.

Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos divertidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos divertidos. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de noviembre de 2016

El pececito que no sabía reciclar


En las profundidades del mar, dentro de un palacio de cristal vive el pececito Ramoncito.

Dentro del palacio hay un bello jardín donde a Ramoncito le encanta divertirse subiéndose en las flores marinas para mecerse al compás del agua.

Bueno, como Ramoncito es un pececito alegre que le gusta divertirse se le ocurrió la idea de celebrar su cumpleaño por todo lo alto. Así que invitó a todos sus amiguitos.

De mañana muy temprano llegaron los peces globos para decorar el palacio, los peces payasos para animar la fiesta, las estrellas marinas y la medusa arcoíris para alumbrar la oscuridad.
........ ......

Luego comenzó la fiesta y los invitados que vivían muy lejos llegaron montados a lomos de caballitos de mar. Todos bebían, reían, compartían y finalmente se comieron la gigantesca tarta con forma de tiburón.

Muy tarde al anochecer los animales acuáticos se marcharon del palacio y el pulpo Enriqueto decidió quedarse a ayudar a Ramoncito a limpiar el palacio.

_ ¡Manos a la obra!_ gritó el pececito Ramoncito mientras limpiaba.

Sin embargo el pulpo Enriqueto se quedó boquiabierto cuando vio que Ramoncito echaba el papel, los plásticos y los vidrios en una misma bolsa. Y después de observar unos minutos se acercó explicando:

_ ¡Ramoncito es muy importante aprender a reciclar!

_ ¿Por qué? _ preguntó Ramoncito.

_ ¡Porque cuando reciclas permitirás que esos objetos puedan volver a ser reutilizados!_ explicó el pulpo Enriqueto.

_ ¿Reutilizados cómo? _ curioseó Ramoncito.

_ ¡Es como darle una segunda vida con el mismo uso u otro diferente!_ explicó el pulpo Enriqueto.

Dicho esto el pulpo Enriqueto apartó tres pequeños contenedores: uno de color azul para el papel y el cartón, otro de color amarillo para los plásticos y otro de color verde para los vidrios.

Con estos bonitos colores el pececito Ramoncito aprendió a reciclar echando cada objeto en su lugar correspondiente.

Y como ya había dicho antes que al pececito Ramoncito le gustaba divertirse,  pues decidió organizar otra fiesta llamada: La fiesta del reciclaje

En esta fiesta todos aprendieron a reciclar de una manera muy divertida.

Autora: María Abreu

Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. (Salmo 51: 7)






jueves, 20 de octubre de 2016

EL ARMIÑO Y LA NIEVE


Sobre los prados de un cercano bosque caían los copos de nieve formados por pequeños cristales de hielo. Los copos descendían y empezaban a cubrir la superficie del prado con un gran manto blanco.

Dentro de una madriguera, un armiño movía su colita con mucha alegría y corría hacia la puerta para ver caer la nieve.

_ ¡Guau!_ exclamó con asombro y admiración.

Sus ojos no se cansaban de ver caer la nieve hasta que se le ocurrió salir a jugar. La nieve era tan blanca y esponjosa que el armiño dejaba huellas tras sus pasos.

_ ¡Oh! _ expresó sorprendido.

El armiño no perdió tiempo y comenzó a divertirse: lanzaba bolas de nieve a los matorrales,  construía  muñecos de nieve y finalmente y lo más divertido…  subió a una  montaña y comenzó a deslizarse en trineo.

Pasadas unas horas cuando el armiño regresaba a casa con su trineo se percató de que un lobo feroz lo estaba observando detrás de unos matorrales así que soltó el trineo y corrió lo más rápido que pudo y se metió en su madriguera.

Muy asustado dentro de su madriguera se miraba en el espejo para comprobar que su blanquísima piel tuviera limpia. Luego con delicadeza deslizó las puntas de sus dedos sobre su cuerpo para examinar que su blanco pelaje aún estuviera suave.

Todo esto porque quería asegurarse de que no se había ensuciado en la huida ya que le gustaba estar siempre blanco y limpio.

La nieve seguía cayendo acompañada de un silencio absoluto.  Hacía frío así que el armiño se preparó una rica cena y un té caliente. Luego se fue a dormir en su delicada cama construida con blanca lana.

Al día siguiente el armiño se asomó a la puerta de su madriguera y descubrió que la nieve estaba compacta y lisa. Se había formado una capa de hielo superficial sobre la tierra.

_ ¡Yupi!_ gritó con alegría.

El armiño muy entusiasmado supo que era la ocasión ideal para salir a practicar snowboard. Muy entusiasmo y  sin perder tiempo agarró su tabla de snowboard y se fue a la montaña.

Pero, mientras el armiño se divertía el lobo feroz se acercó a la madriguera y le tapó la puerta con basura y lodo. Luego se escondió detrás de unos pequeños matorrales a esperar a que el armiño llegara para atacarle.

Pasadas las horas el armiño regresó a su madriguera moviendo su colita de felicidad por el día tan bueno que había disfrutado. Pero sorpresivamente descubrió la puerta de su madriguera tapada con lodo y seguidamente detrás de él escuchó:

_ ¡Eh!

El armiño muy asustado miró el lobo feroz y luego la puerta de su madriguera cubierta de lodo preguntándose:

_  ¿Qué debería hacer? ¿Luchar contra el lobo o darme prisa y quitar el lodo de la puerta aunque se ensucie mi blanca piel?

¿Amiguito/a, tú qué harías en esta situación? ¡Ayuda al armiño a tomar la mejor decisión…!

Autora: María Abreu


Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Lucas 12: 25)




domingo, 16 de noviembre de 2014

El saltamontes y el grillo en busca de aventuras





Había llegado el verano y el sol brillaba en su máximo esplendor, todos los animales disfrutaban de esta hermosa estación para salir a jugar y a divertirse.

Un saltamontes que saltaba de rama en rama en los jardines de un pequeño bosque se encontró con su amigo el grillo sentado sobre una hoja tocando la guitarra y cantándole a unas mariposas.

El saltamontes moviendo sus patitas de puntillas y dando unos pasitos para adelante y otros para atrás bailó por un ratito y luego se acercó al grillo a proponerle que fueran a practicar piragüismo al río.

El grillo muy entusiasmado aceptó la propuesta y ambos agarraron una gran hoja de un árbol y se la llevaron volando hacia el río. Una vez allí dejaron caer la hoja sobre sus aguas y se sentaron sobre ella.

Con dos palitos que habían convertido en dos palas comenzaron a remar descendiendo a gran velocidad por las bravas aguas del río.

_ ¡Wow! ¡A esto se le llama deporte acuático! _ gritó el saltamontes muy feliz.

_ ¡Guau! ¡Cómo se nota que tomar aire y hacer deporte recrea el ánimo!_ exclamó el grillo emocionado.

Continuaron remando río abajo sonriendo cada vez que las gotitas de agua les salpicaban sus cabezas. Pero cuando menos se lo esperaban escucharon un sonido y al mirar para arriba se percataron de que un cuco de color gris azulado los estaba persiguiendo con la intención de comérselos.

Al cuco le hizo mucha gracia ver a sus víctimas practicando piragüismo y para burlarse de ellos hizo un par de acrobacias en el aire. Luego voló hacia ellos con el pico abierto, inmediatamente el grillo se puso de pie sobre la hoja y comenzó a hacer zigzag con la pala alejando momentáneamente al cuco de ellos.

Mas el cuco no se daba por vencido y lo intentaba una y otra vez haciendo que la hoja se inclinara y finalmente volcara. Seguidamente el grillo y el saltamontes nadaron hacia una roca que estaba cerca. El cuco al verlos sobre la roca dirigió su vuelo hacia ellos una vez más.

Un niño que jugaba con sus padres cerca del río vio al cuco y gritó:

_ ¡Papá quiero ese cuco, vamos a atraparlo!

El cuco al escuchar esto se alejó del lugar y se posó sobre una rama recordando que un tiempo atrás estuvo preso dentro de una jaula y pensó que quizás duró ese tiempo preso porque se dedicaba a atrapar insectos. Y como no quería volver a estar enjaulado se marchó del lugar.

Cuando el grillo y el saltamontes vieron al cuco irse, planearon la forma de salir de allí. Aprovechando que una hoja de un árbol había caído cerca de ellos, rápidamente  el saltamontes montó al grillo sobre su espalda y dando un gran saltó cayeron sobre la hoja y comenzaron a nadar hacia la orilla.

Una vez en la orilla del río agarraron una hoja e hicieron dos conos. En ellos pusieron un  poco de agua y la mezclaron con unas gotitas de miel de sus amigas las abejas. Caminaron hasta la sombra de un árbol y allí se sentaron para brindar por el día veraniego tan estupendo que habían disfrutado.

Autora: María Abreu

El Señor es mi pastor, nada me falta. Él me hace descansar en verdes pastos. Me conduce hacia fuentes tranquilas.   ( Salmos 23: 1-4)


sábado, 6 de septiembre de 2014

La princesa y el pasado


En un hermoso castillo vivía la princesa Dashira quien desde la ventana de su habitación se lamentaba porque los amigos de la infancia se habían distanciado de ella.

La lluvia caía y un gorrión que estaba cantando cerca del castillo buscó cobijo en la repisa de la ventana, y al escuchar los lamentos de la princesa le dijo:

_ ¡Tú sólo vives del pasado y no sabes disfrutar del día a día!

Un ratón que también estaba buscando cobijo, igualmente subió a la repisa de la ventana y al escuchar el discurso del gorrión agregó:

_ Princesa, deja ir el pasado y vive el presente.

La princesa mirando a ambos animalitos tristemente les explicó:

_ No puedo hacerlo porque fueron los mejores momentos que viví con mis amigos.

_ No te aferres a los amigos del pasado porque quizás ya han cerrado un ciclo contigo_ argumentó el gorrión.

_ Princesa, lo único que te corresponde es el presente. Hagamos un plan para que disfrutes el día de hoy _ señaló el ratón.

La princesa confundida los miró y decidió escuchar el plan de ambos animalitos para hacer del día de hoy el mejor.

Salieron a la calle y el ratoncito subido en el hombro de la princesa oculto entre su larga y abundante cabellera iba dándole ideas.

_ ¡Princesa, ahí está el príncipe Javier!

_ Ya lo he visto, pero no sé cómo acercarme a él_ dijo la princesa.

_ Agarra esa pelota y lánzala a sus pies, ya verás cómo se acerca para devolvértela. A los príncipes siempre les ha gustado el fútbol _ ordenó el ratón.

La princesa aprovechó que el príncipe se detuvo a mirar un escaparate de deporte y fuertemente le lanzó la pelota golpeándolo en la cabeza.

_  ¡Lo he matado! ¡Lo he matado!_ gritó  al ver que el príncipe había caído al suelo.

Rápidamente corrió en su auxilio y agarrándole por la cabeza le preguntó:

_ ¿Estás bien?

El príncipe desde el suelo, la miró con sus ojos azules  y con una dulce sonrisa le dijo:

_ Sólo fue un pequeño mareo. ¡No sabía que lanzabas tan fuerte!

En ese instante la princesa con una tímida sonrisa se acomodó el pelo dejando al ratón a la intemperie. El príncipe al descubrirlo muy alarmado exclamó:

_ ¡Tranquila princesa! ¡Yo me ocupo de esto! ¡No te pongas nerviosa!

El ratón al ver que el príncipe amenazaba con matarlo con uno de sus zapatos dio un salto y comenzó a correr.

El príncipe corrió detrás del ratón y la princesa detrás del príncipe gritando:

_ ¡No! ¡No por favor!  ¡No le hagas daño!

_ ¡Quédate atrás, no te acerques! _ vociferaba el príncipe sin dejar de perseguir al ratón.

El gorrión subido a la rama de un árbol, colocando sus alas sobre su barriga no paraba de reírse al observar el espectáculo.

La princesa sabía que debía correr más rápido para alcanzar al príncipe y al lograrlo lo agarró por el brazo y le suplicó:

_ ¡No le hagas daño, es mi amigo!

El ratón miró para atrás y al ver que el príncipe se había detenido, el ratón se frenó. Un poco enojado le apuntó con el dedo y le dijo:

_ ¡Préstame tu pañuelo, necesito secarme el sudor!

El príncipe permaneció boquiabierto por unos segundos… y agachándose, le entregó el pañuelo. Pero más pasmado se quedó cuando vio que el ratón se secó incluso la colita.

Segundos después el gorrión escuchó que el príncipe estaba invitando a la princesa y al ratón a una cena en el castillo y se acercó lo más rápido posible para que lo apuntaran al convite.

Entre cena y sonrisas ambos príncipes se enamoraron. La princesa comprendió lo importante que es renunciar al pasado para hacer del día de hoy el mejor.

Autora: María Abreu

Este es el día que hizo el Señor, nos gozaremos y alegraremos en él (Salmos 118:24)








PROXIMA → INICIO

SUSCRÍBETE

Vistas de página en total

TE GUSTARON LOS CUENTOS?

Sports

Cuentos por categorías

m

Visita feliz