejero levantó una patita despidiéndose del perrito Trino y comenzó a caminar para marcharse a la calle nuevamente.

El perrito Trino comenzó a aullar muy triste porque su amigo se marchaba.

La señora Martha  miró al perrito callejero y luego al perrito Trino y le dijo:

-Ya entiendo… Quieres que adoptemos a ese lindo perrito callejero para que viva aquí con nosotros.

La  señora Martha adoptó al perrito callejero y ambos fueron muy felices. El perrito Trino aprendió a compartir, a ser amable con los demás y  a valorar  la amistad.
Autora: María Abreu

Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:35)





El príncipe haragán

En un lejano castillo vivía un príncipe que era muy haragán. Le gustaba dormir mucho, no trabajaba ni ayudaba a los demás y desperdiciaba el tiempo y la energía. Un día, el  rey, cansado de la conducta de su hijo llamó a un hada para que lo durmiera lejos del castillo.

Bajo el hechizo del hada el príncipe dormía en una casona abandonada en medio de un bosque hasta que una tarde comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos e incluso cayó un rayo cerca de unos árboles y el príncipe no se despertó.

Pero tantas gotitas de agua caían sobre el techo que hicieron un agujero y cayeron precipitadamente sobre la cara del  príncipe hasta que al final lo despertaron asustado.

_ ¡Vaya manera de despertar! _ dijo secándose la cara y luego comenzó a caminar dentro de la vieja casona sin comprender por qué estaba allí.

De pronto escucha a un gato maullando, feliz se acerca y lo mira, pero  se lamenta diciendo:

_ ¡Es un gato sin botas y abandonado! ¡No  podrá ayudarme a salir de aquí!

Cuando paró de llover dejó el gato abandonado y caminó por los alrededores del bosque intentando encontrar un camino para regresar al castillo pero no lo encontró. Regresó a la casona y desesperado buscó comida en la cocina y encontró unas semillas de plantas ecológicas en un tiesto viejo.También encontró una lata de salchichas y se las comió sin compartirla con el gato.

Con las semillas decidió hacer un huerto en el patio. Limpió, labró, regó el terreno y las sembró aprovechando las horas de la noche. Todos los días le echaba agua y lo cuidaba, iba aprendiendo a ser diligente y productivo; porque si no trabajaba, no comía.

Pero la convivencia con el gato no era buena. Un día  lo encontró defecando cerca del huerto, por tal motivo le riñó y le puso las reglas bien claras señalándole un lugar específico:

_ Desde hoy vas a defecar aquí, lejos del huerto y de la casona. Y tapa bien tus heces con la tierra.

Al gato no le gustó la idea porque eso implicaba pasar más frio, pero tuvo que acostumbrarse.

El hada, que lo observaba todo, al ver que el príncipe había aprendido la lección hizo que un caballo blando apareciera en la puerta de la casona y el príncipe muy feliz comprendió que ya era la hora de regresar al castillo con su padre y, apenado por el gato abandonado decidió llevárselo con él.

El rey lo esperó muy contento con los brazos abiertos  porque su hijo había aprendido la importancia del trabajo.

Autora: María Abreu

El que recoge en el verano es hombre entendido; más el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza”. ( Proverbios 10:5)





Los cerditos burlones



En la finca de una gran hacienda vivía un humilde burro. Cada día, con mucha paciencia, llevaba al señor Mario sobre su lomo y soportaba la carga sin lamentarse.

Una mañana, cansado y amarrado en el tronco de un árbol vio que tres cerditos se burlaban de él y le gritaban:

_ ¡Trabaja burro trabaja!

El burro con mansedumbre los miró y recordó que el señor Mario siempre les echaba mucha comida y por eso estaban gorditos y felices.

Luego en la tarde caminó soportando la carga de unas leñas porque en la noche habría una gran fiesta en el caserío de la hacienda.

Al terminar el recorrido, en su momento de descanso, escuchó nuevamente la burla de los tres cerditos:

_ ¡Trabaja burro trabaja! ¡Eres un menospreciado!

_ Fue a un burro a quien Jesús eligió para su entrada triunfal a Jerusalén. Así que no soy un menospreciado_ dijo el burro humildemente.

Pero los tres cerditos no le escuchan y seguían burlándose:

_ ¡Trabaja burro trabaja!

El burro triste y llorando por tantas burlas, se alejó de los tres cerditos y se tumbó a descansar bajo la sombra de un árbol.

Pasaron las horas y al llegar la noche comenzó la fiesta en la hacienda. El burro no vio a los tres cerditos en la finca y decidió acercarse a ver qué había pasado. Para su sorpresa, descubrió que la cena de la fiesta eran… los tres cerditos a la parrilla, entonces se fue a su casita pensando:

_ ¡No te burles de nadie sin saber cuál será tu futuro!

Autora: María Abreu

Salmos 119:51: Los soberbios se burlaron mucho de mí, más no me he apartado de tu ley.





El príncipe y la rosa roja

Había una vez un joven  príncipe que era muy gruñón, gritaba e insultaba a las personas,  por tanto tenía pocos amigos.

Una noche, cuando estaba solo en su habitación, se le apareció un hombre sabio y le entregó unas semillas diciéndole:

_ En tus manos entrego estas semillas, tú eres el responsable de saber qué quieres sembrar en tu vida. 

El príncipe gruñón, muy sorprendido, abrió las manos, empuñó las semillas y minutos después, se quedó dormido.

Al día siguiente se le ocurrió la idea de aprovechar el comienzo de la primavera, se fue al jardín del palacio y  sembró las semillas.

Pasaron unos días  y en su jardín  comenzaron a crecer unas rosas feas y sin olor fragante.

El príncipe gruñón vio que las rosas de su jardín eran marchitas y pensó  que la culpa la tenía  el hombre sabio por no haberle entregado las buenas semillas. Así que siguió con su mala conducta y con su egocentrismo. 

Una tarde, caminaba por la calle de la ciudad y le llamaba la atención que la mayoría de las rosas que veía eran de lindos colores y de fragantes olores.

Entonces se marchó al castillo y entró en su habitación muy pensativo. Minutos después se le apareció nuevamente el hombre sabio diciéndole:

_ ¡Tu corazón es un jardín y es ahí donde debes decidir cuáles son las cosas que quieres sembrar!

El príncipe gruñón reflexionó toda la noche  con las palabras del hombre sabio. Así que al día siguiente comenzó a ser amable con los demás, a ayudar a las personas y a tratarlas con amor.

Una mañana  entró a su jardín y sorpresivamente descubrió  que todas las rosas estaban muy coloridas y destilaban un olor muy agradable.

Sonriendo de felicidad comenzó a caminar hacia ellas; pero vio algo extraño, una hermosa rosa roja temblaba de frío por las gotitas de aguas del rocío de la mañana, entones se acercó y la abrigó con sus manos.

En ese instante la rosa roja se convirtió en una hermosa mujer. El príncipe muy feliz  la abrazó, se enamoraron y después de un tiempo se casaron y fueron muy felices.
 
Al final el príncipe comprendió que es mejor sembrar cosas bonitas en el jardín del corazón.

Autora: María Abreu

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23)



El jardín encantado

Había una vez un príncipe que se sentía muy solo y cada tarde salía al jardín de su castillo a escribir poemas sin descubrir que un hada lo miraba todas las tardes escondida detrás de las flores.

El príncipe  no se detenía a contemplar la belleza de su jardín porque siempre estaba con la cabeza agachada escribiendo sus lamentaciones.

Un día, aburrido de hacer siempre lo mismo se le ocurrió la idea de cortar todas las plantas y las flores de su jardín para hacer  una  piscina más grande que la que tenía, así que escogió a cinco de sus siervos para que lo destruyeran.

El hada del jardín cuando vio que los siervos venían a destruir el jardín  se puso en contacto con todos los árboles y con todas las flores para que no se dejaran cortar.

En ese instante el jardín cobró vida y mágicamente los árboles empezaron a sacar sus brazos de ramas  y dándoles  azotes a los siervos  los tiraban al suelo. 
   
Las flores se unieron a la batalla y comenzaron a utilizar sus dulces fragancias y sus lindos colores para atraer a los insectos los cuales llegaron  por aire y tierra. Y picándoles por todo el cuerpo le produjeron hinchazón y comezón en la piel.

Los siervos salieron del jardín corriendo y muy asustados le contaron lo sucedido al príncipe Pablo.

El príncipe sorprendido les explicó que donde hay flores es natural que encuentren insectos y que las ramas de los árboles se mueven por el viento que sopla.

Pero para salir de dudas envió a otros siervos al jardín para que lo destruyeran.

Cuando los siervos llegaron al jardín todas las flores muy enojadas comenzaron a dispararles polen en diminutas células masculinas, en forma de huevos, desencadenando picor de ojos, lagrimeos, picor nasal y estornudos.

Los siervos se marcharon corriendo y le contaron lo sucedido al príncipe, pero el príncipe les explicó que es natural que el polen de las flores produzca alergia a algunas personas.

Después el príncipe llamó a sus consejeros biólogos para que fueran y miraran si veían algo extraño en su jardín, pero éstos cuando llegaron al jardín sólo observaron la hermosura de las flores y el verde de los árboles. Luego fueron donde el príncipe y le comunicaron que todo estaba en perfecta armonía.

Al día siguiente el príncipe fue al jardín como cada tarde a escribir poemas y al levantar la cabeza por un segundo vio una figura entre las flores parecida a la figura de una mujer  y comenzó a caminar hacia las flores para ver qué era lo que se escondía.

El hada asustada permanecía agachada detrás de las flores  hasta que llegó el príncipe y la descubrió.

El hada, con cuerpo escultural, larga y negra cabellera, ojos verdes, rostro fino, labios llenos, olor agradable y con hermosa sonrisa  se puso de pie y le dijo:

_ ¡Hola Príncipe Pablo! Quiero que sepas que no he dejado que destruyas el jardín porque las flores son la sonrisa del planeta y hay que hacer que el planeta continúe  sonriendo. 

El príncipe Pablo  sorprendido y feliz la miró a los ojos y le dijo:

_ ¡Gracias hermosa hada, te prometo que cuidaré de mi jardín y de toda la naturaleza!

Desde entonces el príncipe salía muy feliz cada tarde a contemplar la belleza del jardín y a hablar con el hada, hasta que la conquistó con sus poemas, se casaron y fueron muy felices.

Autora: María Abreu


Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. (Romanos 8:21)


El lagarto harto - Cuento sobre la identidad

En un frondoso bosque vivía un lagarto que estaba harto de tomar el sol sobre una piedra, harto de comer insectos, harto de perder su cola y volver a regenerarla. En fin, estaba harto de ser un lagarto.

Una mañana decidió subir a la montaña del bosque a visitar a un amigo mago y al llegar a su madriguera dijo:

_ ¡Hola amigo, he venido a pedirte un favor!

El lagarto mago con sombrero de punta y aún en pijama se acercó y  preguntó:

_ ¿En qué te puedo ayudar querido amigo?


_ Quiero que digas unas palabras mágicas y me pongas alas. Deseo ser un lagarto volador. Quiero cambiar mi identidad  _ suplicó el lagarto.

_¡De acuerdo!_ dijo el lagarto mago. Y en ese mismo instante pronunció unas palabras mágicas e inmediatamente al lagarto  le salieron dos alitas por el costado.

_ ¡Gracias lagarto mago! ¡Qué vivan los aventureros! _ dijo el lagarto felizmente mientras volaba alejándose de la montaña.

Pero las aves del cielo lo miraban y se reían de él porque les parecía  ridícula la manera en que movía la cola mientras volaba. De pronto una gran ave se acercó y lo atrapó  en su pico y comenzó a volar cada vez más alto.

El lagarto, harto de estar en el pico de la gran ave y de ver que lo elevaba cada vez  más alto  le dijo:

_  ¡Oye, suéltame, porque si me comes te daré muy mala digestión y haré que vomites!

La gran ave al escucharlo  lo soltó desde una gran altura.

El lagarto, harto de ver que  estaba cayendo en picado comenzó a gritar fuerte de miedo, pero segundos antes de estrellarse en el suelo recordó que tenía dos alitas y comenzó a agitarlas evitando su desgracia y voló hacia la montana nuevamente donde su amigo el lagarto mago diciéndole:

_ Ya no quiero ser un lagarto con alas, es un peligro estar allá arriba, además estaba harto de agitar estas dos alitas. Quiero tener otra identidad. Necesito que me conviertas en un pez de bonitos colores, creo que será más divertido.

 El lagarto mago aún en pijama le dijo:

_ Vayamos a la orilla del río.

Ambos lagartos se marcharon a la orilla del río y una vez allí, el lagarto mago dijo las palabras mágicas convirtiendo a su amigo en un pez de lindos colores.

Entonces el lagarto convertido en pez nadaba y nadaba dentro del río mirando diferentes especies de pececitos, pero de repente ve que un gran pez viene nadando rápido hacia él y asustado desde lejos le pregunta:

_ ¿Amiguito, qué quieres?  ¿Por qué nadas tan rápido hacia mí y con la boca abierta?

Pero al no escuchar respuesta alguna se dijo a sí mismo:

_ ¡Uy! Este pez no tiene cara de buenos amigos.

Inmediatamente movió sus aletas y comenzó a nadar rápido. El gran pez comenzó a perseguirlo hasta que ambos se encontraron dentro de  una cascada. El  pez lagarto cayó en picado. Y al final de la cascada,  harto de ser perseguido, se escondió dentro de  una pequeña cueva. El gran pez negro lo perdió de vista y se alejó.

En ese momento, solo y escondido, el pez lagarto comenzó a  echar  de menos su tierra y a sus amigos y se le salió una lágrima.

 _ ¡Mi lágrima! ¿Dónde está mi lágrima?  ¡Oh no! Se la ha llevado la corriente de este río. Es la primera vez que lloro por mi tierra y por mis amigos. _ dijo nadando y girando sobre sí mismo buscando su lágrima.

Minutos después cuando vio que ya no estaba en peligro salió de la cueva y comenzó a nadar.

_ Tengo que buscar la manera de salir de aquí, quiero ser como era antes, quiero aceptarme como soy, ¡Quiero recuperar mi identidad!

En ese instante miró para arriba y vio una hoja que flotaba, saltó sobre ella, y comenzó a gritar:

_ ¡Lagarto mago, sácame de aquí! ¡Auxilio! ¡Quiero volver con los míos!

El lagarto mago se acercó a la orilla del río y dijo las palabras mágicas. En ese instante el pez lagarto recuperó su identidad y volvió a ser un lindo lagartito verde. Flotando encima de la hoja remó hacia la orilla y volvió a su tierra.

Cuando sus amigos lo vieron llegar, lo abrazaron e hicieron fiesta porque su amigo a quien echaban tanto de menos había vuelto.

Autora: María Abreu




LA CIGUAPA


En las cuevas de las montañas de un bosque de la República Dominicana vivían dos ciguapas. Extrañas mujeres salvajes con los pies al revés, delgadas, tez morena, ojos negros, rostro hermoso y con el pelo tan largo que era la única vestimenta de su cuerpo.

Les gustaba hacerles trenzas a las colas de los caballos y se divertían trepando por los árboles. Cada noche bajaban de la montaña en busca de peces y aves para alimentarse.

Una tarde, un hermoso joven campesino rubio de ojos azules, subió a esas montañas acompañado por su perrito para cazar animales.

La ciguapa
Caminó y caminó por el bosque sin poder cazar ningún animal porque cada vez que lo intentaba su perrito corría detrás de ellos para jugar y estos salían huyendo del lugar. Pasaron las horas y el joven campesino se sentó junto a su perro bajo la sombra de un árbol para descansar.

Cerca de allí, subida en la rama de un árbol, con la cabeza inclinada hacia arriba  para estar a la misma altura, una serpiente venenosa discutía con un caballo porque el día anterior éste le pisó la cola. El caballo muy enojado le enseñó los dientes y le relinchó, pero la serpiente le sacó su lengua venenosa y éste salió corriendo.

Segundos después, la serpiente bajó del árbol flexionando su cuerpo de izquierda a derecha hasta que se acercó a la sombra del árbol donde estaba sentado el joven campesino y le mordió en la pierna. Éste intentó matarla, pero comenzó a sentirse tan mal que se desmayó.

Inmediatamente el perrito comenzó a olerlo y le mordía el pantalón para ver si se movía, pero el campesino no reaccionaba. Entonces comenzó a aullar fuertemente.

En ese momento las dos ciguapas estaban tejiendo las crines de dos caballos y al escuchar el fuerte aullido del perrito se acercaron a ver qué pasaba, entonces encontraron al campesino tirado en el suelo y le descubrieron la mordedura de la serpiente.

Rápidamente le extrajeron el veneno chupándole la mordedura, después se la cubrieron con plantas medicinales y se quedaron a su lado  toda la noche comunicándose entre ellas con aullidos ya que no sabían hablar. El perrito también se quedó a su lado y de vez en cuando le acariciaba el rostro con su lengüita y con  suaves aullidos.

Al día siguiente el campesino se despertó y al ver a las ciguapas quedó impresionado. ¡No se lo podía creer!
Intentó tocarlas, pero ellas  se asustaron y se fueron corriendo dejando huellas contrarias a su destino ya que tenían los pies al revés. Parecía que corrían hacia delante pero realmente corrían para atrás.

El campesino rápidamente se levantó del suelo e intentó seguirlas, pero el perrito  mordiéndole la parte baja del pantalón y poniéndose delante le impidió el paso. Entonces el joven campesino se detuvo y recordó que si sigues a una ciguapa desapareces para siempre en el bosque.

Horas más tardes el joven campesino llegó al pueblo y les contó la historia a sus amigos, pero nadie le creyó porque para ellos las ciguapas son sólo una leyenda.

El joven campesino y su perrito moviendo la colita se marcharon a casa felices porque ellos sí que habían visto dos ciguapas en las montañas.



Autora: María Abreu






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