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domingo, 19 de marzo de 2017

EL ARCA DE NOÉ, guión de teatro infantil corto

Escena I

Narrador: Un día Dios se puso muy enfadado porque había mucha maldad y violencia en la tierra.  Mirando  Dios a todas las personas observó a un hombre que era muy bueno llamado Noé:


Dios: Noé, Noé, he visto que hay mucha maldad y violencia en la tierra, pero he hallado integridad en ti y quiero salvarte del gran diluvio que ha de venir. Noé, debes construir un arca porque voy a destruir el mundo con un diluvio de aguas.

Noé: Pero Señor Dios, nunca ha caído agua sobre la tierra. ¡Todas las personas se burlarán de mí! ¿Además cómo voy a construir un arca?

Dios: Construye el arca de madera, píntala de alquitrán, caliéntala con brea para que no pases frío y ponle un gran farol. Caerá un gran diluvio de aguas sobre la tierra y todo ser viviente morirá.

Noé: ¡Señor ten piedad!

Dios: Estoy muy enojado porque hay mucha maldad sobre la tierra. Construye el arca para que puedas salvarte. Destruiré el mundo con un diluvio de aguas.

Narrador. Al escuchar estas palabras Noé le creyó a Dios y se puso a construir el arca  junto con su familia. Sin embargo todas las personas se burlaban de él diciendo que estaba loco porque nunca había caído agua sobre la tierra.

Escena II

Noé: Arrepiéntanse, Dios va a destruir el mundo con un diluvio de aguas. ¡Vamos, ayúdenme a construir el arca!

Narrador: Pero nadie hacía caso, todas las personas se burlaban de Noé.

Personas malvadas: ¡Jajajajajajja, estás loco, estás loco!

Noé: Arrepiéntanse de sus maldades, Dios va a destruir el mundo con un diluvio de aguas.

Personas malvadas: ¡Jajajjajajaja, tú estás loco, nunca ha caído agua del cielo! ¡No le creas a ese Dios!

Noé: ¡Ustedes tienen una oportunidad para arrepentirse! Vengan, ayúdenme a construir el arca, podremos entrar en ella y salvarnos del gran diluvio a aguas.

Personas malvadas: ¡Jajajajajaja, tú y tu Dios están locos! ¡Nunca ha caído agua del cielo! ¡No te creo, no te creo. No te ayudaremos!

Narrador. Pero como Noé le creyó a Dios continuó construyendo el arca. No obstante las malvadas personas seguían haciendo cosas malas y no paraban de burlarse de Noé entre cantos y risas.

Personas malvadas: ¡Jajajjajajajaja! ¡Tú estás loco! No es cierto lo que dice tu Dios. ¡No viene ningún diluvio!  ¡No viene ningún diluvio!

Escena III

Narrador: Las personas malvadas continuaban burlándose. Pasado el tiempo Dios volvió a llamar a Noé:

Dios: Noé, Noé,  ya el arca está terminada. Ahora debes meter una pareja de animales de cada especie en el arca.

Narrador: Y Noé una vez más obedeció a Dios y comenzó a meter una pareja de animales dentro del arca para conservar la especie.

-          Un león y una leona entraron rugiendo: ¡Groar! ¡Grrrr!
-          Un perrito y una perrita entraron ladrando: ¡Guau, guau!
-          Un gato y una gata entraron maullando: «Miau, miau, miau.
-          Un burro y una burra entraron rebuznando: Hi-aaa, Hi-aaa»
-          Un lobo y una loba entraron aullando: ¡Auuuuuu, auuuu!
-          Una gallina y un gallo entraron cacareando: ¡Quiquiriquí! 
-          Una ranita y un sapo entraron croando: ¡Croa-croa! ¡Croa-croa!
-          Una pareja de pajaritos entraron piando: ¡Pío! ¡Pío!
-          Una parejita de grillos entraron cantando: ¡Cri-cri! ¡Cri-cri!

Narrador: Cuando Dios vio que ya habían entrado todos los animales al arca le dijo a Noé:

Dios: Bien Noé, ahora entra tú y tu familia al arca porque el gran diluvio de aguas comenzará a caer.

Noé: Familia, familia, corran, entremos al arca. El diluvio de aguas va a comenzar a caer, entremos al arca…, entremos al arca….

Narrador: Cuando Noé y su familia entraron al arca, precipitadamente comenzó a llover. La lluvia caía y caía acompañada de truenos, relámpagos y no paraba de llover. Las aguas comenzaban a crecer sobre la tierra de tal manera que el arca empezó a flotar sobre sobre las superficie de las aguas.

personas malvadas: Noé, Noé, ábrenos la puerta, nos estamos ahogando. Ábrenos la puerta. Abreeee…., tenemos miedo…

Narrador: Sin embargo ni Noé, ni su familia, ni los animales tenían miedo porque sabían que Dios los estaba cuidando. Y de vez en cuando se acercaban a la ventaba del arca para ver la lluvia caer.

Personas malvadas: Noé ábrenos la puerta, nos estamos ahogando con este gran diluvio de aguas, abre…, abre la puerta…, abre…, abre…

Narrador: Pero ya era tarde, Dios había cerrado la puerta del arca. Y definitivamente las malvadas personas se ahogaron junto con todas las personas que habían hecho cosas malas delante de Dios.

Escena IV

Narrador: Pasados muchos días dejó de llover y Dios sopló y sopló un fuerte viento sobre la tierra y esta se secó. Entonces el arca desembarcó en la cima de una montaña y Noé, su familia y todos los animales salieron del arca.

Noé: ¡Gracias Dios por haberme salvado del diluvio! Siempre te voy a obedecer y nunca dejaré de creer en ti.

Dios: Mira hacia el cielo Noé.

Noé: ¡Wao! ¡Un arcoíris!

Dios: Ese arcoíris que estás viendo es símbolo de mi promesa: nunca más destruiré el mundo con un diluvio de aguas.

Noé: ¡Muchas gracias Dios! ¡Siempre te obedeceré  y siempre haré cosas buenas para agradarte!

Narrador: Amiguito, amiguita, de esta manera Dios salvó a Noé del gran diluvio de aguas. Y Noé vivió toda su vida obedeciendo a Dios y fue muy feliz junto con toda su familia y todos los animales que se habían salvado.

Reflexión: Quiero decir a todos los aquí presentes que la historia de Noé nos enseña el mensaje de la salvación. Así como Noé y su familia pasaron a través de una puerta para entrar al arca y salvarse del Diluvio, Dios también ha provisto una puerta de salvación a través de  su hijo Jesucristo para salvarnos y darnos vida eterna: ‘Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos’. (Juan 10:9)
Autora: María Abreu
(Génesis 7-9)


lunes, 20 de febrero de 2017

El ratoncito desobediente

Mamá ratona siempre le decía a su ratoncito que un enorme gato negro se hacía el dormido en el sofá del salón y le advertía de que no podía salir a jugar en la noche.


Sin embargo, al ratoncito le despertaba mucha curiosidad saber si era verdad lo que su mamá le contaba.


Por eso una noche, oculto y silencioso, el pequeño ratoncito asomó el morro por un agujerito. Se apartó y volvió a asomar el morro por el mismo agujerito. Hasta que finalmente salió de puntillas para no despertar con el más ligero ruido al gran gato negro.

A cada paso que daba el ratoncito comenzaba a sentir tanto miedo que decidió dar media vuelta, pero justo en ese instante se topó de frente con los enormes ojos del gran gato negro.

El ratoncito soltó un grito seguido de un saltito y cuando intentó huir sintió un zarpazo en su rabito.

Con el rabito atrapado en las garras del gran gato negro, el ratoncito pensó que su vida pendía de un hilo, pero logró deslizar su rabito y escapar velozmente. Con ese tremendo susto el ratoncito comprendió lo importante que era obedecer a mamá.

Desde aquel momento cada vez que el ratoncito asomaba el morro por el agujerito se acordaba de que la desobediencia siempre trae consecuencias.

Autora: María Abreu


Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. (Efesios 6:1-3)




El pollito Fito, poema infantil

Acurrucadito y calentito está el pollito en su cascarón.

Le crecen las patitas y  caminar es su ilusión.

Le salen las alitas y desea volar,

le crece el piquito e intenta piar.

Rompe el caparazón antes de caminar.

Saca una patita, luego la otra  y finalmente sale del huevo.

¡Pí o, pí o, pío, pío pío! Saluda al mundo nuevo.

¡Qué bien! Ha nacido el pollito Fito,

amarillito, como un limoncito.


Autores: María Abreu y Pablo Reyes



domingo, 19 de febrero de 2017

El verso del pato, poema infantil.


Una noche maravillosa

Los animales iniciaron su canto

Y un pato con voz melodiosa

Suelta un verso en el pantano:

Cua, cua, cua, le dijo el pato.

Cual, cual, cual, a la pata.

Cua, cua, cua, te estoy invitando.

Cua, cua, cua, a mi casa.

Autor: Pablo Reyes



El pollito Fito


Acurrucadito y calentito está el pollito en su cascarón. Le crecen las patitas y quiere caminar, le salen las alitas y desea volar.  Le crece el piquito y rompe el caparazón.

Saca una patita, luego la otra  y finalmente sale del huevo.

_ ¡Pi o, pi o, pío, pío pío!

Ha nacido el pollito Fito amarillito como un limoncito.

Autora: María Abreu



A ti fui entregado desde mi nacimiento; desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. (Salmos 22: 10)



El príncipe y la sirena, capítulo V


El té mágico


_ Hermano no tenemos escapatoria. Si no te lanzas moriremos quemados  por las llamas _ gritó el príncipe Marcos mientras lo abrazaba y lo lanzaba junto a él a las aguas.


La joven Jarisna también se lanzó al mar convirtiéndose en sirena al instante. Bajo el agua, sin ser vista por los príncipes, entonó el canto de las sirenas.

Cuando sus hermanas la sirena Sahira y la sirena Rina escucharon el canto comentaron muy preocupadas:

_ ¡Nuestra hermana está en peligro, debemos ayudarla! _ dijo la sirena Sahira.

_ ¡Su canto viene del Este, naveguemos rápido!_ ordenó la sirena Rina.

Ambas sirenas comenzaron a nadar hacia el Este y cuando llegaron al lugar encontraron a la sirena Jarisna y juntas entonaron su canto para dormir a los príncipes.

Este dulce canto escucha
Como un tierno niño en su cuna
Duerme bajo la dulce  melodía
Que mañana brillará un nuevo día

Duerme que el azul del mar
Te hará dormir y descansar
Duerme que ya tienes en tus manos
El descanso tan anhelado

No es verdad que estás en peligro
Son cuentos tristes que te han leído
Duerme que alguien cuida  tus sueños
No creas que Dios está  tan lejos

Mientras los príncipes dormían dentro de una burbuja que flotaba sobre la superficie del mar, las sirenas vieron al dragón que seguía lanzando fuego. Entonces ellas optaron por sumergir a los príncipes a las profundidades del mar y llevarlos a la cueva.

Allí dentro, la sirena Jarisna comentaba a sus hermanas la enfermedad del rey Alfonso y la manera de romper el hechizo.

_ Te ayudaremos a buscar las algas marinas; pero no podemos dejar a los príncipes aquí _dijo la sirena Rina.

_ Lo llevaremos a la orilla del mar. De esa manera no sospecharán que soy una sirena_ propuso la sirena Jarisna.

Las tres sirenas nadaron con los  príncipes en sus brazos hasta la orilla del mar. Allí los príncipes despertaron comentando:

_Siento que tengo la respiración agitada, no se… me siento como si aún estuviera nadando _dijo el príncipe Gustavo.

_ Menos mal que pudimos escapar de ese terrible dragón… Aunque la verdad es que no recuerdo cómo lo logramos _ expresó el príncipe Marcos.

_ Lo importante es que estamos a salvo. Recuerden que el unicornio nos ayudó _dijo la princesa Jarisna.

_ ¡Sí, gracias al unicornio azul! _ suspiró el príncipe Gustavo.

_ Príncipes, los dejaré por algunas horas, debo marcharme en busca de las algas marinas_ dijo la joven Jarisna mientras se montaba a lomo del unicornio.

Lejos de los príncipes se lanzó al mar convirtiéndose en una hermosa sirena de larga y rubia cabellera y ojos azules.

_ ¡Me alegra que hayas vuelto hermana Jarisna!_ expresó la sirena Rina.

_ Nademos  en busca de las algas marinas _ decidió la sirena Sahira.

_ ¡Gracias hermanas por su gran ayuda! _ dijo la sirena Jarisna.

_ Debemos nadar hacia el Norte, en esa dirección hay un fondo rocoso donde podremos encontrar las algas_ comentó la sirena Rina.

Conforme iban nadando se les apareció un pulpo gigante que extendió sus tentáculos y envolvió a las sirenas por el cuello, impidiendo que pudieran embrujarlo con su canto.

Unas nereidas de extremada belleza, con el torso de mujer, cola de pez, piel blanca, ojos verdes, larga y dorada cabellera, cabalgaban a lomo de caballos marinos. Éstas advirtieron que el pulpo gigante había atrapado a las sirenas y decidieron ayudarlas.

_ ¡Suelta a nuestras amigas ahora mismo pulpo malvado!_ ordenó la nereida Silfa.

_ ¡No las soltaré, además tengo hambre y me las comeré!_ dijo el gigantesco pulpo moviendo sus tentáculos de un lado a otro y de arriba abajo mareando a las sirenas.

_ ¡Por última vez te ordenamos que sueltes a nuestras amigas las sirenas ahora mismo!  _mandó la nereida Naida muy enojada.

_ ¡No lo haré! _se negó el gigantesco pulpo.

 Las nereidas se acercaron al pulpo diciéndole:

_ ¡Míranos a los ojos, te estamos hablando y deja de mover tus tentáculos!

 En ese mismo instante, el pulpo miró a las nereidas a los ojos y quedó hechizado con sus miradas.

_ ¿Qué me han hecho? ¡Estoy ciego, no veo nada!_ clamó el pulpo soltando a las tres sirenas que se estaban asfixiando y no dejaban de toser.

_ ¡Sí malvado pulpo quedarás ciego bajo nuestro embrujo por un mes! _ explicó la nereida Silfa.
_ ¡No por favor, no me hagan esto! _ suplicó el pulpo.

_ ¡Gracias amigas nereidas por salvarnos la vida!_ dijeron las sirenas.

_ ¡Las amigas están para ayudarse!_ explicaron las nereidas y se marcharon montadas en sus caballos marinos para continuar jugando con las olas del mar.

Las sirenas continuaron nadando hacia el fondo rocoso en busca de las algas marinas hasta que las encontraron.

_ Gracias hermanas por ayudarme. Ahora debo marcharme, los príncipes me están esperando _ expresó la sirena Jarisna.

_ Subamos a la superficie y llamemos a nuestro amigo unicornio_ sugirió la sirena Rina.

Subida a lomos del unicornio, la sirena Jarisna convertida en una joven llegó a la orilla del mar.
 _ ¡Me alegra que hayas vuelto Jarisna!_ dijo el príncipe Gustavo.

En ese instante el príncipe Marcos se le acercó porque algo le llamaba la atención:

_ ¡Jarisna, no entiendo por qué el color de tus ojos es igual al azul del mar!

_ ¡Un día de estos lo sabrás! _ dijo Jarisna, y cambiando de tema, agregó: Aquí tengo las algas marinas, ahora sólo nos faltan las hojas de la planta guaco.

_No sabemos dónde podemos encontrar esa planta. Lo único que sabemos es que está sembrada en el bosque… ¿Pero dónde?_ preguntó el príncipe Gustavo mirando de un lado a otro, intentando orientarse por los puntos cardinales.

_ Caminemos hacia el Sur, quizás por ahí podamos encontrar la hoja de guaco _ sugirió el príncipe Marcos.

Para su sorpresa, mientras iban de camino, dos ardillitas se acercaron preguntando:

_ ¿Qué buscan por aquí, amigos humanos?

_ Estamos buscando una planta que se llama guaco. ¿Saben dónde podemos encontrarla? _indagó  el príncipe Gustavo.

_ ¡Claro que sabemos, conocemos muy bien el bosque!_ dijeron las dos  ardillas.

 _ Al Norte de este bosque hay un manzano. En el centro del manzano hay un árbol mágico.
 Alrededor de este árbol es donde crecen todo tipo de plantas medicinales que curan toda clase  hechizos y enfermedades _ explicaron las dos ardillas. Continuará….
  

Autora: María Abreu

Leer el capítulo IV: El príncipe y la sirena




viernes, 17 de febrero de 2017

La madre y la hija

La madre estaba caminando por el parque sumamente preocupada porque hacía unos minutos había perdido de vista a su niña.

Con infinita desesperación se acercaba a todas las personas que había a su alcance y, dándoles la descripción específica de la niña, les preguntaba si la habían visto.

Al parecer todo esfuerzo era inútil, nadie sabía nada sobre ninguna pequeña o gente parecida.
Tal vez porque se lo dictaba su instinto materno o quizás simplemente porque la empujaba la agonía y la impotencia, la madre, toda hecha un montón de lágrimas, subió  a la glorieta y empezó a dar vueltas entre los hierros como un molino antiguo.

La multitud de repente se detenía y la contemplaba de la misma manera que se contempla a una bestia enjaulada en un zoológico. A decir verdad, alguno intentó ayudarla pero vanamente.

Aquella señora parecía no oír ni entender nada, sólo se quedaba allí dando vueltas y suplicando al cielo por su hija. De repente, entre los vozarrones y los murmullos de la muchedumbre se coló una voz débil y tierna, una voz como salida de otro hemisferio, un hemisferio inocente e infantil, una voz que también parecía suplicar y llorar; esa voz se dirigió a la mujer diciendo:

_ ¡Mami, mi mami! ¡Aquí estoy!

Con pasos de felicidad la niña se acercó hasta el centro de la glorieta y abrazó a su madre con la efusión de que hace años que no la ve y la extraña. La madre a su vez parecía querer meter su alma en la suya y se aferraba a su hija con la misma pasión que un náufrago se aferra a su tabla de salvación.

_ ¿Mi hija, por qué me has hecho esto? ¿Dónde estabas, estás bien?

Era lo que le preguntaba entre lágrimas y pelo suelto. La niña parecía no entender, o quizás sólo era que no deseaba contestar. Lo cierto era que estaba absolutamente muda, pero había felicidad en sus ojos.  

Ya de camino, tomada de la mano por su madre, la pequeña rompió el silencio y dijo:

_ Sólo fui a la piscina a ver el reflejo del sol. Lo siento mamá, pero no tenías que preocuparte. Tú siempre me has dicho que yo estoy en tu corazón. ¡Jamás me perderás!
Autor: Pablo Reyes


Corrige a tu hijo, porque hay esperanza; no pongáis el corazón en darle muerte. (Proverbios 19:18)




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