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lunes, 17 de octubre de 2016

PINOCHO EN EL EDÉN, primera parte


Pinocho, primera parte


En el centro de un lejano bosque había un bello jardín donde vivía un joven príncipe. Cerca de allí, vivía también una malvada bruja que se divertía realizando hechizos a los habitantes del bosque.

Un buen día la malvada bruja se fijó en el joven príncipe y lanzándole unos polvos mágicos lo durmió tendido en la tierra durante varios días. 


Cuando el viento sopló el príncipe se levantó del polvo pensando que era Adán. Confundido comenzó a caminar por el jardín creyendo que era el jardín del edén. En su caminar, a lo lejos descubrió un manzano y subido en la rama de este vio a un hombrecillo al cual la malvada bruja manipulaba.

_ ¡Hola joven príncipe!

_ ¿Quién eres? _ preguntó el  príncipe


_ Soy Pinocho, tu amigo y compañero de este jardín.

_ ¿Y por qué tienes la nariz tan larga? _ preguntó el joven príncipe.

_ ¡Ah! No es nada, es de tanto estornudar por la alergia del polen. ¡Ya sabes… Aquí hay muchas flores!

_ Bueno ya se te pasará. ¿Por cierto, has visto por aquí al hombre sabio? _ preguntó el joven príncipe.

_ El hombre sabio no está por aquí, pero tenemos permiso para comer de todas las frutas de este jardín _ dijo Pinocho.

_ ¡Ah muy bien! Pero según la historia hay una fruta de la que no podemos comer _ reflexionó el joven príncipe  mirando fijamente las manzanas.

_ Las historias, historias son. ¡Mira qué ricas se ven estas manzanas! Puedes comer las que quieras. Si comes por lo menos una, serás un hombre súper sabio _ explicó Pinocho.


_ ¡Pues yo quiero ser súper sabio!_ expresó el joven príncipe cogiendo una manzana en sus manos y cuando la mordió ésta se revolvió con un fuerte grito.

El príncipe muy asustado la dejó caer en el suelo y en ese instante la manzana se convirtió en una hermosa mujer llamada Blancanieves.

_ ¡Vaya susto que me has dado mujer! _ suspiró el príncipe.

_ Mi nombre es Blancanieves.

 _ Yo soy A… Espera… Que yo recuerde…, tú serás la mujer que me seducirá a comer la manzana… Y si la como, el hombre sabio nos echará de este jardín y me pondrá a trabajar la tierra _ indicó el príncipe atemorizado.

_ ¿De qué hablas?_ preguntó Blancanieves confundida.

_ Simplemente te quiero dejar claro, que no se cumplirá la historia: No seré expulsado de este jardín por tu culpa, ni tendremos dos hijos. Y si el hombre sabio me expulsa, que sepas que no te construiré una casa _ sentenció el príncipe.

_ Pues yo también te quiero dejar claro que estamos en igualdad de condiciones.  ¡Puedo construir mi propia casa !_ decretó Blancanieves  entre gritos.

_ ¿ Ah si ? ¡Echemos un pulso a ver si es verdad que estamos en igualdad de condiciones!_  bromeó el príncipe entre risas.

 _ ¡Pero joven príncipe no discutas tanto, ya has comido la manzana! _ dijo Pinocho.

_ ¡Eso no es cierto. Sólo le pegué un mordisquito! _ explicó el  príncipe sin quitar la vista del manzano.

Minutos después los tres se marcharon del manzano y cada uno decidió construir su propia casa. El príncipe y Pinocho la construyeron totalmente de madera laminada mientras que Blancanieves la construyó con palos de madera cubriéndola con  ramas de los árboles.

Una noche, mientras todos dormían, llegó un lobo y comenzó a soplar sobre la casa de Blancanieves. El lobo sopló y sopló y la casa derribó. Blancanieves corrió y salió por la puerta de atrás y cuando el lobo intentó comérsela, ella lo enfrentó con una antorcha encendida y el lobo asustado  se fue corriendo.


Pinocho y el príncipe observaban por la ventana de su casa y entre risas gritaron:

_ ¡Buen trabajo Blancanieves!

Ésta los ignoró e hizo una pequeña fogata y se durmió en el tronco de un árbol.

A la mañana siguiente el príncipe y Pinocho decidieron hervir un té de plantas medicinales, pero ambos se distrajeron contando sus propias historias y la casa se incendió. En ese instante llegó el lobo y cuando se acercó, comenzó a quemarse con los restos de la casa en llamas, así que salió corriendo y se tiró en el río del jardín diciendo:

_ ¡Ni siquiera me dio tiempo de soplar sobre la segunda casa!

Pero en ese momento sintió que algo nadaba cerca de él y mirando a su lado dijo:
 
_ ¡Uy, qué pato más feo!

_ ¡No soy un pato, sé muy bien quién soy!

_ ¿Y quién eres?_ preguntó el lobo un poco escéptico.

_ ¡Soy un hermoso cisne!

_ ¡Vaya historia! _ dijo el lobo aburrido mientras salía del agua para acostarse en el suelo y secarse al sol.

Pinocho y el príncipe salieron corriendo del fuego y se lamentaban  porque al igual que Blancanieves se habían quedado sin casa.

Más tarde, los tres caminaron por el jardín con mucha hambre y Pinocho los guió nuevamente  al  manzano.

Mientras que en el bosque, lejos del jardín, la malvada bruja veía todo desde su espejo mágico y llamó por el teléfono móvil a Pinocho diciéndole que convenciera a Blancanieves para que se comiera la manzana envenenada. Pinocho manipulado por ésta, colgó la llamada, se acercó a Blancanieves y le preguntó:

_ ¿Tienes hambre?

_ ¡Sí, tengo hambre y me apetecería comer mucha carne!_ dijo Blancanieves mirando a su alrededor.

_ ¡Pero la carne engorda! Es mejor que seas vegetariana y comas esta manzana para que mantengas ese tipazo _ comentó Pinocho con voz seductora.

_ Pero no puedo comerla, porque cada manzana es un mundo. La vida y la muerte pueden estar en poder de la manzana.

_ ¡Ah, no hagas caso, son historias! _ dijo Pinocho mientras le crecía la nariz.

Blancanieves con la ilusión de mantener su figura y seducida por la voz de Pinocho se acercó y comió la manzana y en ese mismo instante murió… Leer la segunda parte: Pinocho en el edén, segunda parte



Autora: María Abreu



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