Seguir por correo electrónico

.

jueves, 17 de mayo de 2018

EL ENTRENADOR DE FÚTBOL


A Román le encantaba ser entrenador de fútbol, enseñando siempre a sus futbolistas que  con valor y esfuerzo se podía llegar  muy lejos.

Pero más allá del esfuerzo físico, Román quería contar con un arma secreta para ganar todos los títulos de la temporada. Por ese motivo contrató a un maestro bíblico para que enseñara a sus jugadores a orar.

Cada mañana, diez minutos antes del entrenamiento, el maestro bíblico leía la biblia con ellos y luego oraban todos juntos mientras el entrenador observaba a escasos metros del lugar.

Un día el maestro bíblico admirado por el interés que tenía el entrenador de que sus jugadores aprendieran a orar le dijo:

_ Sus jugadores están aprendiendo a orar conmigo y agradezco que me haya contratado para hablarles de Dios. Pero tengo una pregunta.

_ ¡Puede preguntar lo que quiera!_ indicó el entrenador.

_ ¿Cree usted en Dios? _ preguntó el maestro bíblico.

_ ¡No, yo no creo en Dios, pero por si existe prefiero que esté de nuestro lado! ¡Por eso le he contratado!

Autora: María Abreu

Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. (Juan 9:31)



miércoles, 2 de mayo de 2018

EL NIÑO IMPACIENTE


Manuel es un niño de 6 años amistoso y juguetón pero no sabe tener paciencia. Cada vez que su madre lo lleva a la tienda a comprar calcetines Manuel llora y hace rabietas porque quiere que le compre un osito de peluche.

_ Manuel, ahora no podemos comprar ese osito de peluche porque no tenemos dinero suficiente. Debemos esperar a final de mes _  declara la madre.

_ ¡No, esperar no, yo lo quiero ahora!_ replica Manuel entre gritos.

_ ¡Niño no seas petardo! _ Le recrimina la madre y agarrándolo de la mano lo saca de la tienda y aprovechando el día soleado se lo lleva a comer helados.

En la heladería Manuel intenta saltarse la fila porque no tiene paciencia para esperar su turno, la madre lo agarra por los brazos y le explica:

_ Manuel tienes que aprender a esperar porque…

Pero como Manuel no tiene paciencia para escuchar la explicación de su madre y la interrumpe entre berrinches:

_ ¡No, esperar no, yo quiero un helado ahora!

La madre entristecida no le compra el helado y agarrándolo por la mano se lo lleva a casa.

Cuando llegan a casa Manuel reclama un bocadillo, la madre le pide unos minutos para cambiarse de zapatos sin embargo Manuel empieza a zapatear y a chillar:

_ ¡No, un minuto no,  quiero el bocadillo ahora!

Y así era el día a día de Manuel y su madre.

Hasta que llegó un momento en que la madre cansada de los gritos, las rabietas, zapateos y berrinches de su hijo decide darle todo lo que le pide al momento.

De esta manera, teniendo a su madre siempre a sus órdenes Manuel se convierte en… El pequeño tirano de la casa.

Pasados unos meses la abuela de Manuel llegó a casa para pasarse el verano con ellos.

La abuela le llevó regalos, pero no pasó ni media hora para que la abuela se diera cuenta de que Manuel es un niño impaciente.

Por ese motivo observaba la conducta de Manuel descubriendo que éste se comportaba como que todo giraba alrededor de sus deseos.

Aun así la abuela guardó silencio esperando el momento ideal para corregir a su  pequeño nieto.

Una mañana se fueron los tres a la tienda a comprar algunas prendas de vestir. Manuel corrió hacia donde estaba el osito de peluche que una vez había pedido a su madre y le ordenó que se lo comprara.

_ Manuel, te he dicho que no tenemos dinero suficiente. Debes esperar a final de mes_ reveló la madre.

_ ¡No, esperar no, yo lo quiero ahora!_ ordenó Manuel entre gritos.

_ ¡Niño eres un petardo!_ exclamó la madre muy incómoda.

La abuela que estaba al lado observando las pataletas y los berrinches de Manuel se le acercó con mucha ternura para explicarle:

_ Manuel, debes aprender a tener paciencia.

_ ¡No, no tengo paciencia! ¿Qué es la paciencia? _ preguntó Manuel sin dejar de gritar.

_ ¡La paciencia es estar lleno de amor! El que ama difícilmente se enoja, es paciente con las personas, no grita y sobre todo sabe esperar… _ Revela la abuela.

_ ¿Entonces debo esperar a que mi mamá tenga dinero suficiente para que me compre ese osito de peluche? _ aclaró Manuel con voz baja.

_ ¡Exactamente!_ afirmó la abuela.

Limpiándose las lágrimas por la rabieta que había hecho anteriormente Manuel se acerca a su  madre diciéndole:

_ ¡Mami te quiero!

La madre llena de cariño lo abrazó y le regaló una cajita de ahorros para que Manuel con mucha paciencia fuera ahorrando el dinero y se comprara el osito de peluche.

También la abuela le compró una pequeña plantita y se la puso en la ventana de la habitación para que  Manuel con amor y paciencia la fuera cuidando.

Cada día la plantita iba creciendo bajo el cuidado de Manuel hasta que le llegó el tiempo de echar flores.

_ Mamá, mamá, ya la plantita tiene flores y también ya he ahorrado el dinero suficiente para comprarme el osito de peluche.

De esta manera Manuel aprendió a tener paciencia y cada noche dormía abrazado a su osito de peluche.

Ante el cambio de Manuel, la madre se dio cuenta que ella también necesitaba tener paciencia con su hijo siendo más amorosa con él.


Autora: María Abreu

Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. (Santiago 1:4)






domingo, 15 de abril de 2018

EL LEÓN Y EL TIGRE


En una extensa selva de despejadas llanuras vivía un león que era víctima de las burlas de un tigre.
Una vez este tigre le robó la comida y luego se burló diciendo que él no había sido.

Esto hizo enojar mucho al león porque consideró ese hecho como una traición y desde  ese día empezó a sentir ira y rencor contra el tigre.

Era tanto el resentimiento que el león sentía que cuando comía un rico filete, se acordaba del tigre, cuando daba un paseo por la selva, se acordaba del tigre, cuando se acostaba no podía dormir porque se acordaba del tigre.

En su mente no podía escapar de las garras lastimeras del tigre, aunque éste estaba a cientos de kilómetros de él. El tigre al que odiaba le perseguía donde quiera que fuera.

Era tanto el resentimiento que sentía el león que pensó:

_ ¡Soy un amargado!

Con tanta amargura el león sufría de estrés y fatiga. Ya no disfrutaba de las cosas que antes le producían placer.

Un día, harto de no poder controlar sus emociones decidió ir donde un jaguar a buscar consejo. Cuando contó lo que sentía al jaguar, éste le dijo:

_ El resentimiento está controlando tus pensamientos y por eso está tan amargado.

_ ¿Y qué debo hacer? _ preguntó el león.

_ Perdonar al tigre. El perdón es el único que te liberará de la amargura _ respondió el jaguar.

El león pensativo y muy decidido salió en busca del tigre y lo encontró descansando patas arriba bajo la sombra de un árbol.

Cuando el león se acercó al tigre, éste se asustó mucho porque pensó que el león lo iba a atacar; pero quedó sorprendido al escuchar al león decirle que lo perdonaba por el robo de la comida.

Desde ese momento el león quedó libre de su amargura y pudo volver a disfrutar libremente de la belleza de la selva.

Autora: María Abreu

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:31-32)




martes, 3 de abril de 2018

El río que alcanzó su sueño


Dos ríos soñaban con llegar al mar. A lo largo de su sonoro recorrido el río Titico murmulló:

_ ¡Veo una montaña muy alta que nos impedirá el paso!


_ ¡No seas indeciso, tenemos que avanzar!_ susurró el río Euris.

_ ¡No lo lograremos! ¡Voy a retroceder­!_ rumoreó el río Titico.

_ ¡No lo hagas, debemos continuar para alcanzar nuestro sueño!_ murmulló el río Euris.

_ ¡Lo siento, no seguiré! ¡Me quedaré aquí en esta laguna!_ dijo el río Titico.

Sin embargo el río Euris no quería quedarse estancado en la laguna, deseaba alcanzar su sueño. Por eso continuó su camino hacia el mar fluyendo entre las hierbas, las piedras y los árboles.

En su recorrido se encontró frente a frente con la montaña que le impedía el paso.

Como no podía escalarla movió su corriente por el pie de la montaña. El estruendo contra ésta era tan fuerte que le hizo sentir como si se rompían sus aguas, pero continuó su recorrido hasta que finalmente logró desembocar en el mar.

Batiendo sus aguas con las del mar, el río empezó a formar olas que subían, bajaban, avanzaban y retrocedían alcanzando su gran sueño.

Una vez en el mar, el río Euris fue muy feliz a diferencia del río Titico, que por miedo a la alta montaña se estancó en una laguna y se pudrieron sus aguas.

Autora: María Abreu

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. (Juan 7:38)



jueves, 22 de marzo de 2018

EL PÁJARO CALVO – Cuento sobre el acoso escolar


En la espesura del bosque vivía un pequeño pájaro de pico marrón con plumas azuladas y verdes. Pero este pájaro no tenía plumas en la cabeza. Era totalmente calvo. Sin embargo su  mamá lo amaba igual que a su otro hermanito.

Su mamá le enseñó a correr, a salta, a volar y sobre todo… a cantar y a ser feliz sin que sintiera complejo por su diferencia física.

Un día su madre le dijo:

_ Pajarito Luis, ya tienes edad de ir a la escuela y hacer nuevas amistades.

El pajarito Luis sintió miedo al rechazo y le dijo:

_ Mamá, en la escuela se burlarán de mí.

La madre se acercó con mucha ternura y le explicó:

_ Pajarito Luis, sólo eres un poco diferente a los demás; pero eso no te hace inferior al resto. Los amigos te aceptarán como eres. Y dándole un piquito le animó a que volara hacia la escuela.

Cuando llegó a la escuela, observó que ésta era una hermosa colina con aromáticas flores, árboles con toda clase de frutas y un pequeño riachuelo para beber agua.

Muy contento se posó sobre una rama de un pequeño árbol donde estaban otros pájaros y al tratar de hablar con ellos éstos comenzaron a burlase señalándole la calvicie. El pajarito Luis se sintió muy triste y le salieron dos lagrimitas de los ojos.

Cuando sonó el timbre del recreo todos los pájaros bajaron de las ramas al suelo para jugar al fútbol dejando al pajarito Luis fuera del grupo.

Pasados unos minutos todos empezaron a señalarle y a burlarse del él al verlo en la orilla del río echándose agua en la calvita para refrescarse ya que el sol lo estaba abrazando demasiado.

_ ¡Mira, la calva le brilla con el sol!_ seguían riéndose.

Y otros cantaban:

_”Que brille la luna, que brille el sol, que brille la calva de ese señor.”

El pajarito Luis muy triste y cabizbajo se apartó del lugar y se sentó bajo la sombra de un árbol.

Mientras los demás seguían burlándose, una pajarita llamada Rosita de plumitas rosadas y blancas le estaba observando y acercándose le dijo:

_ ¿Te gustaría ser mi amiguito?


Al pajarito Luis le brillaron los ojos de emoción y le contestó que sí.

Según pasaban los días el pajarito Luis seguía siendo objeto de burla en la escuela hasta que un día su amiguita la pajarita Rosita tomó una decisión. Llegó muy temprano a la escuela con la cabeza totalmente calva. Se había arrancado las plumas de la cabeza para estar igual que su amiguito.

Los demás pájaros que iban llegando a la escuela se sorprendieron al verla sin decir ni media palabra. Pasados unos minutos algunos de estos pájaros que se habían estado burlando del pajarito Luis hicieron lo mismo que la pajarita Rosita. Se arrancaron las plumitas de la cabeza y se quedaron calvos.

Lejos de la escuela, en su casita, el pajarito Luis le lloraba a su madre porque no quería volver a la escuela. Ya no soportaba las burlas, estaba sufriendo mucho y muchas veces aparecía dentro de él un sentimiento de enojo. Pero su madre con mucho amor le animó a seguir adelante diciéndole:

_ No es más fuerte el que más sufre, sino el que en medio del sufrimiento tiene la fortaleza para no pagar a nadie mal por mal.

El pajarito Luis después de escuchar el mensaje de su mamá se le pasó el enojo y voló hacia la escuela. Allí como de costumbre se posó sobre la rama del pequeño árbol donde estaban los demás pájaros y agachó la cabeza.

_ ¡Hola pajarito Luis, perdónanos! ¡Queremos ser tus amiguitos! _ dijeron muchos pájaros.

El pajarito Luis levantó la cabeza y se sorprendió a verlos a todos con la cabeza calva. Al sonar el timbre todos bajaron a la colina y como de costumbre comenzaron a jugar al fútbol, pero esta vez incluyeron en el grupo al pajarito Luis.

Pero mientras jugaban el sol comenzó a calentarles la calva y corrieron al pequeño río a refrescarse la cabeza. Una vez allí empezaron a mirarse unos a otros y comprendieron que es muy fácil burlarse de los demás cuando no estamos en su misma situación. Al final todos se hicieron muy buenos amiguitos.

Desde entonces, la mamá del pajarito Luis le empezó a hacer lindos sombreritos para cubrirse del sol al ver que ya era aceptado por el grupo.

Autora: María Abreu

¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores se deleitarán en hacer burla? (Proverbios 1:22)




viernes, 16 de marzo de 2018

The Mouse Who Did Not Forgive - El ratón que no sabía perdonar


In a small village called “Mouseington” there lived the mouse Juanito in a house built from the inside trunk of an ancient tree.

From time to time, he´d leave to wander through the village but these days he´d always walk with his tail  hanging down because he was feeling bitter. He was disappointed by his friends humiliating and offending him. For this reason, he cut ties with everyone and decided to live alone.

One day, while Juanito was out gathering nuts, a blue bird came to “Mouseington” singing out a warning of the arrival of a great storm.

Face with this warning, all the mice ran away towards the mountain to build tunnel-shaped dens among its rocks.

When Juanito had finished making his den, a very friendly little mouse came near, offering him soft feathers to make the den´s floor more comfortable, but Juanito refused.

Juanito was also approached by a mice couple asking him for some nuts, but Juanito did not give them any.

An elderly mouse, seeing Juanito´s behaviour, decided to come up and ask him a question:

_What is going on with you, Juanito? Why are you behaving in such a way with the others?

_Because they offended me and hurt me in the past! – replied Juanito.

_But don´t you realize that you´re also hurting others’ feelings with your behaviour? It´s impossible to walk through this life without hurting and being hurt.

Juanito remained silent and the wise old mouse added:

_You must to learn to forgive. Forgiveness is the best path to achieving inner peace because it frees us from resentment.

In that very moment the rain began to fall and Juanito asked the wise old mouse to stay with him in his den.

A few hours later, the storm passed and all the mice, wearing their little sunglasses, left their dens to sit on the rocks and enjoy the first rays of the sun.

At that moment, Juanito arrived with his tail high in the air and shared his nuts and seeds with everybody. In doing so, he had apologised for his behaviour and forgave those who had hurt him.

Author: María Abreu

For if you forgive other people when they sin against you, your heavenly Father will also forgive you. (Matthew 6:14)

LEER EL CUENTO EN ESPAÑOL: El ratòn que no sabía perdonar



viernes, 16 de febrero de 2018

LOS VERDADEROS AMIGOS

En un colorido jardín vive el grillo Polito que todos los días sale de su casita para  entonar una bonita canción.

Las mariposas empiezan a danzar diseñando en el aire figuritas de cristal. Las hormigas trabajan moviendo la colita y las mariquitas circulan sin parar de bailar.

La música del grillo Polito se escucha en todos los lugares del jardín reduciendo el estrés y dando alegría a los habitantes.

Cierto día el grillo Polito no salió a cantar por lo que se sentía un gran aburrimiento y tristeza en el jardín.

Aunque todos notaron la ausencia del grillo Polito sólo la mariposa Margarita decidió acercarse a la casita a visitarlo.

Cuando la mariposa Margarita entró en la casita encontró al grillo Polito acostado en su cama de algodón con un fuerte resfriado que lo había dejado afónico. Rápidamente se acercó a la cama y le tomó la fiebre.

Segundos después la abeja Dalia también entró a la casita y al ver el fuerte resfriado del grillo Polito ayudó a la mariposa Margarita a prepararle un té. Cogieron medio limón, una cebolla, una tira de canela y lo endulzaron con miel.

Con este magnífico té el grillo Polito poco a poco se iba recuperando…, y mirando a la mariposa Margarita y a la abeja Dalia que lo estaban cuidando pensó:

_ Siempre he creído que tenía muchos amigos; pero ahora me doy cuenta de que los verdaderos amigos son los que están ahí cuando más los necesitas…

Autora: María Abreu


Fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. (Mateo 25: 41-43)


PROXIMA → INICIO

Páginas vistas en total

TE GUSTARON LOS CUENTOS?

Cuentos por categorías

m

Visita feliz