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miércoles, 18 de enero de 2017

El patito negro

En un bonito estanque vivía un patito negro de piquito redondo y ojos rojos. Todos los patos amarillos del estanque se burlaban de él y le apodaron: “El patito feo” sólo por ser negro.

Días tras días el patito negro sufría el rechazo y la burla de los demás. Cuando intentaba volar los patos amarillos le saltaban encima para que no volara y cuando nadaba le pegaban en la cabeza.

Hasta que un día harto de recibir tanta discriminación racial, el patito negro les explicó:

_ ¡Sea blanco, negro o amarillo a mí me respetan!

Seguidamente se puso a chapotear sobre el agua, se zambullía y comía plantas acuáticas y volaba en forma de V ante la atenta mirada de los patitos amarillos.

_ ¿Me están mirando?  ¡Soy un pato igual que ustedes aunque mis plumas sean negras!

A partir de ese momento los patitos amarillos reflexionaron que ser físicamente diferente no es motivo de rechazo y se hicieron amiguitos del patito negro.

Autora: María Abreu


Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Ciertamente {ahora} entiendo que Dios no hace acepción de personas. (Hechos 10: 34)



jueves, 12 de enero de 2017

EL BUEN PASTOR

Un pastor camina por la colina con su manada de ovejas. Una ovejita distingue en lo alto de la colina un fantástico pasto verde y le dice a su pastor:

_ ¡Quiero ir hacia ese pasto verde que está en la colina!

El buen pastor escucha a la ovejita pero continúa  por el mismo camino, por lo que la ovejita se desespera y vuelve a sugerir:

_ ¡Este camino por el que me estás guiando es muy largo, llévame por ese valle que es más corto para llegar a los pastos verdes!

Mas el pastor permanece en silencio y sigue en la misma dirección.

Desesperada pensando que su pastor no la escucha, la ovejita se aparta y decide escoger el camino por el valle.

Ella no sospecha que el buen pastor no la lleva por ese paso debido a que existe una gran corriente de agua descendiendo por la colina que puede arrastrarla y ahogarla.


PD: La demora de Dios a nuestras oraciones muchas veces es un acto de protección. Él siempre nos guiará por el camino que es mejor para nosotros. No te desesperes, espera en Él.

 Autora: María Abreu
Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. ( Juan 10:11)





EL ÁGUILA Y EL CONEJO

Un conejo blanco llamado Nico vivía en una casita en medio del bosque. La casita estaba bien amueblada y tenía libros de cuentos cortos que leía a sus tres conejitos antes de ir a dormir. Era un hogar cálido y familiar.

Una mañana el conejo Nico salió con sus tres conejitos a los prados del bosque para enseñarles a jugar al fútbol.

Los conejitos corrían detrás de la pelota y daban saltitos de alegría cada vez que hacían un gol.

_ ¡Viene el águila! ¡Viene el águila!_ gritó un conejito que estaba subido en lo alto de una roca observando el entorno.

Cuando el conejo Nico vio al águila persiguiendo a sus conejitos comenzó a correr detrás de ella rogando y suplicando para que no los devorara.

Sin embargo el águila estallaba de risa y sin clemencia alguna se come a uno de los tres conejitos. Alzando el vuelo se va satisfecha haciendo gala de su poderío dejando al pobre conejo Nico dolido y humillado.

Con los ojos llorosos el conejo Nico se queda mirando el vuelo del águila deseando justicia. A partir de ese día vigilaba el vuelo del águila para aprovechar cualquier ocasión para vengarse.

En su guardia una tarde el conejo Nico notó que el águila no estaba anidando a sus huevos. Por lo que aprovechó la ocasión para subir a lo alto del árbol y encontrando los huevos del águila solos los cogió con atrevimiento.

Con los dos huevos metidos en una mochilita bajó del árbol y entrando en su madriguera hizo una rica tortilla francesa de cena.

Cuando el águila llegó al nido y descubrió que sus dos huevos no estaban, lloró amargamente porque tenía la ilusión de ver a sus polluelos jugar y volar libremente. Esto le hizo recordar a los conejitos que jugaban felices por el prado y se sintió muy arrepentida.


PD: Con este alto precio el águila aprendió a no empequeñecer a los demás porque cuando alguien desea justicia, hasta el más débil saca fuerza y valentía.

Autora: María Abreu


 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. (Isaías 40:29-31)



lunes, 9 de enero de 2017

El príncipe y la sirena, capítulo I


Una cálida tarde de verano, el príncipe Marcos decidió cruzar los mares para llegar a un lejano bosque en busca de su hermano el príncipe Gustavo. Éste dormía bajo un hechizo dentro de un castillo suspendido en el aire en un solitario bosque.


El príncipe Marcos navegó durante varias horas acompañado de dos soldados hasta que de repente unos piratas asaltaron el barco. Ataron a los dos soldados y lanzaron al príncipe Marcos al mar. Éste nadó hasta el cansancio intentando mantenerse en la superficie para no ahogarse; pero las olas se levantaban cada vez más altas y el viento soplaba fuerte.

En ese momento tres sirenas jugaban entre las olas montadas a lomos de caballitos de mar. La sirena Rina vio al príncipe ahogándose y gritó:

_ ¡Se está ahogando una persona!

Rápidamente nadaron hacia el lugar y soplaron sobre el príncipe una gigante burbuja transparente. Inmediatamente Rina comenzó a tocar la lira, Sahira la flauta y Jarisna cantaba para que de esta forma el príncipe Marcos cayera dormido bajo el embrujo de su dulce canto.

Este dulce canto escucha
Como un tierno niño en su cuna
Duerme bajo la dulce  melodía
Que mañana brillará un nuevo día

Duerme que el azul del mar
Te hará soñar y descansar
Duerme que ya tienes en tus manos
El descanso tan anhelado

No es verdad que estás en peligro
Son cuentos tristes que te han leído
Duerme que alguien cuida  tus sueños
No creas que Dios está  tan lejos

Después de haberlo dormido dentro de la burbuja que se mantenía flotando sobre el agua Sahira preguntó:

 _ ¿Qué haremos con este humano?

 _ ¡No sabemos!_ respondió la sirena Jarisna.

_ ¿Pero cómo habrá llegado hasta aquí?  ¡Casi muere ahogado!_  comentó la sirena Rina.

_ ¡Veo un anillo en su dedo… creo que pertenece a la realeza!_ señaló la sirena Jarisna.

_ ¿Qué dices?  ¿Será un príncipe?_ preguntó la sirena Rina.

 _ ¡Es un príncipe! No sabemos qué habrá pasado, tendremos que investigar _ expresó la sirena Sahira.

_ ¡Este príncipe es hermoso!_ susurró la sirena Jarisna.

_ Llamemos a nuestro dios  marino Forcis, él nos dirá lo que debemos hacer _ propuso la sirena Sahira.

Las tres sirenas produjeron una corriente debajo del agua para comunicarse con su padre el dios marino Forcis. Éste se les apareció en forma de una burbuja azul y les explicó quién era el príncipe y por qué estaba en el mar.

Después de la investigación las sirenas se reunieron y decidieron llevar al príncipe a la orilla del mar cerca del bosque.

Cuando el príncipe despertó, sólo recordó que unos piratas asaltaron su barco, pero no supo quién lo llevó al bosque. La explicación más lógica que se dio a si mismo fue  que había sido arrastrado por las olas del mar.

Decidió caminar hacia el bosque y abriéndose camino entre las ramas de los árboles escuchó de repente el grito de una joven  pidiendo auxilio. Un león la quería atacar.

Un poco asustado y desorientado, el príncipe Marcos desenvainó su espada y corrió hacia el lugar de donde provenían los gritos y ahuyentó al león. Luego preguntó a la joven:

_ ¿Qué haces por aquí sola?

_ Suelo caminar cada tarde por este lugar. Lo conozco muy bien _ explicó la joven.

El príncipe le contó el motivo por el que estaba en el bosque y la joven decidió ayudarlo a buscar a su hermano el príncipe Gustavo.

Ambos caminaron por el bosque durante varias horas hasta que al fin pudieron ver a lo lejos una brillante luz. Corrieron hacia el lugar y descubrieron un castillo suspendido en el aire.

Este no paraba de girar, lo que les producía mareos. Segundos después un murciélago negro gigante apareció frente a ellos preguntando:

 _ ¿Qué miran par de tontos? Soy la bruja Marileyda y fui  yo quien convirtió a tu hermano en piedra porque no se quiso casar con mi hija.

_ ¡Bruja malvada, yo sacaré a mi hermano de ahí!_ gritó el príncipe Marcos.

_ ¿Dime cómo lo harás?_ preguntó la bruja entre risas.

_ ¡Yo puedo ayudarte príncipe Marcos!_ interrumpió la joven Jarisna.

_ ¿Cómo lo harás? ¡El castillo está muy alto! _ susurró el  príncipe Marcos.

_ ¡Llamaré a un unicornio y subiré allí!  ¡Encárgate tú de la bruja mientras yo libero a tu hermano!_ suspiró la joven Jarisna.

_ ¡Gracias, así lo haré!_ dijo el príncipe Marcos.

Inmediatamente la joven Jarisna silbó y llamó a un unicornio. Cuando subió a lo alto del castillo intentó entrar, pero no pudo abrir la puerta. La malvada bruja aprovechó el momento y envió varios murciélagos que lanzaron fuego provocando que el unicornio descendiera muy asustado.

Al descender la joven Jarisna subió al príncipe Marcos a lomos del unicornio y escaparon del lugar rumbo a un mágico río de aguas transparentes. Una vez allí, sentados en la orilla del río, la joven Jarisna le comentó:

_ ¡Creo que sé quién puede ayudarlos a romper el hechizo!

_ ¿Quién puede ayudarnos?_ preguntó el príncipe  Marcos.

_ El hada de las rosas, ella es quien mejor conoce a la malvada bruja _ respondió la joven Jarisna.

_ ¿Y dónde podemos encontrarla?_ preguntó el príncipe Marcos muy esperanzado.

_En el jardín de las rosas _ respondió la joven Jarisna.

En ese momento se fueron en busca del hada de las rosas. Cuando llegaron al jardín se quedaron atónitos por la belleza, olor y colorido de éste.

 _ ¡He aquí el jardín de las rosas! ¡Es hermoso!_ dijo la joven Jarisna.

_ ¡No veo al hada! _ susurró el príncipe Marcos.

_ ¡Debe estar por aquí! _ señaló la joven Jarisna.

A pasos lentos caminaron con mucha curiosidad entre las flores del mágico jardín. De pronto  una enorme flor carnívora intentó tragarse a la joven Jarisna.

_ ¡Auxilio! _ gritó.

_ ¡Aquí estoy, tranquila!_ dijo el príncipe Marcos agarrando su espada y cortando la flor carnívora.

_ ¡Gracias!_ exclamó la joven Jarisna en medio de un suspiro.

_ ¡De nada Jarisna! ¡Este lugar es muy colorido! ¿Cómo encontraremos al hada de las rosas? _ preguntó el príncipe Marcos muy preocupado.

_ Podemos preguntarle a esas señoritas mariposas de lindos colores _ señaló la joven Jarisna.

_ ¡Muy bien, preguntemos!_ comentó el príncipe Marcos.

 _ ¡Hola señoritas mariposas! Estamos buscando al hada de las rosas. ¿Nos pueden decir dónde podemos encontrarla? _ preguntó la joven Jarisna.

_ ¿Me buscan a mí?_ curioseó el hada de las rosas de ojos verdes, abundante cabellera de color rosa, delgada y con olor agradable.

_ Sí, señorita hada de las rosas le buscamos a usted _ dijo el príncipe Marcos.

_ ¿En qué puedo ayudarles? _ preguntó el hada de las rosas.

_ Soy el príncipe Marcos y mi hermano el príncipe Gustavo está atrapado dentro de un castillo suspendido en el aire convertido en una estatua de piedra. Una bruja malvada lanzó un hechizo sobre él porque mi hermano no quiso casarse con su hija y no encuentro la forma de romper ese hechizo. ¿Puede usted ayudarme por favor? _ preguntó el príncipe Marcos muy angustiado.

_ Bueno… ese hechizo es de la bruja Marileyda y es muy difícil romperlo, pero creo que hay una manera de hacerlo _ comentó el hada de las rosas muy pensativa.

_ ¿Cuál es la forma? _ indaga el príncipe Marcos esperanzado.

_ Deben reunir seis piedras preciosas de color azul. Dos de ellas se encuentran en el fondo del océano, dos en la cima de la montaña llamada Mahú, y dos en el centro del bosque. Cuando reúnan esas seis piedras deben formar un círculo con ellas en la tierra justamente debajo del castillo donde está tu hermano convertido en piedra y luego debes decir estas palabras  mágicas:

Piedras del mar
Tu azul haz brillar
Piedras de montaña
Que no se pierda la llama
Piedras de tierra
Que este hechizo se pierda
En la lengua de la bruja Marileyda.

El hada de las rosas continuó explicando:

_ Cuando vean que todas las piedras formen un color azul intenso es que el hechizo se estará rompiendo y que la bruja no podrá volver a practicarlo jamás. Pero deben tener cuidado, encontrar esas piedras es muy peligroso.

_ ¡Gracias hada de las rosas!_ dijeron  mientras se montaban en el unicornio.

_ ¿Qué piedras buscaremos primero?_ preguntó el príncipe Marcos.

_ Yo pienso que es mejor buscar las que están en las profundidades del mar _ expresó la joven  Jarisna.

_ ¿Pero cómo lo haremos? No tenemos bombonas de oxígeno para sumergirnos en el agua _ aseveró el príncipe Marcos.

_ ¡Yo sé cómo hacerlo! Espérame sentado en la orilla del mar mientras yo busco las piedras _ ordenó la joven Jarisna.

_ ¡Te esperaré, pero por favor, vuelve, te necesito! _dijo el príncipe Marcos esperanzado.

La joven Jarisna subida en el unicornio voló por los cielos hasta desaparecer de la vista del príncipe Marcos. Una vez lejos de él se lanzó al mar convirtiéndose en una hermosa sirena de hermosos ojos azules, de larga y rubia cabellera.

 _ ¡Por fin regresas hermana! _ exclamó la sirena Sahira.

_ ¿Pudiste ayudar al príncipe a encontrar a su hermano? _ preguntó la sirena Rina.

_ Aún no he podido, hay que encontrar seis piedras azules _ explicó la sirena Jarisna.

_ ¿Pero dónde están esas piedras? _ preguntó la sirena Rina.

_ Dos de ellas están aquí en el fondo del mar, ustedes me ayudarán a encontrarla _ dijo la sirena  Jarisna.

Las tres sirenas: Rina, Sahira y Jarisna nadaron y nadaron por diferentes lugares en las profundas aguas  del mar, pero no encontraban las piedras.

_ ¡Tengo una idea! _ dijo la sirena Rina.

_ ¿Cuál es tu idea? _ preguntó la sirena Jarisna.

_ Entonemos uno de nuestros cantos. De esta manera se activará la imaginación y así podremos saber dónde se encuentran esas dos piedras azules _ explicó la sirena Sahira.

_ ¡Tienes razón, hagámoslo! _ afirmó la sirena Jarisna.

Rina tocaba la lira, Sahira tocaba la flauta  y Jarisna declamaba un poema.

Relájate y  deja volar tu mente
Frente a tu imaginación detente
Imagina mundos, situaciones diferentes
Salta por encima de tus horizontes
La imaginación es la fuente de los sueños
Y de ellos nosotros somos dueños



Autora: María Abreu

Leer el capítulo II: El príncipe y la sirena



El príncipe y la sirena, capítulo II


_ ¡Ya sabemos dónde están las dos piedras azules! Se encuentran en el lugar de los demonios de las profundidades. Se le llama así a ese lugar, porque allí se encuentran unos calamares gigantes. Son criaturas voraces y carnívoras que se desplazan a gran velocidad expulsando agua. Los seres humanos les tienen más miedo que a los tiburones porque con sus fuertes tentáculos han destrozado barcos _ explicó la sirena Jarisna.


Dicho esto, las tres sirenas nadaron hacia el lugar de los demonios de las profundidades. Cuando se estaban acercando al lugar se les presentaron unos peces león con melena de espinas venenosas capaces de provocar una picadura sumamente dolorosa.

_ ¿Qué buscan las sirenas por nuestro territorio?  Por  aquí no se puede pasar sin nuestro permiso. ¡Ataquémoslas! _ ordenó el pez león jefe lanzando sus espinas venenosas contra ellas.

_ ¡Creo que no podremos con esta bancada de peces león! _ gritó la sirena Rina mientras nadaba intentando escapar.

_ Cantemos nuestra canción para que duerman bajo nuestro embrujo _ exclamó la sirena Jarisna.

_ ¡Hagámoslo ahora! _ vociferó la sirena Sahira.

Este dulce canto escucha
Como un tierno niño en su cuna
Duerme bajo la dulce  melodía
Que mañana brillará un nuevo día

Duerme que el azul del mar
Te hará dormir y descansar
Duerme que ya tienes en tus manos
El descanso tan anhelado

No es verdad que estás en peligro
Son cuentos tristes que te han leído
Duerme que alguien cuida  tus sueños
No creas que Dios está  tan lejos

En ese mismo instante los peces león quedaron profundamente dormidos y las sirenas continuaron nadando hacia las profundidades donde vivían los calamares gigantes.

Cuando llegaron a las profundidades del mar, por debajo del alcance de los rayos del sol, la oscuridad reinaba en el lugar. Era muy difícil ver los arrecifes donde estaban las piedras escondidas.

Todo era silencioso, frío y oscuro, por lo que las sirenas tomaron la decisión de llamar a una medusa peine. Esta alumbraba en la oscuridad con sus luces azul y verde produciendo una especie de arco iris.

_ ¡Cuidado! _ gritó la sirena Rina al ver que unos calamares gigantes se estaban acercando dispuestos a atacar.

Seguidamente las sirenas entonaron un dulce canto y los dejaron dormidos. Después de esto, comenzaron a buscar las dos piedras azules hasta que por fin las encontraron debajo de un arrecife de coral.

Con las dos piedras azules en sus manos las sirenas se marcharon a la cueva de las sirenas montadas a lomo de los caballitos del mar.

Luego la sirena Jarisna nadó hacia la superficie y llamó al unicornio que  la llevó a la orilla del mar convertida en una hermosa joven. Una vez en la arena caminó hacia donde había dejado al príncipe Marcos y le entregó las dos piedras azules.

_ ¡Gracias Jarisna, lo conseguiste!  _ dijo el príncipe Marcos mientras suspiraba.

_ Ahora nos toca buscar las piedras que están en la cima de la montaña Mahú; pero iremos en la mañana _ meditó la joven Jarisna.

Al día siguiente se levantaron muy temprano. Caminando rumbo a la montaña disfrutaban del cantar de las aves, del silbido del viento, del murmullo de las hojas de los árboles y diferentes sonidos de los animales. Iban buscando las piedras debajo de las rocas y en los troncos de los árboles.

_ Aquí sólo hay árboles, plantas, animales, aves, reptiles… pero las dos piedras azules no las encontramos _ expresó  el príncipe Marcos enojado.

_ ¡Creo que hay algo en ese árbol!_ señaló la joven Jarisna.

_ ¡Parece un nido, subiré a ver!  Espérame aquí abajo _ dijo  el príncipe Marcos.

Cuando subió al árbol descubrió un nido con tres gigantescos huevos. Y entre los huevos encontró las dos piedras azules. Muy entusiasmado comenzó a bajar del árbol pero en ese instante se acercó una gigantesca ave de ojos rojos, con cuatro alas, cuernos, garras y pico muy afilados. Y comenzó a atacar al príncipe.

La joven Jarisna observaba el panorama desde abajo y gritaba:

_ Príncipe, intenta esquivar al ave protegiéndote con las ramas del árbol. Ella piensa que le estás cogiendo sus  huevos, quizás por eso te ataca.

_ ¡Creo que no lo voy a lograr! Te lanzaré las piedras e intenta tú rescatar a mi hermano. Dile que lo quiero mucho y a mi padre también _ gritó el príncipe Marcos moviéndose entre las ramas.

Al escuchar esto, la joven Jarisna produjo un silbido y llamó al unicornio. Inmediatamente  subió en su lomo volando a la altura del árbol y rescatando al príncipe.

_ ¡Menos mal que has llegado a tiempo! ¡Nunca he visto una cosa como esa! _ manifestó el príncipe Marcos.

_ ¡Aún no estamos a salvo, ese monstruo nos está persiguiendo! _ reveló la joven Jarisna.

Ambos idearon un plan con el unicornio, dejaron que el ave se acercara y girando a la derecha la hirieron en una de sus cuatro alas hasta que cayó al suelo.

_ ¡Uf, qué susto! Menos mal que ya estamos en tierra otra vez _ suspiró el príncipe Marcos.

_ Ahora vayamos al centro del bosque en busca de las dos últimas piedras _ dijo la joven  Jarisna.
Creo que necesitamos un poco de energía. Comamos un poco de frutas para seguir nuestro camino _ expresó el príncipe Marcos.

Mientras comían el príncipe con gran curiosidad  preguntó:

 _ ¿De dónde vienes  y dónde vives Jarisna?

_No importa de dónde vengo ni quién soy, sólo quiero ayudarte a encontrar a tu hermano _ confesó la joven.

_Es que tienes una belleza única, el azul de tus ojos es el mismo azul del mar_ explicó el príncipe Marcos.

_ ¡Gracias príncipe!_ dijo la joven Jarisna tímidamente.

_Mi padre debe estar preocupado por mi hermano  y por mí; pero no regresaré a casa sin él. También estoy preocupado por mis dos fieles soldados. Se los llevaron los piratas y parece que a mí me lanzaron al mar… no sé... Sólo espero que estén bien _ explicó el príncipe Marcos melancólicamente.

_ ¡Tranquilo príncipe,  ellos regresarán, ya lo verás! Continuemos en la búsqueda de las dos piedras que nos faltan _ decidió la joven Jarisna mientras miraba los ojos marrones de aquel hermoso príncipe.

Mientras caminaban un conejito blanco y simpático se les acercó preguntado:

_ ¿En qué puedo ayudarles humanos?

_ Estamos buscando dos pequeñas piedras azules de forma ovalada. ¿Sabes dónde la podemos encontrar? _ preguntó la joven Jarisna.

_ ¡Claro que sé! Yo vi cuando la bruja Marileyda las enterró en la entrada de una cueva aquí cerquita. Acompáñenme que les mostraré dónde están enterradas _ dijo el conejito blanco.

Cuando iban caminando por el silencioso bosque un espantoso ruido rompió el silencio violentamente.

_ ¿De dónde viene ese horrible sonido? _ preguntó el príncipe Marcos.

_ ¡Creo que viene de la cueva! _ respondió la joven Jarisna.

Una enorme serpiente transparente, con los ojos por dentro de la piel salía de la cueva.

_ ¿Qué clase de serpiente es esa? ¡Es horrible!¬_ clamó  el príncipe Marcos.

 _ ¡Debe ser obra de la bruja! ¡La serpiente se acerca! _ gritó la joven Jarisna aterrorizada.

Rápidamente el príncipe desenvainó  su espada y comenzó a luchar con la serpiente.

_ Príncipe, la serpiente tiene los ojos dentro de la piel,  no puede ver con la luz del sol _ explicó la joven Jarisna entre gritos:

_ ¡Es cierto!_ clamó el príncipe Marcos.

Y manejando rápidamente su espada  le cortó la cabeza.

Cuando se repusieron del susto, continuaron cavando en la tierra hasta que por fin encontró las dos últimas piedras que faltaban.

_ ¡Ya la tenemos, salgamos de este lugar y vayamos a por mi hermano!_ dijo el príncipe Marcos felizmente.

Ambos dieron las gracias al conejito y se marcharon corriendo  por todo el bosque hasta llegar al castillo brillante suspendido en aire.

_ ¡Veo que han vuelto! Ya les he dicho que no podrán contra mi hechizo. ¡Lárguense de aquí! _ chilló la bruja Marileyda.

_ ¡He venido a por mi hermano y no me iré sin él! _ dijo el príncipe Marcos.

_Ya te he dicho que tu hermano quedará bajo mi embrujo para siempre, por no querer casarse con mi adorada hija _ gruñó la bruja Marileyda.

El príncipe Marcos se  acercó al oído de  la joven  Jarisna y le dijo en secreto:

_ Yo distraigo a la bruja y tú te colocas debajo el castillo formando el círculo con las seis piedras azules.

_ ¡Así lo haré! _ susurró la joven Jarisna. Y rápidamente se posicionó debajo del castillo suspendido en el aire mientras que el príncipe distraía a la bruja conversando con ella:

_ ¿Dónde está tu hija, bruja malvada? _ preguntó el príncipe Marcos.

 _ Está en su  cueva,  esa es su morada. ¡Lárgate de aquí, tu presencia no me gusta! _ dijo la bruja mientras volaba  alrededor del castillo en forma de murciélago negro. 

_ Te dije que no me iría sin mi hermano _ determinó el príncipe Marcos.

En ese momento la joven Jarisna ya había formado el círculo con las seis piedras azules  debajo del castillo  y  gritó:

_ Príncipe Marcos hay que decir las palabras mágicas:

Piedras de mar
Tu azul haz brillar
Piedras de montaña
Que no se pierda la llama
Piedras de tierra
Que este hechizo se pierda  
En la lengua de la bruja Marileyda.

Seguidamente el castillo cayó del aire, las puertas se abrieron y  por una de ellas salió el príncipe Gustavo, alto, fuerte,  pelo y ojos negros.

_ ¡Hermano… hermano mío estás vivo! _ gritó el príncipe Marcos con lágrimas en los ojos de felicidad. 

_ ¡Si hermano aquí estoy, vivo! Esa malvada bruja me lanzó un hechizo porque no me quise casar con su horrenda hija _ explicó el príncipe Gustavo.

_ ¡Me la pagarán, estúpidos príncipes! _ gritó la bruja  lanzando  fuego por su boca. Y con un extraño sonido  invocó a todos sus murciélagos rodeando a los príncipes y a la joven Jarisna.

En ese instante apareció el hada de las rosas acompañada de un sinfín de aromáticas flores diciendo:

_ ¡Ya está bien bruja malvada, deja ir a los príncipes en paz!

_ ¡Eso nunca!_ gritó la bruja Marileyda muy enojada.

El hada de las rosas ordenó a todas sus flores que lanzaran polen de rosas a la bruja y a sus murciélagos.

El polen salía de las flores en diminutas células en forma de huevo, provocando a la bruja y sus murciélagos picor de nariz y ojos, lagrimeos, estornudos, arenillas en los ojos, cansancio, depresión, fiebre y tos.

Con todos estos síntomas la bruja volvió a su estado natural. Era una vieja fea, arrugada, de nariz corta, delgada, mirada caída, y vestido largo y rojo.

_ ¿Por qué me haces esto hada de las rosas? _ gritó la bruja mientras se marchaba a su cueva  caminando cabizbaja y rascándose la nariz con grandes estornudos.


_ ¡Gracias hada de las rosas! _ dijeron  los príncipes.

Autora: María Abreu


Leer el capítulo 111: El príncipe y la sirena



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