.

Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos de aventuras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos de aventuras. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de noviembre de 2014

El saltamontes y el grillo en busca de aventuras





Había llegado el verano y el sol brillaba en su máximo esplendor, todos los animales disfrutaban de esta hermosa estación para salir a jugar y a divertirse.

Un saltamontes que saltaba de rama en rama en los jardines de un pequeño bosque se encontró con su amigo el grillo sentado sobre una hoja tocando la guitarra y cantándole a unas mariposas.

El saltamontes moviendo sus patitas de puntillas y dando unos pasitos para adelante y otros para atrás bailó por un ratito y luego se acercó al grillo a proponerle que fueran a practicar piragüismo al río.

El grillo muy entusiasmado aceptó la propuesta y ambos agarraron una gran hoja de un árbol y se la llevaron volando hacia el río. Una vez allí dejaron caer la hoja sobre sus aguas y se sentaron sobre ella.

Con dos palitos que habían convertido en dos palas comenzaron a remar descendiendo a gran velocidad por las bravas aguas del río.

_ ¡Wow! ¡A esto se le llama deporte acuático! _ gritó el saltamontes muy feliz.

_ ¡Guau! ¡Cómo se nota que tomar aire y hacer deporte recrea el ánimo!_ exclamó el grillo emocionado.

Continuaron remando río abajo sonriendo cada vez que las gotitas de agua les salpicaban sus cabezas. Pero cuando menos se lo esperaban escucharon un sonido y al mirar para arriba se percataron de que un cuco de color gris azulado los estaba persiguiendo con la intención de comérselos.

Al cuco le hizo mucha gracia ver a sus víctimas practicando piragüismo y para burlarse de ellos hizo un par de acrobacias en el aire. Luego voló hacia ellos con el pico abierto, inmediatamente el grillo se puso de pie sobre la hoja y comenzó a hacer zigzag con la pala alejando momentáneamente al cuco de ellos.

Mas el cuco no se daba por vencido y lo intentaba una y otra vez haciendo que la hoja se inclinara y finalmente volcara. Seguidamente el grillo y el saltamontes nadaron hacia una roca que estaba cerca. El cuco al verlos sobre la roca dirigió su vuelo hacia ellos una vez más.

Un niño que jugaba con sus padres cerca del río vio al cuco y gritó:

_ ¡Papá quiero ese cuco, vamos a atraparlo!

El cuco al escuchar esto se alejó del lugar y se posó sobre una rama recordando que un tiempo atrás estuvo preso dentro de una jaula y pensó que quizás duró ese tiempo preso porque se dedicaba a atrapar insectos. Y como no quería volver a estar enjaulado se marchó del lugar.

Cuando el grillo y el saltamontes vieron al cuco irse, planearon la forma de salir de allí. Aprovechando que una hoja de un árbol había caído cerca de ellos, rápidamente  el saltamontes montó al grillo sobre su espalda y dando un gran saltó cayeron sobre la hoja y comenzaron a nadar hacia la orilla.

Una vez en la orilla del río agarraron una hoja e hicieron dos conos. En ellos pusieron un  poco de agua y la mezclaron con unas gotitas de miel de sus amigas las abejas. Caminaron hasta la sombra de un árbol y allí se sentaron para brindar por el día veraniego tan estupendo que habían disfrutado.

Autora: María Abreu

El Señor es mi pastor, nada me falta. Él me hace descansar en verdes pastos. Me conduce hacia fuentes tranquilas.   ( Salmos 23: 1-4)


jueves, 27 de febrero de 2014

EL POLLITO DESOBEDIENTE


En un bonito gallinero vivía una gallina con sus seis pollitos, pero uno de ellos era muy desobediente. Una tarde la gallina salió de paseo con todos sus pollitos y antes de cruzar la calle dijo:

_ ¡Miren para ambos lados antes de  cruzar!

El pollito Tomasito no hizo caso a su madre y mientras cruzaba vio un coche que se acercaba a gran velocidad así que corrió asustado a la acera para evitar ser atropellado.

Por suerte sólo perdió algunas plumitas por el ímpetu del viento.

Luego llegaron al gallinero y mamá gallina se puso a preparar la cena. Al pollito Tomasito le llamaba mucho la atención el fuego, por lo que la madre le advirtió:

...... ....
_ ¡Tomasito no te acerques mucho al fuego porque te puedes quemar!

Pero el pollito Tomasito como era muy desobediente se acercó demasiado y se le quemó un dedito de la patita. La mamá gallina le escuchó piar de dolor y fue a curarle.

Pasaron unos días y el pollito Tomasito como era un poco inquieto estaba aburrido y se acercó a su mamá  preguntando:

_ ¿Puedo ir a la finca a buscar lombrices?

_  ¡Hijo, está nublado y parece que va a caer una tormenta!  ¡Mejor ve mañana! _ respondió la madre.

_ ¡No lloverá mamá!_ dijo el pollito Tomasito.

 Y desobedeciendo una vez más, agarró una bolsita, se la puso en el cuello y se marchó a la finca.

Allí con su piquito comenzó a atrapar lombrices de diferentes tamaños y las iba guardando en su bolsita.

Pero mientras intentaba atrapar una lombriz que se enterraba en la tierra, escuchó el estallido de un trueno y luego vio un relámpago en el aire. Sus plumitas se le erizaron porque comenzó a caer una gran tormenta.
............ ...........

Como el pollito Tomasito sabía que el agua y los rayos le podían quitar la vida, rápidamente se subió a una roca y encontró refugio en una pequeña cueva. Allí dentro piaba por haber desobedecido a su madre.

La noche avanzaba y el pollito Tomasito comenzó a temblar de frío y a estornudar. En ese momento pensó:

_ ¡Creo que me he resfriado con el frío! 

Las horas seguían pasando y cuando ya había amanecido, el pollito Tomasito se despertó con mucha fiebre, con decaimiento y con sus plumas erizadas.

Se sentía tan mal de salud que en medio de su lamento dijo:

_ ¡Este es el fin de mi vida!


Dicho esto, cayó boca arriba, estiró las patitas, giró su cabecita y sus ojitos se cerraron.

En ese momento llegó mamá gallina y con su pico lo agarró por las patitas y se lo llevó al gallinero. Allí lo abrigó bajos sus alas y lo curó.
...... ´´´´

Pasaron algunas horas hasta que el pollito Tomasito despertó y bajo las alas de mamá gallina sacó la cabecita y pensó:

_ ¡A partir de ahora, obedeceré a mi madre para que todo me vaya  bien en la vida!

Autora: María Abreu


LEER EL CUENTO EN INGLÉSThe Rebellious Chick

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. ( Efesios 6:1-3)



miércoles, 26 de febrero de 2014

EL PERRITO CALLEJERO

Una tarde de verano la señora Martha salió a pasear a su perrito Trino por el parque de la ciudad. El perrito Trino era un perro muy bien cuidado, su dueña siempre lo tenía limpio y perfumado.

Cuando estaban en el parque la señora Martha quitó la cadena de su querido perrito para que paseara con toda libertad, luego cuando vio que su perrito estaba sentado en las hierbas descansando de su pequeño paseo, se acercó y le tiró un filete. En ese momento llegó un perrito callejero con mucha hambre y olfateando el filete dijo:

- ¿Puedes compartir tu filete conmigo?  La verdad es que tengo hambre.

El perrito Trino le miró a los ojos y subestimándole le dijo:

- No comparto mi comida con perros callejeros como tú.

Luego el perrito Trino limpio y perfumado lo echó de su lado a ladridos.

El perrito callejero, sucio, cabizbajo, con hambre y con el rabo entre las piernas,  se apartó de aquel perrito limpio y perfumado tristemente.

Horas después comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos. El perrito callejero comenzó a correr buscando un lugar para protegerse del agua, y al ver un garaje, inmediatamente entró en él para refugiarse, pero de repente detrás de él escucha unos ladridos.

Cuando el perrito callejero miró para atrás, vio  casualmente  que quien le estaba echando a ladridos del garaje era el mismo perrito limpio y perfumado que no quiso compartir su filete con él, así que se marchó del garaje cabizbajo  y con el rabo entre las piernas intentando buscar otro refugio.

Dos días después la señora Martha  salió nuevamente a pasear a su perrito Trino  por el parque y le quitó  la cadena  para que paseara libremente.

El perrito Trino caminaba y corría muy feliz alejándose cada vez más del parque. Dobló esquinas, cruzó calles, saltaba por encima de las hierbas hasta que en un momento se detuvo muy asustado preguntándose:

- ¿En dónde estoy? Creo que me he alejado demasiado del parque y ahora estoy perdido… No sé cómo llegar a casa.

El perrito Trino con el rabo entre las piernas comenzó a caminar muy preocupado y aullando.

Minutos después el perrito callejero caminaba por la otra acera de la calle, y alcanzando  a ver al perrito Trino  se detuvo porque sintió el instinto de  que al perrito Trino le estaba pasando algo, así que cruzó la calle corriendo y se le acercó preguntándole:

- ¿Qué te pasa perro? ¿Por qué estas preocupado y con el rabo entre las piernas?

El perrito Trino le miró  y le dijo:

- Mi nombre es Trino, estoy preocupado porque salí de paseo, me he  despistado, y me alejado  demasiado del parque, ahora estoy perdido y sin orientación. Nunca había caminado por estas calles. Estoy muy preocupado no sé cómo llegar a casa.

El perrito callejero le puso una pata en el hombro y consolándole le dijo:

_ ¡Tranquilo perro! Yo me sé el nombre de todas estas calles, suelo caminar por todos estos lugares. ¡Yo te ayudaré a ir a casa! ¡Confía en mí!

- Pero es que no he sido amable contigo, ni te he ayudado cuando tú me has necesitado. No creo que me puedas hacer un bien, cuando yo no te lo he hecho a ti. - dijo el perrito Trino sorprendido.

  - ¿Sabes? en la vida debes aprender que ayudar a los demás nos hace ser más felices y mejores ciudadanos – dijo el  perrito callejero amablemente.

- ¡Gracias! ¡Agradezco este gesto tan bonito de tu parte!- dijo el perrito Trino muy preocupado.

Los dos perritos recorrieron y cruzaron  calles, doblaron esquinas  hasta que por fin llegaron a la casa del perrito limpio y perfumado.

- ¡Por fin has vuelto a casa mi lindo perrito! - dijo su dueña Martha felizmente mientras lo abrazaba y lo besaba.

El perrito callejero levantó una patita despidiéndose del perrito Trino y comenzó a caminar para marcharse a la calle nuevamente.

El perrito Trino comenzó a aullar muy triste porque su amigo se marchaba.

La señora Martha  miró al perrito callejero y luego al perrito Trino y le dijo:

-Ya entiendo… Quieres que adoptemos a ese lindo perrito callejero para que viva aquí con nosotros.

La  señora Martha adoptó al perrito callejero y ambos fueron muy felices. El perrito Trino aprendió a compartir, a ser amable con los demás y  a valorar  la amistad.
Autora: María Abreu

Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:35)





El lagarto harto - Cuento sobre la identidad

En un frondoso bosque vivía un lagarto que estaba harto de tomar el sol sobre una piedra, harto de comer insectos, harto de perder su cola y volver a regenerarla. En fin, estaba harto de ser un lagarto.

Una mañana decidió subir a la montaña del bosque a visitar a un amigo mago y al llegar a su madriguera dijo:

_ ¡Hola amigo, he venido a pedirte un favor!

El lagarto mago con sombrero de punta y aún en pijama se acercó y  preguntó:

_ ¿En qué te puedo ayudar querido amigo?


_ Quiero que digas unas palabras mágicas y me pongas alas. Deseo ser un lagarto volador. Quiero cambiar mi identidad  _ suplicó el lagarto.

_¡De acuerdo!_ dijo el lagarto mago. Y en ese mismo instante pronunció unas palabras mágicas e inmediatamente al lagarto  le salieron dos alitas por el costado.

_ ¡Gracias lagarto mago! ¡Qué vivan los aventureros! _ dijo el lagarto felizmente mientras volaba alejándose de la montaña.

Pero las aves del cielo lo miraban y se reían de él porque les parecía  ridícula la manera en que movía la cola mientras volaba. De pronto una gran ave se acercó y lo atrapó  en su pico y comenzó a volar cada vez más alto.

El lagarto, harto de estar en el pico de la gran ave y de ver que lo elevaba cada vez  más alto  le dijo:

_  ¡Oye, suéltame, porque si me comes te daré muy mala digestión y haré que vomites!

La gran ave al escucharlo  lo soltó desde una gran altura.

El lagarto, harto de ver que  estaba cayendo en picado comenzó a gritar fuerte de miedo, pero segundos antes de estrellarse en el suelo recordó que tenía dos alitas y comenzó a agitarlas evitando su desgracia y voló hacia la montana nuevamente donde su amigo el lagarto mago diciéndole:

_ Ya no quiero ser un lagarto con alas, es un peligro estar allá arriba, además estaba harto de agitar estas dos alitas. Quiero tener otra identidad. Necesito que me conviertas en un pez de bonitos colores, creo que será más divertido.

 El lagarto mago aún en pijama le dijo:

_ Vayamos a la orilla del río.

Ambos lagartos se marcharon a la orilla del río y una vez allí, el lagarto mago dijo las palabras mágicas convirtiendo a su amigo en un pez de lindos colores.

Entonces el lagarto convertido en pez nadaba y nadaba dentro del río mirando diferentes especies de pececitos, pero de repente ve que un gran pez viene nadando hacia él para comérselo.
Inmediatamente movió sus aletas y comenzó a nadar rápido. 

El gran pez comenzó a perseguirlo hasta que ambos se encontraron dentro de  una cascada. 

El  pez lagarto cayó en picado. Y al final de la cascada,  harto de ser perseguido, se escondió dentro de  una pequeña cueva. El gran pez negro lo perdió de vista y se alejó.

En ese momento, solo y escondido, el pez lagarto comenzó a  echar  de menos su identidad y se le salió una lágrima.

Minutos después cuando vio que ya no estaba en peligro salió de la cueva y comenzó a nadar.

_ Tengo que buscar la manera de salir de aquí, quiero ser como era antes, quiero aceptarme como soy, ¡Quiero recuperar mi identidad!

En ese instante miró para arriba y vio una hoja que flotaba, saltó sobre ella, y comenzó a gritar:

_ ¡Lagarto mago, sácame de aquí! ¡Auxilio! ¡Quiero volver con los míos!

El lagarto mago se acercó a la orilla del río y dijo las palabras mágicas. En ese instante el pez lagarto recuperó su identidad y volvió a ser un lindo lagartito verde. Flotando encima de la hoja remó hacia la orilla y volvió a su tierra.

Cuando sus amigos lo vieron llegar, lo abrazaron e hicieron fiesta porque su amigo a quien echaban tanto de menos había vuelto.

Autora: María Abreu


SALMO 100:3
Reconozcan que el SEÑOR es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado.





El padre gruñón



Había una vez un padre de familia que era muy gruñón. Cuando ponía cara de enojado era como si fuera la señal de un relámpago que luego traería el sonido de los truenos.

Sí, el sonido de los truenos, porque usaba un tono de voz muy alto para corregir a sus hijos. Y  muchas veces caía la tormenta… los ponía de castigo.


Una tarde, cuando llegó el verano, la madre planeó unas vacaciones para ir a las montañas con toda la familia, el padre le dijo que no podía ir porque tenía mucho trabajo. La madre y los niños les insistían para que les acompañara pero no lograron convencerle. Así que al final cogieron el coche  y se marcharon.

Pasaron dos días y en la soledad el padre pensó que el sentido de la vida es el amor aunque no seamos correspondidos. Por tal motivo pidió sus vacaciones por adelantado para ir a darle una sorpresa a su familia.

Con mucha ilusión cogió el tren y luego un taxi que lo dejó cerca de la carretera que según se había informado su familia pasaría por ahí a esa hora. Y ciertamente así fue, cuando vio el coche  comenzó a saltar y a levantar los brazos.

_ ¡Ey familia aquí estoy!­_ gritó felizmente, pero la madre  no lo vio y siguió de largo.

El padre sin darse por vencido comenzó a correr con las manos en alto detrás del coche  hasta que uno de sus hijos lo vio y emocionado gritó:

_ ¡Mamá ese es papá, es papá!

La madre frenó rápidamente y los niños salieron corriendo del coche con los brazos abiertos a su encuentro, la madre como llevaba unos zapatos incómodos se los quitó y también corrió a recibirle.

Los niños emocionados le dijeron:

_ ¡Vámonos al río papá!

El padre echó a correr y se tiró en un charco de barro preguntando entre risas:

_ ¿Este es el río?

_ No papá, el río está al lado_ respondieron los niños lanzándose al charco de barro  para estar con su padre y luego se metieron en el río disfrutando todos juntos.

Horas después la madre se le acercó a solas y le preguntó:

_ ¿Por qué has hecho todo esto?

_ Porque no quiero que mis hijos me recuerden como un padre gruñón, sino como padre divertido que los ama_ contestó.



De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Perdone como el Señor los perdonó ( Colosenses 3:13)


Autora: María Abreu



INICIO

SUSCRÍBETE

Vistas de página en total

TE GUSTARON LOS CUENTOS?

Sports

Cuentos por categorías

m

Visita feliz