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miércoles, 26 de febrero de 2014

El príncipe haragán

En un lejano castillo vivía un príncipe que era muy haragán. Le gustaba dormir mucho, no trabajaba ni ayudaba a los demás y desperdiciaba el tiempo y la energía. Un día, el  rey, cansado de la conducta de su hijo llamó a un hada para que lo durmiera lejos del castillo.

Bajo el hechizo del hada el príncipe dormía en una casona abandonada en medio de un bosque hasta que una tarde comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos e incluso cayó un rayo cerca de unos árboles y el príncipe no se despertó.

Pero tantas gotitas de agua caían sobre el techo que hicieron un agujero y cayeron precipitadamente sobre la cara del  príncipe hasta que al final lo despertaron asustado.

_ ¡Vaya manera de despertar! _ dijo secándose la cara y luego comenzó a caminar dentro de la vieja casona sin comprender por qué estaba allí.

De pronto escucha a un gato maullando, feliz se acerca y lo mira, pero  se lamenta diciendo:

_ ¡Es un gato sin botas y abandonado! ¡No  podrá ayudarme a salir de aquí!

Cuando paró de llover dejó el gato abandonado y caminó por los alrededores del bosque intentando encontrar un camino para regresar al castillo pero no lo encontró. Regresó a la casona y desesperado buscó comida en la cocina y encontró unas semillas de plantas ecológicas en un tiesto viejo.También encontró una lata de salchichas y se las comió sin compartirla con el gato.

Con las semillas decidió hacer un huerto en el patio. Limpió, labró, regó el terreno y las sembró aprovechando las horas de la noche. Todos los días le echaba agua y lo cuidaba, iba aprendiendo a ser diligente y productivo; porque si no trabajaba, no comía.

Pero la convivencia con el gato no era buena. Un día  lo encontró defecando cerca del huerto, por tal motivo le riñó y le puso las reglas bien claras señalándole un lugar específico:

_ Desde hoy vas a defecar aquí, lejos del huerto y de la casona. Y tapa bien tus heces con la tierra.

Al gato no le gustó la idea porque eso implicaba pasar más frio, pero tuvo que acostumbrarse.

El hada, que lo observaba todo, al ver que el príncipe había aprendido la lección hizo que un caballo blando apareciera en la puerta de la casona y el príncipe muy feliz comprendió que ya era la hora de regresar al castillo con su padre y, apenado por el gato abandonado decidió llevárselo con él.

El rey lo esperó muy contento con los brazos abiertos  porque su hijo había aprendido la importancia del trabajo.

Autora: María Abreu

El que recoge en el verano es hombre entendido; más el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza”. ( Proverbios 10:5)





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