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jueves, 30 de junio de 2016

EL ÁRBOL DE LOS ANTIVALORES

En la guarida de un denso bosque vivían dos malvadas brujas que se pasaban el tiempo haciendo hechizos y preparando pócimas mágicas.

Un día, aburridas de hacer siempre lo mismo, decidieron salir de la guarida para dar un paseo por el bosque subidas en sus escobas voladoras. 


 

Mientras volaban observaron a unos loros y a unas ardillas en las ramas de un frondoso árbol compartiendo amablemente nueces y frutas.

_ ¡No me gusta la amistad que hay en ese árbol! _ gruñó la bruja Mariza.

_ ¡Uhh, tengo una idea! ¡Destruyamos ese árbol y construyamos el árbol de los antivalores! _ refunfuñó la bruja Nahia.

_ ¿Qué son los antivalores?­_ preguntó la bruja Mariza.

_ ¡Los antivalores son una forma incorrecta y dañina de actuar! _ explicó la bruja Nahia

_ ¡Ahh, esa es la manera en la que nosotras siempre actuamos! _ comprendió la bruja Nahia.

Entre risas ambas brujas lanzaron unos polvos mágicos y destruyeron el frondoso árbol.

_ ¡Ahora construyamos el árbol de los antivalores! _ gritaron ambas.

La bruja Nahia fumando un cigarro lanzó humo negro por la boca y gritó:

_ El antivalor de la enemistad es para las raíces, el antivalor de la desobediencia es para el tronco. Los antivalores de la envidia, el egoísmo, la pereza, el orgullo, el prejuicio y la suciedad son para las ramas.

También la bruja Mariza fumando un cigarro y lanzando humo negro por la boca vociferó:

_Los antivalores del odio y la venganza son para todas las hojas.

De esta manera ambas brujas construyeron el árbol de los antivalores. Era un árbol feo, seco, negro y tenebroso; que evidentemente destruyó la paz y la amistad entre las ardillas y los loros.

Las ardillas cambiaron la amistad por la enemistad y los loros cambiaron el canto por palabras malsonantes ofendiendo en cada momento a las ardillas.

Los animales se odiaban y se peleaban entre ellos de tal manera, que la convivencia en el árbol de los antivalores era insoportable.

Ante este acontecimiento las brujas celebraban con mucho orgullo el gran trabajo que habían hecho.

Pero de repente, se asustaron al ver llegar al hada del bosque que se les acercaba diciéndoles:

_ El único valor que puede destruir todos los antivalores es el amor.

En ese instante el hada del bosque lanzó un beso de amor sobre el árbol haciendo que cada antivalor cayera al suelo reventado.

Después de esto empezó a renacer y a florecer el frondoso árbol devolviendo la amistad y la armonía entre las ardillas y los loros.

Ante este acontecimiento las brujas temblaron de miedo. Y el hada del bosque lanzándoles un lazo de luz las arrojó a sus guaridas dejándolas encerradas para siempre.

 Autora: María Abreu

 

El amor es sufrido, es benigno; no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; (1 Corintios 13:4-8)

 



martes, 7 de junio de 2016

LOS POLLITOS GEMELOS




Una gallina que vivía en un pequeño corral sintió que le había llegado la hora de poner un huevo. Y antes de poner el huevo hizo un nido con suaves pajas.

Momentos después, puso su apreciado huevo sobre el nido y se quedó allí calentándolo. Cuando llegaba la noche, la gallina leía cuentos infantilescon valores al bebé pollito que aún estaba dentro del cascaron.

Muchas veces estaba tan ilusionada que pensaba cómo sería su bebé pollito:

_ ¿Será marrón, negro o amarillo? ¡No me importa el color, lo importante es que salga sano!_ afirmaba con mucha dulzura, acariciando el huevo con una de sus alas.

Una noche mientras calentaba el huevo, la gallina sintió que algo se estaba moviendo dentro del cascaron. Apartándose miró fijamente cómo un pollito comenzó a picar el cascarón hasta que sacó una patita y luego la otra. Con mucho esfuerzo salió del huevo carraspeando y tosiendo un poco.

Segundos después salió otro pollito del mismo huevo piando:

_ ¡Pí o, pí o, pío, pío pío!

La gallina se quedó sorprendida al descubrir que habían salido dos pollitos del mismo huevo. Eran dos pollitos gemelos, amarillos e idénticos.

La mamá gallina estaba tan feliz que rápidamente los cubrió bajo sus alas.

Momentos después, llegó papá gallo de trabajar. Cuando la gallina le mostró a los bebés pollitos se desmayó, patas arriba al descubrir que eran gemelos.

Rápidamente la mamá gallina se acercó al gallo y echándole aire con sus alas le despertó del desmayo. Finalmente decidieron ponerle nombres a los bebés: a uno le pusieron Piolisto y al otro Lito.

Pasados los meses los pollitos iban creciendo. Aunque físicamente eran idénticos, en su forma de ser eran muy diferentes.

Piolisto era un pollito tan inquieto y travieso, que cada vez que su hermano el pollito Lito se acurrucaba bajo las alas de mamá gallina, él corría y tomándolo por las patitas lo sacaba a rastras de debajo de las alas de mamá gallina.

Luego salía corriendo y se subía sobre el techo del corral. Cada vez que papá gallo veía esta situación, ponía una de sus alas sobre su frente y gritaba:

_ ¡Dios mío, dame paciencia! ¡Esto es grande ser padre!

Segundos después gritaba desesperado:

_ ¡Piolisto baja de ahí, puedes caerte y hacerte daño!

Y así iban pasando los meses. Piolisto haciendo de las suyas y Lito pintando y leyendo tranquilamente.

Papá gallo y mamá gallina estaban preocupados por el comportamiento inquieto de Piolisto. Los pollitos eran muy distintos y no encontraban la manera de educarlos basados en sus diferencias.

Una tarde, mientras merendaban en la terraza del corral vieron al pollito Piolisto salir de su habitación con sus plumitas amarrillas bien estiraditas y pateando una pelota.

_ ¡Ya lo tengo!_ exclamó papá gallo.

_ ¡Qué dices cariño!_ preguntó mamá gallina.

_ Debemos inscribir al pollito Piolisto en una escuela de fútbol. Creo que le gustará, es una actividad que le permitirá estar en movimiento.

A mamá gallina le pareció muy buena la idea. Cuando se lo comunicaron a Piolisto éste  piaba de alegría sin parar de saltar.

_ ¡Pío pío pío, pío pío pío!

Una vez inscrito en la escuela de fútbol, sus padres siempre le apoyaban yendo a verlo jugar.

Pasados algunos años el pollito Piolisto se convirtió en el mejor futbolista del equipo amarillo. Disfrutaba haciendo lo que realmente lo gustaba hacer.

Mientras tanto el pollito Lito se desarrolló en la pintura convirtiéndose en un gran pintor quien también disfrutaba con su verdadera vocación.

De esta manera, con amor, negociación y orientación ambos padres lograron que sus hijos fueran muy felices haciendo lo que a ellos realmente les gustaba.
Autora: María Abreu

Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él. (Proverbios 26:6)



lunes, 6 de junio de 2016

AJEDREZ


Cuento de ajedrez para niños de preescolar


Un joven aceptó la propuesta de Satanás de jugar al ajedrez con la siguiente condición:

_ Si me ganas la partida serás libre de toda clase de mal para siempre; pero si yo gano tú serás mi esclavo eternamente_ explicó Satanás.


Comienza el juego, Satanás tiene las piezas negras y el joven las piezas blancas.

Satanás empezó a mover sus piezas en el tablero de ajedrez de tal manera que había puesto al joven en una posición donde no podía ganar.

_ ¡Jaque mate! _ canturreó Satanás.

Mas el joven con la mano temblorosa sobre su peón, intentaba pensar qué movimiento podía hacer. Estaba asustado, sabía que era muy difícil ganar.

En el lado opuesto, estaba Satanás con un resplandor misterioso en sus ojos pensando que ya habría ganado el juego.

El joven con la mano titubeante sobre su peón no encontraba qué movimiento hacer para defenderse. Para él era obvio que había perdido y que no había forma de escapar.

De pronto, un personaje con vestimenta blanca se acercó al joven y viendo algo que éste no había descubierto le dijo en secreto:

_ ¡Joven, mueve la torre, haz este movimiento!

El joven, obedeciendo la voz, movió una de sus torres y puso contra las cuerdas a Satanás.

_ ¡Jaque mate! _ cantó el joven.

Esta vez Satanás sí estaba acorralado realmente y acabó perdiendo la partida. Con lo que el joven fue librado de mal para siempre.

Autora: María Abreu

Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. (Apocalipsis 3:21)





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