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jueves, 27 de febrero de 2014

EL POLLITO DESOBEDIENTE


En un bonito gallinero vivía una gallina con sus seis pollitos, pero uno de ellos era muy desobediente. Una tarde la gallina salió de paseo con todos sus pollitos y antes de cruzar la calle dijo:

_ ¡Miren para ambos lados antes de  cruzar!

El pollito Tomasito no hizo caso a su madre y mientras cruzaba vio un coche que se acercaba a gran velocidad así que corrió asustado a la acera para evitar ser atropellado.

Por suerte sólo perdió algunas plumitas por el ímpetu del viento.

Luego llegaron al gallinero y mamá gallina se puso a preparar la cena. Al pollito Tomasito le llamaba mucho la atención el fuego, por lo que la madre le advirtió:

_ ¡Tomasito no te acerques mucho al fuego porque te puedes quemar!

Pero el pollito Tomasito como era muy desobediente se acercó demasiado y se le quemó un dedito de la patita. La mamá gallina le escuchó piar de dolor y fue a curarle.

Pasaron unos días y el pollito Tomasito como era un poco inquieto estaba aburrido y se acercó a su mamá  preguntando:

_ ¿Puedo ir a la finca a buscar lombrices?

_  ¡Hijo, está nublado y parece que va a caer una tormenta!  ¡Mejor ve mañana! _ respondió la madre.

_ ¡No lloverá mamá!_ dijo el pollito Tomasito.

 Y desobedeciendo una vez más, agarró una bolsita, se la puso en el cuello y se marchó a la finca.

Allí con su piquito comenzó a atrapar lombrices de diferentes tamaños y las iba guardando en su bolsita.

Pero mientras intentaba atrapar una lombriz que se enterraba en la tierra, escuchó el estallido de un trueno y luego vio un relámpago en el aire. Sus plumitas se le erizaron porque comenzó a caer una gran tormenta.

Como el pollito Tomasito sabía que el agua y los rayos le podían quitar la vida, rápidamente se subió a una roca y encontró refugio en una pequeña cueva. Allí dentro piaba por haber desobedecido a su madre.

La noche avanzaba y el pollito Tomasito comenzó a temblar de frío y a estornudar. En ese momento pensó:

_ ¡Creo que me he resfriado con el frío! 

Las horas seguían pasando y cuando ya había amanecido, el pollito Tomasito se despertó con mucha fiebre, con decaimiento y con sus plumas erizadas.

Se sentía tan mal de salud que en medio de su lamento dijo:

_ ¡Este es el fin de mi vida!


Dicho esto, cayó boca arriba, estiró las patitas, giró su cabecita y sus ojitos se cerraron.

En ese momento llegó mamá gallina y con su pico lo agarró por las patitas y se lo llevó al gallinero. Allí lo abrigó bajos sus alas y lo curó.

Pasaron algunas horas hasta que el pollito Tomasito despertó y bajo las alas de mamá gallina sacó la cabecita y pensó:

_ ¡A partir de ahora, obedeceré a mi madre para que todo me vaya  bien en la vida!

Autora: María Abreu

LEER EL CUENTO EN INGLÉSThe Rebellious Chick

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. ( Efesios 6:1-3)



El esqueleto sediento

Un esqueleto lleno de polvo caminaba en medio del desierto empujado por un alma viviente  en busca de un manantial de vida.
Mientras caminaba lo perseguía un lobo babeando saliva esperando a que desmayara para comérselo. Y cada vez que lo veía cansado le susurraba:
­_ No podrás continuar, estás cansado, échate a dormir.


Más adelante, un cuervo en vuelo dejó caer una piedra, el esqueleto tropezó con ella y cayó al suelo. Entonces miró hacia adelante, se levantó despacio y continuó su camino desafiando la tormenta de arena.
Minutos después, una serpiente con su lengua venenosa le decía:
_ Será mejor que mires hacia atrás y vuelvas al polvo de donde saliste, éste camino es muy largo. ¡No lo lograrás! ¡No…. no lo lograrás!
Pero el esqueleto cansado de escuchar las palabras negativas de las mentes mediocres, los venció con su espíritu luchador.
Y mientras continuaba su camino, un sonido rompió su silencio y al levantar la vista vio los rayos del sol que se multiplicaban y bailaban con el sonido del  agua.
_ ¡Sí, es el manantial de agua viva! _ gritó mientras corría. Y al llegar se agachó y bebió satisfaciendo toda su sed.
Segundos después, el agua limpia y cristalina con sus rayos de luz comenzó a agitarse y al saltar hacia arriba mojó al polvoriento esqueleto y lo convirtió en un hermoso hombre dándole la vida que anhelaba.

Autora: María Abreu
Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en una fuente de agua que brota para vida eterna. ( Juan 4:14)





Ponle nombre a tu sueño



El día pintaba un paisaje maravilloso donde se podían observar pequeñas montañas verdes con diferentes árboles y plantas. Más abajo se veía un caballo marrón tumbado en la hierba cerca de una pequeña casa de madera. Ahí vivía el niño Miguelito con su padre, el cual se ganaba la vida trabajando la tierra. Una tarde llegó cansado, y entrando en la casa llamó a su hijo preguntándole:

_ Hijo mío, la vida es muy dura, por eso me gustaría saber qué quieres ser de mayor.

_ Dame unos minutos_ respondió Miguelito.


Se marchó a su habitación, sacó lápices de su humilde estuche y en una hoja de cuaderno hizo un dibujo, luego volvió al salón y se lo entregó al padre. 

_ ¡Muy bonito! ¡Sólo espero que sea un simple dibujo!

_ ¿Por qué dices eso padre? ¡Es lo que sueño ser cuando sea mayor!

_ Pero hijo, siempre hay que soñar con cosas que se puedan alcanzar. Vuelve a tu habitación y dibuja algo que esté dentro de nuestras posibilidades.

Miguelito tristemente volvió a su habitación e intentó hacer otros dibujos. Pero como tenía muy claro cuál era su sueño, agarró nuevamente su primer dibujo lo coloreó y le puso nombre: dentista.

 Minutos después regresó al salón  y se la entregó al padre. Éste muy molesto le dijo:

_Le has puesto un nombre y lo has coloreado, pero es el mismo dibujo. Sabes muy bien que vivimos de la agricultura y  con el dinerito que ganamos no nos alcanza para pagarte esa carrera.

Miguelito le miró tristemente y le respondió:

_ Todo lo que observas a tu alrededor es el fruto del sueño de alguien! No robes mi sueño por  miedo a no poder ayudarme.

Entonces el padre se levantó del asiento, tiró el dibujo al suelo y se marchó. Pero Miguelito nunca renunció a su sueño, ni se olvidó del ratoncito Pérez ya que le premiaba si se le caía un diente.

Pasaron los años y Miguelito por su esfuerzo obtuvo muy buenas notas y consiguió una beca para estudiar en la universidad. Por tal motivo se trasladó del pueblo a la ciudad. Después de un tiempo al terminar la carrera universitaria construyó su anhelada clínica dental logrando ser un reconocido y respetado dentista.

Se sentía un hombre feliz por haber alcanzado su sueño. Además disfrutaba cuando recibía la visita del ratoncito Pérez que traía pequeños cofres de colores para guardar en ellos los dientes de leche de los niños que iban a la clínica.

Pero como siempre, echaba de menos a su padre y una tarde le llamó para que fuera a la ciudad a visitarle, éste felizmente llegó, le abrazó y le dijo:

_ ¡Hijo, perdóname! Me has demostrado que con valor y esfuerzo se puede lograr cualquier sueño.

Autora: María Abreu

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma (Santiago 2:17)


miércoles, 26 de febrero de 2014

El viaje del halcón




Un hermoso halcón llevaba tiempo anidado en la repisa del ventanal de la magnífica catedral de la ciudad.

Desde allí contemplaba cada día a los turistas de diferentes países que disfrutaban y sonreían tomándose fotos con la catedral de fondo.
Pero a pesar de todo el halcón se sentía solo, aburrido y con miedo de volar.

Un día una paloma vecina que llevaba tiempo observándole se acercó diciéndole:
_ ¡Tú puedes ser y hacer todo lo que deseas! La vida es como esa flor que se abre con muchos pétalos y oportunidades y si no las aprovechas se marchitan y dejan de existir. El halcón con tristeza la miraba fijamente y le decía:                                          
¡Tengo miedo a volar! ¡No sé qué hay más allá de éste ventanal!
_  ¡Tu vida no es el miedo, sino una vida elevada y victoriosa! _ indicó la paloma mientras se marchaba.
Pero el halcón seguía aferrado a sus miedos, con la misma rutina, alimentándose sólo de los insectos que encontraba cerca.
Una mañana, desde el ventanal, observaba a las personas montadas en el tren turístico que escuchaban atentamente la historia de cada lugar que les mostraban.

En ese instante, el halcón empujado por el deseo de salir de la rutina decidió agitar sus alas fuertemente.  Todos los turistas miraron hacia el ventanal maravillados por la agilidad y hermosura  del halcón le empezaron a hacer fotos y vídeos.
Mas el halcón con gran decisión extendió sus alas al viento y comenzó a volar a gran altura. Luego utilizó su tercer párpado para limpiar las lágrimas, mantener una buena visión y disfrutar del vuelo.



En su maravilloso viaje, conoció lugares interesantes e históricos. Hizo amistades con aves de diferentes especies y sobre todo… disfrutaba volando.
Autora: María Abreu

¿Es por tu inteligencia que se cubre de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el sur?  (Jeremías, 8:7)



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La ardilla envidiosa

En un lejano bosque, entre las ramas de un frondoso árbol se divertían dos ardillas haciendo acrobacia.

Cada una vivía en su madriguera, pero Anita deseaba la madriguera de Lolita porque tenía dos nidos: uno para cubrirse en el invierno y otro para refrescarse en el verano.

También envidiaba la habilidad que tenia Lolita para trabajar ya que siempre encontraba suficientes alimentos para almacenarlos para el invierno.

Su envidia llegó hasta tal punto, que se le olvidó que ella tenía las mismas habilidades para competir y destacarse como su amiga. 

Una mañana al levantarse descubrió que su estatura había disminuido de tal manera que se había quedado muy pequeñita. Preocupada, decidió visitar a una marmota y le comentó lo que le había pasado, ésta la escuchó atentamente y le respondió:

_ La envidia es un síntoma de pequeñez; pero el amor al prójimo y la humildad pueden hacer que vuelvas a crecer.

La ardilla Anita  no le dio importancia al consejo de la marmota y muy molesta se fue a su madriguera quedándose  pequeñita para siempre.
Autora: María Abreu

Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia. (Job 5:2)





EL PERRITO CALLEJERO

Una tarde de verano la señora Martha salió a pasear a su perrito Trino por el parque de la ciudad. El perrito Trino era un perro muy bien cuidado, su dueña siempre lo tenía limpio y perfumado.

Cuando estaban en el parque la señora Martha quitó la cadena de su querido perrito para que paseara con toda libertad, luego cuando vio que su perrito estaba sentado en las hierbas descansando de su pequeño paseo, se acercó y le tiró un filete. En ese momento llegó un perrito callejero con mucha hambre y olfateando el filete dijo:

- ¿Puedes compartir tu filete conmigo?  La verdad es que tengo hambre.

El perrito Trino le miró a los ojos y subestimándole le dijo:

- No comparto mi comida con perros callejeros como tú.

Luego el perrito Trino limpio y perfumado lo echó de su lado a ladridos.

El perrito callejero, sucio, cabizbajo, con hambre y con el rabo entre las piernas,  se apartó de aquel perrito limpio y perfumado tristemente.

Horas después comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos. El perrito callejero comenzó a correr buscando un lugar para protegerse del agua, y al ver un garaje, inmediatamente entró en él para refugiarse, pero de repente detrás de él escucha unos ladridos.

Cuando el perrito callejero miró para atrás, vio  casualmente  que quien le estaba echando a ladridos del garaje era el mismo perrito limpio y perfumado que no quiso compartir su filete con él, así que se marchó del garaje cabizbajo  y con el rabo entre las piernas intentando buscar otro refugio.

Dos días después la señora Martha  salió nuevamente a pasear a su perrito Trino  por el parque y le quitó  la cadena  para que paseara libremente.

El perrito Trino caminaba y corría muy feliz alejándose cada vez más del parque. Dobló esquinas, cruzó calles, saltaba por encima de las hierbas hasta que en un momento se detuvo muy asustado preguntándose:

- ¿En dónde estoy? Creo que me he alejado demasiado del parque y ahora estoy perdido… No sé cómo llegar a casa.

El perrito Trino con el rabo entre las piernas comenzó a caminar muy preocupado y aullando.

Minutos después el perrito callejero caminaba por la otra acera de la calle, y alcanzando  a ver al perrito Trino  se detuvo porque sintió el instinto de  que al perrito Trino le estaba pasando algo, así que cruzó la calle corriendo y se le acercó preguntándole:

- ¿Qué te pasa perro? ¿Por qué estas preocupado y con el rabo entre las piernas?

El perrito Trino le miró  y le dijo:

- Mi nombre es Trino, estoy preocupado porque salí de paseo, me he  despistado, y me alejado  demasiado del parque, ahora estoy perdido y sin orientación. Nunca había caminado por estas calles. Estoy muy preocupado no sé cómo llegar a casa.

El perrito callejero le puso una pata en el hombro y consolándole le dijo:

_ ¡Tranquilo perro! Yo me sé el nombre de todas estas calles, suelo caminar por todos estos lugares. ¡Yo te ayudaré a ir a casa! ¡Confía en mí!

- Pero es que no he sido amable contigo, ni te he ayudado cuando tú me has necesitado. No creo que me puedas hacer un bien, cuando yo no te lo he hecho a ti. - dijo el perrito Trino sorprendido.

  - ¿Sabes? en la vida debes aprender que ayudar a los demás nos hace ser más felices y mejores ciudadanos – dijo el  perrito callejero amablemente.

- ¡Gracias! ¡Agradezco este gesto tan bonito de tu parte!- dijo el perrito Trino muy preocupado.

Los dos perritos recorrieron y cruzaron  calles, doblaron esquinas  hasta que por fin llegaron a la casa del perrito limpio y perfumado.

- ¡Por fin has vuelto a casa mi lindo perrito! - dijo su dueña Martha felizmente mientras lo abrazaba y lo besaba.

El perrito callejero levantó una patita despidiéndose del perrito Trino y comenzó a caminar para marcharse a la calle nuevamente.

El perrito Trino comenzó a aullar muy triste porque su amigo se marchaba.

La señora Martha  miró al perrito callejero y luego al perrito Trino y le dijo:

-Ya entiendo… Quieres que adoptemos a ese lindo perrito callejero para que viva aquí con nosotros.

La  señora Martha adoptó al perrito callejero y ambos fueron muy felices. El perrito Trino aprendió a compartir, a ser amable con los demás y  a valorar  la amistad.
Autora: María Abreu

Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:35)





El príncipe haragán

En un lejano castillo vivía un príncipe que era muy haragán. Le gustaba dormir mucho, no trabajaba ni ayudaba a los demás y desperdiciaba el tiempo y la energía. Un día, el  rey, cansado de la conducta de su hijo llamó a un hada para que lo durmiera lejos del castillo.

Bajo el hechizo del hada el príncipe dormía en una casona abandonada en medio de un bosque hasta que una tarde comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos e incluso cayó un rayo cerca de unos árboles y el príncipe no se despertó.

Pero tantas gotitas de agua caían sobre el techo que hicieron un agujero y cayeron precipitadamente sobre la cara del  príncipe hasta que al final lo despertaron asustado.

_ ¡Vaya manera de despertar! _ dijo secándose la cara y luego comenzó a caminar dentro de la vieja casona sin comprender por qué estaba allí.

De pronto escucha a un gato maullando, feliz se acerca y lo mira, pero  se lamenta diciendo:

_ ¡Es un gato sin botas y abandonado! ¡No  podrá ayudarme a salir de aquí!

Cuando paró de llover dejó el gato abandonado y caminó por los alrededores del bosque intentando encontrar un camino para regresar al castillo pero no lo encontró. Regresó a la casona y desesperado buscó comida en la cocina y encontró unas semillas de plantas ecológicas en un tiesto viejo.También encontró una lata de salchichas y se las comió sin compartirla con el gato.

Con las semillas decidió hacer un huerto en el patio. Limpió, labró, regó el terreno y las sembró aprovechando las horas de la noche. Todos los días le echaba agua y lo cuidaba, iba aprendiendo a ser diligente y productivo; porque si no trabajaba, no comía.

Pero la convivencia con el gato no era buena. Un día  lo encontró defecando cerca del huerto, por tal motivo le riñó y le puso las reglas bien claras señalándole un lugar específico:

_ Desde hoy vas a defecar aquí, lejos del huerto y de la casona. Y tapa bien tus heces con la tierra.

Al gato no le gustó la idea porque eso implicaba pasar más frio, pero tuvo que acostumbrarse.

El hada, que lo observaba todo, al ver que el príncipe había aprendido la lección hizo que un caballo blando apareciera en la puerta de la casona y el príncipe muy feliz comprendió que ya era la hora de regresar al castillo con su padre y, apenado por el gato abandonado decidió llevárselo con él.

El rey lo esperó muy contento con los brazos abiertos  porque su hijo había aprendido la importancia del trabajo.

Autora: María Abreu

El que recoge en el verano es hombre entendido; más el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza”. ( Proverbios 10:5)





Los cerditos burlones



En la finca de una gran hacienda vivía un humilde burro. Cada día, con mucha paciencia, llevaba al señor Mario sobre su lomo y soportaba la carga sin lamentarse.

Una mañana, cansado y amarrado en el tronco de un árbol vio que tres cerditos se burlaban de él y le gritaban:

_ ¡Trabaja burro trabaja!

El burro con mansedumbre los miró y recordó que el señor Mario siempre les echaba mucha comida y por eso estaban gorditos y felices.

Luego en la tarde caminó soportando la carga de unas leñas porque en la noche habría una gran fiesta en el caserío de la hacienda.

Al terminar el recorrido, en su momento de descanso, escuchó nuevamente la burla de los tres cerditos:

_ ¡Trabaja burro trabaja! ¡Eres un menospreciado!

_ Fue a un burro a quien Jesús eligió para su entrada triunfal a Jerusalén. Así que no soy un menospreciado_ dijo el burro humildemente.

Pero los tres cerditos no le escuchan y seguían burlándose:

_ ¡Trabaja burro trabaja!

El burro triste y llorando por tantas burlas, se alejó de los tres cerditos y se tumbó a descansar bajo la sombra de un árbol.

Pasaron las horas y al llegar la noche comenzó la fiesta en la hacienda. El burro no vio a los tres cerditos en la finca y decidió acercarse a ver qué había pasado. Para su sorpresa, descubrió que la cena de la fiesta eran… los tres cerditos a la parrilla, entonces se fue a su casita pensando:

_ ¡No te burles de nadie sin saber cuál será tu futuro!

Autora: María Abreu

Salmos 119:51: Los soberbios se burlaron mucho de mí, más no me he apartado de tu ley.





EL PRÍNCIPE Y LA ROSA ROJA

Había una vez un joven  príncipe que era muy gruñón, gritaba e insultaba a las personas,  por tanto tenía pocos amigos.

Una noche, cuando estaba solo en su habitación, se le apareció un hombre sabio y le entregó unas semillas diciéndole:

_ En tus manos entrego estas semillas, tú eres el responsable de saber qué quieres sembrar en tu vida. 

El príncipe gruñón, muy sorprendido, abrió las manos, empuñó las semillas y minutos después, se quedó dormido.

Al día siguiente se le ocurrió la idea de aprovechar el comienzo de la primavera, se fue al jardín del palacio y  sembró las semillas.

Pasaron unos días  y en su jardín  comenzaron a crecer unas rosas feas y sin olor fragante.

El príncipe gruñón vio que las rosas de su jardín eran marchitas y pensó  que la culpa la tenía  el hombre sabio por no haberle entregado las buenas semillas. Así que siguió con su mala conducta y con su egocentrismo. 

Una tarde, caminaba por la calle de la ciudad y le llamaba la atención que la mayoría de las rosas que veía eran de lindos colores y de fragantes olores.

Entonces se marchó al castillo y entró en su habitación muy pensativo. Minutos después se le apareció nuevamente el hombre sabio diciéndole:

_ ¡Tu corazón es un jardín y es ahí donde debes decidir cuáles son las cosas que quieres sembrar!

El príncipe gruñón reflexionó toda la noche  con las palabras del hombre sabio. Así que al día siguiente comenzó a ser amable con los demás, a ayudar a las personas y a tratarlas con amor.

Una mañana  entró a su jardín y sorpresivamente descubrió  que todas las rosas estaban muy coloridas y destilaban un olor muy agradable.

Sonriendo de felicidad comenzó a caminar hacia ellas; pero vio algo extraño, una hermosa rosa roja temblaba de frío por las gotitas de aguas del rocío de la mañana, entones se acercó y la abrigó con sus manos.

En ese instante la rosa roja se convirtió en una hermosa mujer. El príncipe muy feliz  la abrazó, se enamoraron y después de un tiempo se casaron y fueron muy felices.
 
Al final el príncipe comprendió que es mejor sembrar cosas bonitas en el jardín del corazón.

Autora: María Abreu

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. (Proverbios 4:23)

Leer el cuento: La mariposa que besaba las rosas



El jardín encantado

Había una vez un príncipe que se sentía muy solo y cada tarde salía al jardín de su castillo a escribir poemas sin descubrir que un hada lo miraba todas las tardes escondida detrás de las flores.

El príncipe  no se detenía a contemplar la belleza de su jardín porque siempre estaba con la cabeza agachada escribiendo sus lamentaciones.

Un día, aburrido de hacer siempre lo mismo se le ocurrió la idea de cortar todas las plantas y las flores de su jardín para hacer  una  piscina más grande que la que tenía, así que escogió a cinco de sus siervos para que lo destruyeran.

El hada del jardín cuando vio que los siervos venían a destruir el jardín  se puso en contacto con todos los árboles y con todas las flores para que no se dejaran cortar.

En ese instante el jardín cobró vida y mágicamente los árboles empezaron a sacar sus brazos de ramas  y dándoles  azotes a los siervos  los tiraban al suelo. 
   
Las flores se unieron a la batalla y comenzaron a utilizar sus dulces fragancias y sus lindos colores para atraer a los insectos los cuales llegaron  por aire y tierra. Y picándoles por todo el cuerpo le produjeron hinchazón y comezón en la piel.

Los siervos salieron del jardín corriendo y muy asustados le contaron lo sucedido al príncipe Pablo.

El príncipe sorprendido les explicó que donde hay flores es natural que encuentren insectos y que las ramas de los árboles se mueven por el viento que sopla.

Pero para salir de dudas envió a otros siervos al jardín para que lo destruyeran.

Cuando los siervos llegaron al jardín todas las flores muy enojadas comenzaron a dispararles polen en diminutas células masculinas, en forma de huevos, desencadenando picor de ojos, lagrimeos, picor nasal y estornudos.

Los siervos se marcharon corriendo y le contaron lo sucedido al príncipe, pero el príncipe les explicó que es natural que el polen de las flores produzca alergia a algunas personas.

Después el príncipe llamó a sus consejeros biólogos para que fueran y miraran si veían algo extraño en su jardín, pero éstos cuando llegaron al jardín sólo observaron la hermosura de las flores y el verde de los árboles. Luego fueron donde el príncipe y le comunicaron que todo estaba en perfecta armonía.

Al día siguiente el príncipe fue al jardín como cada tarde a escribir poemas y al levantar la cabeza por un segundo vio una figura entre las flores parecida a la figura de una mujer  y comenzó a caminar hacia las flores para ver qué era lo que se escondía.

El hada asustada permanecía agachada detrás de las flores  hasta que llegó el príncipe y la descubrió.

El hada, con cuerpo escultural, larga y negra cabellera, ojos verdes, rostro fino, labios llenos, olor agradable y con hermosa sonrisa  se puso de pie y le dijo:

_ ¡Hola Príncipe Pablo! Quiero que sepas que no he dejado que destruyas el jardín porque las flores son la sonrisa del planeta y hay que hacer que el planeta continúe  sonriendo. 

El príncipe Pablo  sorprendido y feliz la miró a los ojos y le dijo:

_ ¡Gracias hermosa hada, te prometo que cuidaré de mi jardín y de toda la naturaleza!

Desde entonces el príncipe salía muy feliz cada tarde a contemplar la belleza del jardín y a hablar con el hada, hasta que la conquistó con sus poemas, se casaron y fueron muy felices.

Autora: María Abreu


Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. (Romanos 8:21)


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