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lunes, 7 de septiembre de 2015

El náufrago y la codicia

Había una vez un hombre que había naufragado en una isla en medio del mar. Hacía mucho calor y como tenía sed se puso de rodillas y juntando sus manos comenzó a orar:

_Señor, estoy en una isla en medio del mar. Tengo mucha sed. Dame un coco de agua, por favor, Señor, un coco de agua_ Dios le dio el coco de agua.

_ Señor tengo frío, dame fuego. Por favor, Señor, dame fuego_ Dios le suplió el fuego.

Náufrago

_ Señor tengo hambre. Dame peces Señor, por favor, dame peces_ Dios le proporcionó los peces.

Cuando el náufrago vio que tenía todo lo necesario para vivir comenzó a desear más cosas:

_ Señor quiero un maletín de joyas, dos coches, gafas de sol, un portátil…

Con tanto peso la isla empezó a hundirse y el náufrago puesto de rodillas comenzó a gritar:

_ ¡Señor, sálvame, sálvame por favor qué me hundo!

Autora: María Abreu


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Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque El mismo ha dicho: NUNCA TE DEJARE NI TE DESAMPARARE. (Hebreos 13: 5)
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