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jueves, 25 de mayo de 2017

Lucía limpia y ordena su habitación

_ Mamá, mamá. No encuentro mi muñeca favorita _ vociferó Lucía.  

La madre, que estaba en el salón, se dirigió hacia la habitación de Lucía y le dijo:


_ ¡Mmmm! No encuentras tu muñeca…, entiendo el por qué.

_ Mamá, no la encuentro por ningún lado _ se lamentó Sofía.

_ Hija, con todo este desorden que tienes en tu habitación es normal que no la encuentres. Si quieres encontrarla piensa en la limpieza y el orden _ explicó la madre dulcemente.

_ ¿Por qué mamá? _ preguntó Sofía.

_ Observa tu cuerpo, todo está en su lugar. Imagina que tus ojos un día estuvieran en las manos, otro día en los pies o en la rodilla _ expuso la madre.

_ ¡Eso sería un desastre! _ exclamó Lucía.

_ Pues debes aprender que el orden es importante para saber en dónde está cada cosa _ reveló la madre.

_ ¡Yupi! Pues voy a ordenar mi habitación para encontrar mi muñeca preferida.

Dicho esto, Lucía comenzó a ordenar su habitación: recogió la ropa y la guardó en el armario. La ropa sucia la llevó a una cesta. Los zapatos los colocó en el zapatero.

_ ¡Lo estás haciendo muy bien!_ susurró la madre.

Lucía guiñó un ojo y continuó ordenando su habitación: los papeles y los libros los guardó en un estante.  Finalmente se puso a barrer el suelo.  Mientras barría debajo de la cama se llevó una grata sorpresa:

_ Mamá, mamá, mira…, mi muñeca preferida estaba debajo de la cama. ¡Voy a jugar con ella!

De esta manera Lucía aprendió la importancia del orden y la limpieza.

Autora: María Abreu

¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?  (Proverbios 20:9)




Cómo enseñar al niño a protegerse del mal

La madre leía un cuento antes de dormir a Leo cuando de repente este la interrumpió preguntando:
_ ¿Mamá, cómo puedo protegerme de las cosas malas?

_ Aprendiendo a escuchar la voz de tu conciencia _ respondió la madre.

_ ¿qué es la conciencia mamá?_ indagó Leo.

_ La conciencia es la alarma que te avisa cuando algo está mal _ respondió la madre.

_ ¡Oh! _ Se maravilló Leo.

_ Te propongo un juego de preguntas y respuestas para que aprendas a escuchar la voz de tu conciencia _ planeó la madre.

_ ¡Ok, mamá!_ aceptó Leo.

_ Supongamos que alguien te dice que  mientas a tus padres. La alarma de tu conciencia sonará y tú qué dirás:

_ Mentir no está bien.

_ Si alguien quiere tocar alguna parte íntima de tu cuerpo. La alarma de tu conciencia sonará y tú qué dirás:

_ ¡Yo no permito que me toquen! Me alejo de esa persona y se lo cuento a mamá y papá.

_ Si alguien te pide que hagas cosas malas. La alarma de tu conciencia sonará y tú qué dirás:

_ No, eso no me gusta. 

_ Hijo, así funciona la alarma de tu conciencia. Te advierte del peligro, por eso es muy importante aprender a escucharla y a obedecerla _ explicó la madre.

Autora: María Abreu

Dios nos ha dado la conciencia para que podamos examinarnos a nosotros mismos. (Proverbios 20:27)


martes, 23 de mayo de 2017

EL CÁNCER DEL RECHAZO

_ ¡No quiero ser tu amiguita!_ le dijo la ranita Alicia al sapito Cirilo cuando éste le preguntó si podía jugar con ella en el jardín.

Al escuchar esto, los ojitos saltones del sapito Cirilo se les empequeñecieron de tristeza al sentirse rechazado.

Minutos después la ranita Alicia comenzó a regar las flores del jardín con un cubito de agua. El sapito Cirilo que estaba debajo de una flor, dio un salto y preguntó:

_ ¿Puedo ayudarte?

_ ¡No gracias!  ¡No creo que seas capaz de hacer esto!

Con todos estos rechazos, el sapito Cirilo caminó hacia una flor con un sentimiento doloroso en su corazón y pensando:

_ ¡A mí nadie me quiere!

Desde ese momento el sapito Cirilo comenzó a perder valor propio. El sentimiento de rechazo comenzó a convertirse en un cáncer que lo iba destruyendo por dentro.

Cada día, cuando los animales jugaban en el jardín, el sapito Cirilo se quedaba debajo de la flor por temor a que también le rechazaran.

Una mariposa que conocía la situación del sapito Cirilo comenzó a revolotear frente a su cara y le explicó:

_ Sapito Cirilo, si la ranita Alicia te rechaza es porque ella tiene problema interno, no tú.

_ Es que no sé cómo vencer este sentimiento de rechazo  _ se lamentó el sapito Cirilo.

_ La mejor manera de vencer el rechazo es reconocer el valor que tienes y lo competente que eres. Tú puedes hacer cosas, y puedes hacer nuevos amigos.

Con este consejo, el sapito Cirilo sacó pecho, se puso de pie y saltó pensando:

_ ¡Tengo valor, soy competente!

Y entre saltos y saltos se acercó a los demás animalitos, se puso a jugar con ellos e hizo nuevos amiguitos.

La ranita Alicia, cuando vio lo aceptado y querido que era el sapito Cirilo, se acercó y le pidió perdón. También le pidió que le dejara ser su amiguita a lo que el sapito Cirilo aceptó. 

Desde entonces el sapito Cirilo y la ranita Alicia fueron muy buenos amigos y jugaban felices en el jardín.

Autora: María Abreu


¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? (Romanos 2:4)


miércoles, 17 de mayo de 2017

El príncipe y la sirena, Capítulo III

               El espíritu de los piratas



Una tarde de verano el dios Forcis, dios marino y padre de las sirenas salió de vacaciones con Nereo padre de las nereidas. Ambos tomaron forma humana y salieron del mar yéndose al lago del bosque.


Allí disfrutaban junto a las ondinas, ninfas acuáticas de espectacular belleza que habitaban en el lago azul del bosque



Mientras que en las profundas aguas del mar la sirena Sahira y la sirena Rina visitaban a sus amigas las nereidas.

La sirena Sahira y la sirena Rina, surgían entre las olas del mar jugando y danzando con sus amigas las nereidas, pero mientras jugaban una extraña luz de color roja las perseguía.

_ ¡Nos está persiguiendo una extraña luz!_ dijo la sirena Rina muy asustada.

_ ¿Pero qué cosa es esa? _ preguntó la nereida Silfa.

_No huyan de mi presencia sirenas y nereidas. Soy el fantasma de los piratas. Yo gobernaré el mar con sus criaturas. Comenzaré por ustedes por ayudar a los marineros a surcar los procelosos mares y no dejar que mis piratas hagan bien su trabajo que es el de capturar barcos en busca de fortuna y dinero_ dijo el fantasma de los piratas dentro de un esqueleto humano.

_ ¡Oh! Es el fantasma de los piratas y nuestro dios Forcis no está aquí para ayudarnos _ comentó la sirena Sahira muy asustada.

_ Tienes razón, tu dios Forcis, el dios de este mar se ha ido y desde ahora yo gobernaré sobre todas las criaturas marinas _ indicó el fantasma de los piratas.

El fantasma de los piratas le hizo el llamado a una gigantesca ballena. Esta llegó preguntando:

_ ¿En qué puedo servirle amo fantasma?

_ Abre tu gran boca y trágate a la sirena Sahira _ señaló el fantasma de los pirata.

La gigantesca ballena abrió su gran boca y se tragó completamente a la sirena Sahira. Ésta intentó escapar nadando pero no lo consiguió.

_ ¡Ya está tragada! Puedes marcharte, espero que no te haya dado mala digestión _ dijo el fantasma de los pirata entre burlas.

_ ¡Pagarás por esto, deshonrado y malvado fantasma! _ gritó la nereida Dashira.

_ ¡Lo pagarán ustedes! A partir de ahora yo tengo el control _ expresó el fantasma de los piratas.

La sirena Rina y las tres nereidas intentaron hechizar al fantasma con sus cantos y sus embrujos pero no pudieron.

_ Amigas nereidas y sirenas, no soy un simple humano al que ustedes seducen y embrujan con su dulce y hechicero canto. Tengo el poder de aparecer y desaparecer. Soy un lindo espíritu sin cuerpo metido en este esqueleto humano que encontré aquí en el mar, me veo muy bien dentro de él _ dijo el fantasma pirata.

Dicho esto llamó a cuatro grandes serpientes marinas para que atraparan a las tres nereidas y a la sirena Rina.

Las cuatro serpientes atraparon a las tres nereidas envolviéndola con su cola y luego la lanzaron a una antigua jaula.

Pero cuando una de las serpientes intentó atrapar a la sirena Rina ésta dio un gran salto hacia la superficie del agua. En ese momento la bruja Marileyda volaba por encima del  mar convertida en un gigantesco murciélago y viendo el salto de la sirena Rina muy sorprendida dijo:

_ ¡Eso que ha saltado a la superficie parece una sirena! No lo puedo creer…, las sirenas no existen, quizás fue un gran pez. Creo que los años me están traicionando la vista ¡Mejor me voy al bosque!

La serpiente marina también nadó y subió a la superficie del agua atrapando a la sirena Rina en el aire y la metió en la jaula.

_ ¡Sácanos de aquí espíritu de los piratas! _ ordenó la nereida Nadia.

Pero el espíritu de los piratas seguía con su maquiavélico plan de destruir a las sirenas y a las nereidas para que no siguieran ayudando a los marineros en los peligrosos mares.

Atrapada dentro de la jaula la sirena Rina comentaba a las nereidas:

_Mi hermana la sirena Jarisna sabe las letras de una canción que ahuyenta a los fantasmas.

En ese instante el fantasma de los piratas mirando a las sirenas comenzó a producir una extraña vibración y un espantoso ruido que hizo estremecer las aguas del mar. Inmediatamente comenzaron a reunirse frente a él diferentes animales acuáticos.

_ ¡Ha llegado uno de los animales que más necesito! ¡Bienvenido a la función mi amigo  calamar gigante!_ señaló el fantasma de los piratas.

_ ¿En qué puedo servirle amo? _ preguntó el gigantesco calamar.

_ Necesito que abraces a los barcos con tus tentáculos, los hundas en el mar y los traigas hacia mí _ explicó el fantasma pirata.

Mientras, en la ciudad real, la princesa Jarisna pensaba en sus hermanas, por tal razón se acercó a su esposo el príncipe Marcos diciéndole:

_ Hoy el día está soleado, me gustaría ir al mar a darme un baño.

_ ¡Es cierto, el día está hermoso, yo iré contigo, así nadamos juntos!_ sugirió el príncipe Marcos.

_ Perdona príncipe Marcos,  pero me gustaría ir sola, sino te importa. Otro día vamos juntos _ dijo la princesa Jarisna.

_ Está bien princesa, iré a la sala de música y tocaré el piano. ¿Regresarás pronto verdad? _ preguntó el príncipe Marcos.

_ Sabes que cada vez que voy al mar sólo me quedo dos horas bañándome _ explicó la princesa Jarisna despidiéndose con un beso.
 
Cuando la princesa Jarisna llegó al mar se lanzó a las aguas convirtiéndose en una hermosa sirena y comenzó a nadar rumbo a la cueva de las sirenas para encontrarse con sus hermanas, sirena Rina y sirena Sahira.

_ ¿Qué extraño, mis hermanas no están aquí? _se preguntó la sirena Jarisna.

Nadaba por los alrededores de la cueva y no encontraba a sus dos hermanas, entonces entonó el canto de las sirenas el cual era la manera habitual de comunicarse, pero sus hermanas no respondieron.

 _ Mis hermanas no han respondido a mi canto. Creo que algo les habrá pasado _ pensó la sirena Jarisna muy preocupada. 

Luego salió de la cueva y nuevamente entonó el canto de las sirenas.

Este dulce canto escucha
Como un tierno niño en su cuna
Duerme bajo la dulce melodía
Que mañana brillará un nuevo día

Duerme que el azul del mar
Te hará dormir y descansar
Duerme que ya tienes en tus manos
El descanso tan anhelado

No es verdad que estás en peligro
Son cuentos tristes que te han leído
Duerme que alguien cuida tus sueños
No creas que Dios está tan lejos

La sirena Rina atrapada en la jaula escuchó el canto de su hermana y respondió entonando el mismo canto.  Continuará...

Leer el capítulo I, El príncipe y la sirena, capítulo I
Autora: María Abreu





martes, 2 de mayo de 2017

El sentimiento de culpa del hámster

A la deriva en un barquito de plástico estaba un hámster. Ahí acostado una nube negra de pensamientos de culpa invadían su mente.

Este sentimiento de culpa le hizo tomar la decisión de irse al mar. Allí flotaba sin rumbo, sin deseos de vivir.

Sentía culpa y vergüenza por una mala acción que había hecho. Su conciencia le había declarado… Culpable.

El sol quemaba los pelitos de su piel y estaba deshidratado; pero no le importaba.

Un delfín muy amistoso que jugaba con las olas descubrió al hámster en el barquito y se acercó a preguntar. Entonces el hámster le contó la mala acción que había hecho y lo mal que se sentía.

El delfín se quedó pensando y luego comenzó a explicar:

_ Para librarte del sentimiento de culpa debes pedir perdón a Dios y luego a quien le hayas hecho el daño.

_ ¡Dudo que me perdonen! _  lamentó el hámster.

_ ¡No puedes vivir con culpa! Vete donde el afectado, pídele perdón de una manera breve sin involucrar a nadie más.

_ ¿Y por qué no puedo involucrar a nadie más? _ preguntó el hámster entre lágrimas.

_ Porque si involucras a alguien más estarás defendiéndote y no confesando tu culpabilidad.

_ ¡Oh, muchas gracias amigo!

Siguiendo el consejo del delfín, el hámster le pidió que le ayudara a llegar a la orilla. El delfín empujó el barquito y cuando llegaron a la orilla le recordó:

_ ¡El único que te libera del sentimiento de culpa es el perdón!

El hámster se lo agradeció una vez más y luego corrió hacia una madriguera. Allí se encontró con quien le había hecho daño, le pidió perdón y fue liberado de la culpa.

A partir de ahí, el hámster iba al mar a navegar en su pequeño barco; pero esta vez de una manera distinta. Disfrutaba del mar con su amigo el delfín.

Autora: María Abreu


Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. (Salmos 51: 17)


domingo, 30 de abril de 2017

¡NO TEMAS PEQUEÑO!

El pequeño duende salió corriendo de entre las flores del bosque y entró a su casita muy nervioso.

Caminó hacia la cocina y encontró a la madre preparando la comida. Quiso guardar silencio pero no pudo, sentía incertidumbre; por eso exclamó:


_ ¡Mamá tengo temor!

La madre le miró muy comprensiva. Dejó de cocinar, agarró al pequeño duende de la mano y se lo llevó al salón. Allí lo sentó en el sofá y comenzó escucharlo:

_ Mamá tengo temor a la oscuridad, temor a las serpientes, temor a que te mueras, temor a quedarme  solo, temor a…

_ ¡Para hijo!_ interrumpió la madre y luego añadió:

_ Todos tenemos temor a algo en la vida.

_ Sí mamá; pero es que este temor está controlando mis emociones. ¡No tengo paz ni alegría!

Ante esta confesión la madre guardó silencio y mirando la angustiada carita de su pequeño duende le dijo:

_ Cuanto tengas temor acuérdate del apóstol Pedro.

El duende reposó su carita sobre su mano derecha y luego preguntó:

_ ¿Por qué mamá?

_ Cuando vino la tormenta en el mar, Pedro le dijo a Jesús: Señor si eres tú permite que yo baje de la barca  y Jesús le dijo ven. Y Pedro comenzó a caminar sobre las aguas sin apartar la mirada de Jesús.

_ ¿Y qué pasó luego mamá? _ indagó el pequeño duende con mucho interés.

_ Que luego Pedro apartó la mirada de Jesús y mirando hacia arriba vio unas enormes nubes negras que cubrían el cielo, luego miró hacia abajo y vio cuán profundas y peligrosas eran las aguas. ¡Sintió miedo y comenzó a hundirse!

_ ¿Y qué me quieres decir con esto mamá? _ preguntó el pequeño duende muy atento.

_ Quiero decir que el mejor paso para librarte del temor es no apartar tu mirada de Jesús.

Con este consejo de mamá, el pequeño duende fue creciendo confiando en que Jesús siempre nos ayuda en medio del temor. ¡Jesús es nuestro héroe!

PD: El temor viene cuando dudamos de que Dios puede controlar nuestra situación.

Autora: María Abreu

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Isaías 41:10)





jueves, 20 de abril de 2017

LA ARDILLA Y EL ENOJO

En un pequeño bosque vivía la ardilla Isabella. Ésta cuando se enojaba zapateaba con los pies, gritaba e insultaba a su familia y amigos.

Cada vez que quería conseguir algo lo lograba a base de gritos, insultos y rabietas. Era su manera de tener el control de las cosas. Y después de esto actuaba como si nada hubiera pasado.

Una tarde, la ardilla Isabella salió con sus amigos a reunir alimentos para el invierno. Iba echando en una cestita que tenía en su cabeza: nueces, hojas y raíces.

La ardilla Amara que también estaba recogiendo nueces, hojas y raíces del suelo se despistó y chocó con la ardilla Isabella frontalmente.

Ante este hecho, a la ardilla Isabella se le cayeron los alimentos y quedaron esparcidos por todo el suelo. Por lo que le dio un arranque de ira y empezó a gritar y a insultar a la ardilla Amara acusándola de torpe e inútil.

Era tanta la ira de la ardilla Isabella que su cuerpo se tensó y las venas del corazón se le taponaron provocándole un infarto.

Las demás ardillas, pese al mal trato que le había dado la ardilla Isabella se preocuparon mucho y rápidamente llamaron una ambulancia y se la llevaron al hospital.

Una vez allí, el médico Duende Azul, la estabilizó y horas después comenzó a explicarle:

_ ¡El enojo es un suicidio, casi te mueres de un infarto! ¡Debes aprender a controlarlo!

_ ¡Es que no sé cómo controlar mi enojo, doctor!_ expresó la ardilla Isabella acostada en la cama junto a un monitor cardiaco.

_ Debes identificar la causa, aceptar que estás enojada y luego trabajar en este sentimiento tan negativo que es el enojo _ explicó el doctor.

_ ¡Muchas gracias doctor, me llevaré de su consejo! _ reflexionó la ardilla Isabella.

Dos días después, a la ardilla Isabella le dieron el alta hospitalaria y volvió al bosque con sus amigas a recoger alimentos. Con una actitud tranquila y relajada les pidió perdón a todas por los gritos e insultos que les había dicho.

Con este infarto la ardilla Isabella comprendió que no vale la pena enojarse por cualquier cosa ni gritarle a los demás.

Autora: María Abreu

No te apresures en tu corazón a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios. (Eclesiastés 7:9)




EL TIGRE ANTE EL CONFLICTO

El tigre Leonardo estaba cansado de vivir en conflicto con el león. Éste siempre lo atacaba y le hería verbalmente. Tenían choque de personalidad.

También había tenido algunos pequeños conflictos con otros animales de la selva. Era difícil la situación para el tigre Leonardo. Se sentía triste, inseguro y a veces culpable.

Mantener la paz era difícil para él, por lo que se apartó de la selva y se fue hacia unas espesuras de arbustos  para no tener contacto con nadie.

Allí se sentó en el suelo con una enciclopedia de pensamientos tristes en su mente.

Justo enfrente de él una abeja estaba trabajando en un panal de miel. Al ver  la desmoralización de tigre se acercó a preguntar:

_ ¿Qué te pasa?

El tigre le contó sus penas mientras la abeja revoloteaba enfrente suyo. Ésta después de escucharlo le dijo:

_ En la vida siempre tendremos conflictos, así es la naturaleza en donde vivimos.

_ Pero es que no sé cómo enfrentarlo _  se lamentó el tigre.

_ Primero debes comprender cuál es el origen del conflicto y mantenerte callado _ explicó la abeja.

_ ¿Por qué? _ preguntó el tigre melancólico.

­ ­_ La respuesta más poderosa ante el conflicto es el silencio. Cuando guardas silencio ante quien quiere meterte en un conflicto, éste finalmente se autodestruirá.

Dicho esto, la abejita se marchó y continuó trabajando en su panal de miel. El tigre continuó sentado y reflexionando. Luego agarró una hojita verde y escribió:

_ ¡Debo guardar silencio!

Horas después se levantó y se marchó a lo llano de la selva. Allí cuando algunos animales querían meterlo en algún conflicto el tigre sacaba su hojita verde y leía para sí:

_ ¡Debo guardar silencio!

De esta manera el tigre aprendió que la manera de responder ante un conflicto es una elección. y la mejor elección es:

_ ¡Debo guardar silencio!
Autora: María Abreu


Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido. (Proverbios 17:28)


miércoles, 19 de abril de 2017

EL CONEJO RENCOROSO

Una mañana el conejo Abiel se despertó y recordó que alguien le había ofendido. Se sintió mal, quiso desquitarse; pero decidió guardárselo. 

Se levantó de la cama, salió de su madriguera y se fue a trabajar a la huerta. De camino se encontró con alguien que hacía varios años le había humillado. Quiso vengarse; pero sintió que no podía, y también se lo guardó.

De esta manera el conejo Abiel fue guardando en su corazón: odio, enojo, amargura, resentimiento…, que lo llevaron a ser rencoroso.

Cuando llegó a la huerta, se puso a sembrar zanahorias y lechugas con los demás compañeros. Pero con su actitud rencorosa entre gritos y enojo empezó a llevarse mal con todos.

Al final de la jornada, cuando llegó a su madriguera, se preparó un té, se sentó en el sofá y se puso a ver la televisión; pero se sentía triste. No quería tener rencor en su corazón.

Con los primeros rayos del sol de la mañana, el conejo Abiel se levantó decidido a subir a la una montaña a buscar una solución a su rencor. Para ello fue a visitar a un hombre sabio a quien le confesó:

_ Necesito tu ayuda, siento mucho rencor en mi corazón que me está destruyendo por dentro.

El hombre sabio que estaba meditando bajo la sombra de un árbol, miró al conejo Abiel, pensó por un momento y luego le expuso:

_ Para librarte del rencor debes seguir estos cuatro pasos:

_ Por favor, dígame cuáles son esos pasos _ indagó el conejo Abiel.

_ Debes confrontar el rencor, admitir que sientes rencor, renunciar a este rencor y perdonar.

El conejo Abiel guardó silencio por un momento y acercándose le dijo:

_ ¡Muchas gracias, sabio consejo!

_ Recuerda…, tu responsabilidad es perdonar renunciando a vengarte sin importar el daño que te hayan hecho _ le explicó el hombre sabio dándole una palmadita en la espalda.

Luego el hombre sabio le invitó a que se quedara a compartir una buena parrillada a lo que el conejo Abiel aceptó muy contento.

Desde ese día el conejo Abiel se liberó del rencor, ya no estaba atado y su manera de actuar con los compañeros de la huerta fue distinta.

Autora: María Abreu

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. (Efesios 4:31)





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