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viernes, 17 de enero de 2020

Buscando la paciencia - Cuento infantil

La madre de Jean siempre vivía dando órdenes a su hijo.

Cuando ella lo mandaba a recoger los juguetes, a ordenar la ropa, a que se comiera toda la comida, a que a fregara los platos quería que Jean lo hiciera todo en el momento en que ella lo pedía.

Una tarde ante tantas órdenes seguidas su hijo Jean la miraba y la escuchaba atentamente hasta que de pronto empezó a buscar algo debajo de la cama, debajo de la mesa, debajo del sofá…

La madre al ver que su hijo buscaba algo y que parecía que no lo encontraba se acercó a preguntarle entre gritos:

_ ¿Y ahora qué es lo que buscas?

_ ¡Estoy buscando la paciencia. Creo que la has perdido mamá!


Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.(Efesios 4:2)

Autora: María Abreu





lunes, 3 de junio de 2019

EL CHIQUILLO CURIOSO

Yo miraba el cristal de la fuente sobre el agua 
 
Una hoja en la superficie de vidrio caía
 
El agua mojaba toda la faz de su rostro
 
Una simple hoja seca, parece que dormía. 
 
A mi lado un chiquillo de rostro muy hermoso 
 
A rastras sus pasos con lentitud se movía. 
 
Torna la vista en dirección la lanza a mis ojos 
 
-¿Qué es lo que miras?- Oí cómo intrigado decía. 
 
Chiquillo curioso, balbuceó el alma mía 
 
Con cuatro añitos, ya te preocupa la vida. 
 
-Solo miro esa hoja, débil, pequeña y vencida,
 
que sobre el agua parece luz amanecida. 
 
La tiernecita mano sobre la fuente irrumpe 
 
toma la hoja, y con gran tristeza descubre: 
 
-Papi, me has engañado, no es cierto que esté seca 
 
la hojita caída. Está mojada, mojadita. 
 
Entonces sobre el niño se posó mi mirada,
 
-Bendita cabecita por Dios iluminada. 
 
Por eso en este día retorna a mi memoria 
 
La parte más tierna de aquella lejana historia. 
 
Sigo mirando sobre la fuente de las aguas 
 
Las formas en que caen las hojitas del alma.
Pablo Reyes



miércoles, 1 de mayo de 2019

La niña que no se concentraba – Cuento para reflexionar


Juanita se quejaba de que no podía concentrarse para realizar sus deberes porque un vaivén de pensamientos no se lo permitía: pensaba en los amigos, en ver la tele, en jugar, en chuches, en imágenes...

Por todo ello habló de esto con su madre diciéndole:

Mami no puedo concentrarme porque los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar. Cuando se van unos llegan otros y mi mente se queda confusa.

La madre se acerca y le explica:

_ Agarra esa escoba y sostenla.

Después de unos minutos la madre le dice:

_ Ahora suéltala y dime qué ha pasado.

_ La escoba ha caído al suelo _ señaló Juanita.

Entonces la madre explica:

_ ¡Tú controlas tus pensamientos, no tus pensamientos a ti!


Autora: María Abreu


Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados. ( Proverbios 16: 3)




martes, 12 de febrero de 2019

CUANDO ME ENOJO

Hoy me he ido de compra con mi madre a la tienda de juguetes. Le he pedido que me compre un juguete que me gusta mucho pero ella me ha dicho que el dinero no le alcanza para comprarlo.

Yo me enojé mucho, la cara se me puso roja, empecé a patalear y con la frente arrugada me puse a gritar:

- ¡Comprámelo mamá , lo quiero ahora!

Mi mamá se me acercó intentando explicarme algo, pero yo crucé los brazos y me fui a un rincón de la tienda con la cara muy fea y arrugada.

Pero aún así mi mamá se me acercó sin perder la calma y con mucha ternura me explicó:

_ Sé que te sientes frustrado porque no te puedo comprar el juguete deseado, pero no por eso debes enfadarte y gritar para expresar lo que sientes.

Luego de haberme dicho esto mi mamá me dio un abrazo y negociamos una solución para comprar el juguete.

Me habló del valor del ahorro y me compró una hucha con forma de cerdito para que aprendiera a ahorrar.

Lo cierto es que al final pude ahorrarme el dinero y comprarme el juguete que tanto me gustaba. Gracias a que mi mamá me enseñó a dominar mis emociones y a tener paciencia.


Autora: María Abreu


Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad. (Proverbios 16: 32)



viernes, 16 de noviembre de 2018

BARTIMEO


Parecía un día normal con la misma rutina. El ciego Bartimeo a la orilla del camino se sentó en el suelo como de costumbre para mendigar.

Algunas personas que pasaban por el camino le daban dinero, otras pasaban, murmuraban y no le daban nada.

Ese mismo día, que parecía un día cualquiera con la misma rutina, a Bartimeo le pareció escuchar a una multitud que pasaba en frente de él.

Y oyendo que era Jesús nazareno que pasaba por el camino, Bartimeo levantó los brazos y comenzó a dar voces:

_ ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!

Pero nadie se conmovía de este hombre, la gente seguía pasando cerca de él sin prestarle atención.
Sin embargo, Bartimeo seguía dando voces:



Algunas personas enojadas por las voces del ciego Bartimeo le reñían para que callase; pero Bartimeo en lugar de callarse gritaba mucho más fuerte:

_ ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!

Jesús al escuchar las voces de Bartimeo se detuvo y mandó llamarle.

Entonces unas personas se acercaron a Bartimeo y tomándole de la mano le dijeron:

_ ¡Ten confianza, Jesús te llama; levántate!

Bartimeo inmediátamente se levantó y se acercó a Jesús. Y respondiendo Jesús le dijo:

_ ¿Qué quieres que te haga?

El ciego Bartimeo creyendo que Jesús le podía sanar le dijo:

_ Maestro, que recobre la vista.

Entonces Jesús le dijo:

_ Vete, tu fe te ha salvado.

En seguida el ciego Bartimeo recobró la vista y empezó a ver a todas las gentes del camino. Se deleitaba en la vegetación y por primera vez veía el hermoso cielo azul.

Y lo más emocionante para él fue que pudo ver a Jesús cara a cara, por eso saltaba de alegría como un niño.

Desde ese momento Bartimeo fue muy feliz y decidió seguir a Jesús.

 PD: No hay nada imposible para Dios. Él sana todo tipo de enfermedad si puedes creer…

Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 10)




domingo, 14 de octubre de 2018

ME SIENTO TRISTE, QUIERO JUGAR


José y Manuel son dos hermanitos que se llevan dos años de diferencia. A José el hermano mayor le encanta jugar con los coches de Manuel y nunca le pide permiso para usarlos.

Esto hace que Manuel se quede sentado en un rincón del salón muy triste porque aparte de que José usa sus juguetes sin su permiso tampoco lo invita a jugar con él.

Cuando Manuel se queda triste casi no habla y se pone a llorar en silencio. La madre que nota la tristeza de Manuel lo abraza y, llamando a José, se sienta con ambos y les explica con cariño:

_ José debes aprender a pedir permiso antes de usar los juguetes de tu hermano y también darle las gracias. Algo igualmente importante es aprender a compartir.

Con este consejo José se acercó a su hermanito y le dio un abrazo súper fuerte para que dejara de llorar.

Acto seguido le pidió permiso para que le dejara usar sus juguetes. Manuel con su carita dulce asintió con la cabeza.

 José dando las gracias agarró a su hermanito por la mano y lo invitó a que jugaran juntos.

Desde ese día José entendió cuán importante es aprender a pedir permiso para usar las cosas de los demás, ser agradecido y la importancia de compartir.
  
PD: A nadie le gusta que le cojan sus cosas sin permiso, por eso Manuel se puso triste.

Autora: María Abreu

No niegues un favor a quien te lo pida, si en tu mano está el otorgarlo. (Proverbios 3: 27





lunes, 1 de octubre de 2018

LA OVEJA PERDIDA


Un pastor tenía un rebaño de cien ovejas. Las conocía a todas y a cada una las llamaba por su nombre.

En la mañana el pastor reunía a todas sus ovejas y las llevaba a la colina para que comieran ricas hierbas.

En la tarde, de regreso a casa, el pastor acostumbraba a contar a todas sus ovejas para comprobar que no le faltaba ninguna. Pero un día, se dio cuenta de que le faltaba una.

Sabiendo que la ovejita corría mucho peligro fuera del rebaño el pastor dejó las noventa y nueve y se fue a buscar a la oveja perdida.

La buscó por las colinas, por los prados, por el campo hasta que la encontró debajo de un arbusto herida y temblando de frío.

El pastor se acercó a su oveja, la abrigó en sus brazos, le vendó las heridas, y la llevó de regreso a casa.

Cuando las demás ovejas vieron llegar al pastor con la oveja perdida se pusieron muy contentas.

PD: Jesús es tu pastor, él te cuida, sana tus heridas y nunca, pero nunca te dejará solo. 

(Lucas 15: 1-7)



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