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lunes, 28 de julio de 2014

El abandono siempre es cruel


El señor Pedro se había arrepentido de haber adoptado a su perrito porque quería vivir solo en su piso. En varias ocasiones planeó deshacerse de él dejándolo abandonado lejos de casa, pero éste siempre volvía moviendo la colita en frente de la puerta.

Un día, harto de la misma situación lo cogió, lo subió en el coche y comenzó a conducir. Cuando llegaron a una selva abrió la puerta y el perrito salió moviendo la colita pensando que iba a disfrutar de un gran paseo. Pero inmediatamente Pedro arrancó el coche a gran velocidad dejándolo solo y abandonado en medio del camino. El perrito aullando y con lágrimas en los ojos lo persiguió por varios minutos, pero no pudo alcanzarlo.

Con la lengüita fuera por el cansancio se detuvo en medio del camino cabizbajo y con el rabito entre las piernas no entendía el por qué del abandono.

Triste y con la vista perdida en la grandeza del verde terreno decidió caminar porque necesitaba encontrar un lugar donde dormir.

Buscando y buscando encontró unos pequeños arbustos y escondido bajo sus ramas intentó dormir pero conciliar el sueño fue imposible por el rugido de algunos animales y los aullidos de los lobos a la luna.

A la mañana siguiente tenía tanta sed que lamió el agua del rocío de las hojas de las plantas y era tanta el hambre que tenía que decidió comer todo tipo de hierbas. Mientras masticaba se le apareció un jaguar provocando que éste se atragantara por el gran susto.

Paralizado por el miedo sólo veía al jaguar que se acercaba paso a paso amenazando con comérselo. Por suerte, un león que estaba cerca echó al jaguar del lugar con sus fuertes rugidos. El perrito asustado salió corriendo y desde lejos miró hacia atrás y vio al león parado mirándole. No obstante y sin pensárselo dos veces se alejó lo más que pudo y buscó otro refugio.

Al día siguiente el sol, el hambre y la sed le castigaban, por eso decidió caminar por otros lugares para ver si podía encontrar algún lago para beber agua. Mientras caminaba vio al león que le había salvado la vida durmiendo bajo la sombra de un árbol; pero también vio a una venenosa serpiente bajando silenciosamente del árbol con la intensión de morderle.

Preocupado empezó a ladrar provocando que el león se despertara y al descubrir la serpiente le pisó la cabeza. En ese momento el león descubrió que el perrito le había salvado la vida y se hicieron muy buenos amigos.

Paseaban, jugaban juntos y el león siempre distraía al cocodrilo del lago para que el perrito bebiera agua en la orilla.

Pasadas unas semanas Pedro muy arrepentido volvió a la selva a buscarlo y el perrito noblemente le perdonó el abandono y volvió a casa.

Cada mes Pedro lo llevaba a la selva y le dejaba por algunas horas para que jugara con su amigo el león porque comprendió que los amigos nunca se abandonan.

Autora: María Abreu
Si tienes animales, trátalos bien y si te sirven bien, consérvalos (Prov.7:11)








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