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domingo, 14 de octubre de 2018

ME SIENTO TRISTE, QUIERO JUGAR


José y Manuel son dos hermanitos que se llevan dos años de diferencia. A José el hermano mayor le encanta jugar con los coches de Manuel y nunca le pide permiso para usarlos.

Esto hace que Manuel se quede sentado en un rincón del salón muy triste porque aparte de que José usa sus juguetes sin su permiso tampoco lo invita a jugar con él.

Cuando Manuel se queda triste casi no habla y se pone a llorar en silencio. La madre que nota la tristeza de Manuel lo abraza y, llamando a José, se sienta con ambos y les explica con cariño:

_ José debes aprender a pedir permiso antes de usar los juguetes de tu hermano y también darle las gracias. Algo igualmente importante es aprender a compartir.

Con este consejo José se acercó a su hermanito y le dio un abrazo súper fuerte para que dejara de llorar.

Acto seguido le pidió permiso para que le dejara usar sus juguetes. Manuel con su carita dulce asintió con la cabeza.

 José dando las gracias agarró a su hermanito por la mano y lo invitó a que jugaran juntos.

Desde ese día José entendió cuán importante es aprender a pedir permiso para usar las cosas de los demás, ser agradecido y la importancia de compartir.
  
PD: A nadie le gusta que le cojan sus cosas sin permiso, por eso Manuel se puso triste.

Autora: María Abreu

No niegues un favor a quien te lo pida, si en tu mano está el otorgarlo. (Proverbios 3: 27





lunes, 1 de octubre de 2018

LA OVEJA PERDIDA


Un pastor tenía un rebaño de cien ovejas. Las conocía a todas y a cada una las llamaba por su nombre.

En la mañana el pastor reunía a todas sus ovejas y las llevaba a la colina para que comieran ricas hierbas.

En la tarde, de regreso a casa, el pastor acostumbraba a contar a todas sus ovejas para comprobar que no le faltaba ninguna. Pero un día, se dio cuenta de que le faltaba una.

Sabiendo que la ovejita corría mucho peligro fuera del rebaño el pastor dejó las noventa y nueve y se fue a buscar a la oveja perdida.

La buscó por las colinas, por los prados, por el campo hasta que la encontró debajo de un arbusto herida y temblando de frío.

El pastor se acercó a su oveja, la abrigó en sus brazos, le vendó las heridas, y la llevó de regreso a casa.

Cuando las demás ovejas vieron llegar al pastor con la oveja perdida se pusieron muy contentas.

PD: Jesús es tu pastor, él te cuida, sana tus heridas y nunca, pero nunca te dejará solo. 

(Lucas 15: 1-7)



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