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domingo, 29 de marzo de 2020

UNA CONCIENCIA TRANQUILA - Cuento para reflexionar

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Un día un padre dijo a su hijo:

_ Antonio hijo, yo estoy viejo, somos pobres y tenemos muchas carencias económicas. Pero tú eres joven y fuerte y puedes ayudarme.

_ ¡Sabes que te ayudaría padre! ¿Dime qué puedo hacer por ti?

_ Quiero que esta madrugada vayas al supermercado y robes algo de comida para mí. Pero procura que nadie te vea robando.

Antonio se quedó cabizbajo y triste. El padre al verlo así le preguntó:

_ ¿Qué te pasa? ¿No robarías algo de comida para dar de comer a tu padre? Si al final nadie te va a ver...

_ Perdona padre, pero no puedo hacer eso. ¡Prefiero pedir y no robar!  ¡Yo sé que alguien me verá!

_ Pero ¿Cómo puede verte alguien si lo harás en la madrugada cuando todo el mundo duerme? _ argumentó el padre.

_ ¡Dios me verá padre! ¡No podemos escapar de su presencia!  ¡Prefiero vivir en paz con una conciencia tranquila!

El padre al escuchar esto se puso muy feliz porque con esa prueba pudo comprobar cuan honesto era su hijo.

Autora: María Abreu


Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí, No me des pobreza ni riqueza; Mantenme de pan necesario (Prov.30:8)





martes, 17 de marzo de 2020

LA LUZ DE LA LUCIÉRNAGA - CUENTO CORTO



Una luciérnaga volaba cada noche y se posaba en lo alto de un pino para que todos los animales nocturnos admiraran la luz que desprendía.

Una noche un búho humildemente se le acercó y le dijo:

_ Veo que tienes mucho orgullo por la luz que tienes.

_ No es que tenga orgullo, es que todos me admiran porque brillo de noche – argumentó la luciérnaga.

_ ¿Y no te has preguntado por qué sólo brillas sólo de noche? _ dijo el búho.

 Ante esta pregunta la luciérnaga se quedó pensativa dudando de la respuesta que podía ofrecer, por eso preguntó:

_ ¿La verdad es que no sé por qué sólo brillo de noche?

_ Pues sólo brillas de noche porque durante el día, cuando el sol brilla en lo alto con todo su esplendor, tú no eres nada _ sentenció el búho.


Autora: María Abreu

Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamientos de impíos, son pecado. (Proverbios 21: 4)






jueves, 12 de marzo de 2020

EL CORONAVIRUS DEL RATONCITO



En una pequeña aldea vivía el ratoncito Martín. Era alegre, amistoso y juguetón. Le encantaba ir al parque a jugar tirándose por el tobogán y balancearse en los columpios.

Un mañana sentado en el sofá de su madriguera encendió la televisión y vio que en los informativos decían que dos ratones que habían llegado de la ciudad de Ratoita habían dado positivo del coronavirus. Esos dos ratones estaban hospitalizados y aislados.

El ratoncito Martín se quedó boquiabierto. No podía creer que en su pequeña aldea había llegado el Coronavirus.

Pero luego apagó la tele y no le dio mas importancia al asunto y se fue como de costumbre a jugar al parque.

Unos días después el ratoncito Martín volvió a poner los informativos en su televisor e informaban de que el Coronavirus se estaba propagando por toda la aldea de Rotolis. El ministro de sanidad daba algunas medidas para evitar ser contagiados por el Coronavirus:

_ Lavarse las manos siempre que haya estado en contacto con alguien. Evitar tocarse la nariz, la boca y los ojos.

El ministro de sanidad continuó diciendo:

_ Cubrirse con el codo cuando tengas estornudos.

Al escuchar estas medidas el ratoncito Martín no hizo caso al ratón ministro de sanidad y se fue al parque a jugar al pilla-pilla y a piedra, papel tijera.

Mas tarde al llegar a su madriguera se tocaba la nariz, la boca y los ojos sin lavarse bien las manos con agua y jabón.

Pasados unos días el ratoncito se despertó temprano para desayunar porque quería ir a jugar. Pero para su sorpresa descubrió que se sentía mal. Tenía fiebre, tos seca, dificultad para respirar y unos dolores musculares que hasta le impedían mover su colita al viento.

_   ¡Ay ay ay! ¡Qué susto! ¡Creo que tengo el Coronavirus!

Con su pijamita de rayas se levantó y caminó hacia el salón sin saber qué hacer o qué medidas tomar. Hasta que finalmente llamó al hospital y vinieron los enfermeros ratones. Le tomaron unas muestras de la nariz y se las llevaron a analizar.

El ratoncito Martín se quedó tirado en el sofá con su pijamita de rayas esperando los resultados del hospital.

Más tarde le llamaron y le informaron de que había dado positivo del coronavirus y se lo llevaron en ambulancia al hospital.

Y ahí estaba el ratoncito Martín interno con tos, fiebre, dificultad para respirar y dolores musculares.

El ratoncito Martín estaba solo y aislado, se sentía triste y con miedo de morir por lo cual pensó:

_ Siempre hay que obedecer a las autoridades sanitarias cuando dan unas medidas para evitar una enfermedad.

De vez en cuando el ratoncito Martín estiraba las patitas y se ponía las manos en le barriguita y oraba mucho a Dios.

Pasados varios días entró un ratón médico a su habitación para darle las buenas noticias de que había sido curado del Coronavirus.

El ratoncito Martín se puso tan feliz que se levantó de la cama de un salto con la colita al viento y con los ojitos brillosos de la alegría tan grande se fue a su madriguera corriendo.

Desde ese día el ratoncito Martín aprendió a ser más higiénico y a obedecer las medidas que daban las autoridades sanitarias.




Autora: María Abreu


Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.
Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre (Lucas 21: 11- 36)





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