Hace millones de años,
el tiempo no estaba medido en horas, días, semanas, meses ni años. Simplemente
transcurría sin ningún equilibrio.
Las personas vivían
libres de horarios y con una vida desordenada. Por eso, un buen día, un pequeño
duende decidió capturar el tiempo para medirlo.
Mágicamente el duende
atrapó el tiempo y lo metió dentro de un reloj. Inmediatamente la manecilla del
reloj empezó a medir el tiempo por lo que el duende pensó:
_ Les daré a todas las personas la misma cantidad de tiempo. 24 horas
al día y 7 días a la semana para que dediquen tiempo a lo que realmente
necesitan tiempo.
Una vez que los habitantes
comprendieron la medida del tiempo se pusieron muy felices. Desde entonces
comenzaron a vivir una vida más ordenada aprovechando el tiempo en todo lo que
hacían.
Pero no pasó mucho
tiempo cuando algunos habitantes empezaron a llamar al duende para quejarse de
que el tiempo no les alcanzaba. El duende agotado de escuchar tantas quejas les
explicó:
_ He repartido el
tiempo a cada uno por igual. 24 horas al día y siete días a la semana. Si el
tiempo no les alcanza es porque no saben administrarlo.
Yo les he dado la magia para que lo
administren bien.
Transcurría el tiempo,
las mismas personas seguían quejándose delante del duende por lo que éste al
borde de un ataque de nervios se marchó de vacaciones hasta el día de hoy.
Autora: María
Abreu
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo
del cielo tiene su hora: (Eclesiastés 1: 1)
En un magnífico
castillo vivía la princesa Amira que deseaba elegir a un joven para casarse. Para
ello puso una condición: escogería al joven que a través de un regalo le
hiciera sentirse especial.
Anunciada esta
petición, se presentaron al palacio cientos de pretendientes con su regalo en
mano: joyas, rosas, cuadros, prendas de vestir…
Un campesino que había
escuchado los rumores del palacio, consciente de que por el estado de su
pobreza no tenía nada que regalar, no dejó que esto le impidiera presentarse al
palacio.
Puesto en fila, el
campesino esperó turno, y cuando llegó su momento sólo expuso una idea:
_ ¡Princesa, tengo un
regalo para ti que quizás nadie te ha hecho! ¡El regalo está en la naturaleza
del bosque, sólo allí podemos encontrarlo, debes venir conmigo!
La princesa lo miró con
incredulidad pareciéndole arriesgada dicha propuesta. Mas el campesino insistió
tanto que finalmente la princesa aceptó.
A la tarde del día
siguiente, el campesino fue al castillo a buscar a la princesa Amira y se
marcharon montados a lomos de caballos. Al llegar al bosque el campesino la
ayudó a bajar del caballo y le pidió que caminaran juntos.
Mientras caminaban por
la espesura del verde bosque, la princesa podía apreciar el crujir de las
hojas secas bajo sus pies. Y el canto de un grillo oculto en un rosal.
El campesino caminaba en
silencio buscando palabras que expresar hasta que mirando la belleza del bosque
decide hablar; pero justo en ese momento dos jabalíes salieron corriendo a toda
velocidad de entre unos matorrales y le rompieron la parte baja del vestido a la
princesa.
Ésta cayó al suelo y los
jabalíes dieron media vuelta queriendo embestirla. La princesa rápidamente se
levantó del suelo sabiendo que no le quedaba más remedio que correr por su vida.
En la huida perdió un zapato, luego el otro.
Dos pajaritos, uno azul
y otro amarillo que observaban el panorama desde la rama de un árbol se taparon los
ojos con sus dos alas para no ver el fataldesenlace.
También dos ardillas,
que estaban encaramadas en el mismo árbol se les cayeron las nueces que se
habían metido en la boca por el sobresalto.
Los jabalíes
continuaban persiguiendo a la princesa por lo que el campesino muy preocupado
agarró una rama y corriendo detrás de ellos los ahuyentó.
Con respiración
excitada por la huida la princesa se sentó junto al tronco de un árbol con las
manos sobre su cabeza. El campesino
rápidamente se acercó y puesto en pie frente a ella, dándolo todo por perdido, pensó:
_ ¡Yo sólo quería regalarte un bello momento,
pero veo que no ha sido buena la idea! - Luego se acercó a la
princesa explicando:
_ ¡Levántate del suelo,
te llevaré a tu castillo! ¡Perdóname, esto
no ha sido buena idea!
La princesa levantó la
mirada y notó que los hermosos ojos verdes del campesino estaban llorosos.
Los dos pajaritos y las
dos ardillas que estaban subidas en el árbol, sintieron tristeza por el campesino. Por eso decidieron
ayudarle con el siguiente plan con el objetivo de hacer sonreír a la princesa:
Primero llegó el turno
de las dos ardillas que bajaron del árbol y le hicieron un gran baile y luego le regalaron una corona margaritas.
Era el turno de los dos
pajaritos: El pajarito azul se acercó a la princesa haciendo una acrobacia aérea dejando caer sobre su cabeza un collar de margaritas. Por su parte, el pajarito amarillo decidió regalarle una pulsera de margaritas, danzando al compás del viento.
_ ¡Qué bonito!_ gritó la princesa mientras se levantaba y corría detrás del pajarito amarillo intentando
atraparlo. Sin darse cuenta acabó tropezando con una rama seca de un árbol y
cayó boca abajo.
En ese momento las ardillas comenzaron a reñir al pajarito amarillo por la caída de la princesa.
El campesino, que desde
una corta distancia observaba el panorama se sentó frente a ella y le explicó:
_ ¡Lo siento, no tengo ningún regalo que darte! Yo sólo quería…., pasar un momento contigo y…, todo ha salido
mal.
La princesa escuchando
atentamente las palabras del campesino y sin dejar de mirar sus hermosos ojos
verdes le confesó:
_ Me gustan las personas detallistas; pero más me gustan las personas
que saben regalar momentos especiales. Éste ha sido para mi un regalo muy especial.
_ Perdona princesa,
pero no sé por qué llamas a esto… momento especial _ preguntó el campesino.
_ He corrido, gritado,
sonreído, he tenido contacto con la naturaleza y he disfrutado de una muy buena
compañía. ¡UN REGALO ESPECIAL no tiene
que ser perfecto, sino mágico! _ maduró la princesa.
Al escuchar esas dulces
palabras el campesino sonrió de alivio y felicidad. Su alegría fue mayúscula cuando la
princesa se acercó y le besó.
Autora: María Abreu
Toda buena dádiva y
todo don perfecto vienen de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el
cual no hay cambio ni sombra de variación. (Santiago 1:17)
Narrador:
Un día Dios se puso muy enfadado porque había mucha maldad y violencia en la
tierra. Mirando Dios a todas las personas observó a un hombre
que era muy bueno llamado Noé:
Dios:
Noé, Noé, he visto que hay mucha maldad y violencia en la tierra, pero he
hallado integridad en ti y quiero salvarte del gran diluvio que ha de venir.
Noé, debes construir un arca porque voy a destruir el mundo con un diluvio de
aguas.
Noé:
Pero Señor Dios, nunca ha caído agua sobre la tierra. ¡Todas las personas se
burlarán de mí! ¿Además cómo voy a construir un arca?
Dios:
Construye el arca de madera, píntala de alquitrán, caliéntala con brea para que
no pases frío y ponle un gran farol. Caerá un gran diluvio de aguas sobre la
tierra y todo ser viviente morirá.
Noé:
¡Señor ten piedad!
Dios:
Estoy muy enojado porque hay mucha maldad sobre la tierra. Construye el arca para
que puedas salvarte. Destruiré el mundo con un diluvio de aguas.
......
.....
Narrador.
Al escuchar estas palabras Noé le creyó a Dios y se puso a construir el
arca junto con su familia. Sin embargo
todas las personas se burlaban de él diciendo que estaba loco porque nunca
había caído agua sobre la tierra.
Escena II
Noé:
Arrepiéntanse, Dios va a destruir el mundo con un diluvio de aguas. ¡Vamos,
ayúdenme a construir el arca!
Narrador:
Pero nadie hacía caso, todas las personas se burlaban de Noé.
Personas
malvadas: ¡Jajajajajajja, estás loco, estás loco!
Noé:
Arrepiéntanse de sus maldades, Dios va a destruir el mundo con un diluvio de
aguas.
.......
.......
Personas
malvadas: ¡Jajajjajajaja, tú estás loco, nunca ha caído agua
del cielo! ¡No le creas a ese Dios!
Noé:
¡Ustedes tienen una oportunidad para arrepentirse! Vengan, ayúdenme a construir
el arca, podremos entrar en ella y salvarnos del gran diluvio a aguas.
Personas
malvadas: ¡Jajajajajaja, tú y tu Dios están locos! ¡Nunca ha caído
agua del cielo! ¡No te creo, no te creo. No te ayudaremos!
Narrador.
Pero como Noé le creyó a Dios continuó construyendo el arca. No obstante las
malvadas personas seguían haciendo cosas malas y no paraban de burlarse de Noé
entre cantos y risas.
Personas
malvadas: ¡Jajajjajajajaja! ¡Tú estás loco! No es cierto lo
que dice tu Dios. ¡No viene ningún diluvio! ¡No viene ningún diluvio!
Escena III
Narrador:
Las personas malvadas continuaban burlándose. Pasado el tiempo Dios volvió a
llamar a Noé:
Dios:
Noé, Noé, ya el arca está terminada.
Ahora debes meter una pareja de animales de cada especie en el arca.
Narrador:
Y
Noé una vez más obedeció a Dios y comenzó a meter una pareja de animales dentro
del arca para conservar la especie.
-Un león y una leona entraron rugiendo: ¡Groar! ¡Grrrr!
-Un perrito y una perrita entraron ladrando: ¡Guau, guau!
-Un gato y una gata entraron maullando: «Miau, miau,
miau.
-Un burro y una burra entraron
rebuznando: Hi-aaa,
Hi-aaa»
-Un lobo y una loba entraron aullando: ¡Auuuuuu,
auuuu!
-Una gallina y un gallo entraron
cacareando:
¡Quiquiriquí!
-Una ranita y un sapo entraron croando: ¡Croa-croa!
¡Croa-croa!
-Una pareja de pajaritos entraron piando:
¡Pío! ¡Pío!
-Una parejita de grillos entraron cantando: ¡Cri-cri!
¡Cri-cri!
Narrador:
CuandoDios vio que ya habían entrado todos los
animales al arca le dijo a Noé:
Dios:
Bien Noé, ahora entra tú y tu familia al arca porque el gran diluvio de aguas
comenzará a caer.
Noé:
Familia, familia, corran, entremos al arca. El diluvio de aguas va a comenzar a
caer, entremos al arca…, entremos al arca….
Narrador:
Cuando Noé y su familia entraron al arca, precipitadamente comenzó a llover. La
lluvia caía y caía acompañada de truenos, relámpagos y no paraba de llover. Las
aguas comenzaban a crecer sobre la tierra de tal manera que el arca empezó a
flotar sobre sobre las superficie de las aguas.
personas malvadas:
Noé, Noé, ábrenos la puerta, nos estamos ahogando. Ábrenos la puerta. Abreeee….,
tenemos miedo…
Narrador:
Sin embargo ni Noé, ni su familia, ni los animales tenían miedo porque sabían
que Dios los estaba cuidando. Y de vez en cuando se acercaban a la ventaba del
arca para ver la lluvia caer.
Personas
malvadas: Noé ábrenos la puerta, nos estamos ahogando con
este gran diluvio de aguas, abre…, abre la puerta…, abre…, abre…
Narrador:
Pero ya era tarde, Dios había cerrado la puerta del arca. Y definitivamente las
malvadas personas se ahogaron junto con todas las personas que habían hecho
cosas malas delante de Dios.
Escena IV
Narrador:
Pasados muchos días dejó de llover y Dios sopló y sopló un fuerte viento sobre
la tierra y esta se secó. Entonces el arca desembarcó en la cima de una montaña
y Noé, su familia y todos los animales salieron del arca.
Noé:
¡Gracias
Dios por haberme salvado del diluvio! Siempre te voy a obedecer y nunca dejaré
de creer en ti.
Dios:
Mira
hacia el cielo Noé.
Noé:
¡Wao! ¡Un arcoíris!
Dios:
Ese arcoíris que estás viendo es símbolo de mi promesa: nunca más destruiré el
mundo con un diluvio de aguas.
Noé:
¡Muchas
gracias Dios! ¡Siempre te obedeceré y
siempre haré cosas buenas para agradarte!
Narrador:
Amiguito,
amiguita, de esta manera Dios salvó a Noé del gran diluvio de aguas. Y Noé vivió toda su vida obedeciendo a Dios y
fue muy feliz junto con toda su familia y todos los animales que se habían
salvado.
Reflexión: Quiero
decir a todos los aquí presentes que la historia de Noé nos enseña el mensaje
de la salvación. Así como Noé y su familia pasaron a través de una puerta para entrar
al arca y salvarse del Diluvio, Dios también ha provisto una puerta de
salvación a través de su hijo Jesucristo
para salvarnos y darnos vida eterna: ‘Yo soy la puerta: el que por mí entrare,
será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos’. (Juan 10:9)
Mamá ratona siempre le
decía a su ratoncito que un enorme gato negro se hacía el dormido en el sofá
del salón y le
advertía de que no podía salir a jugar en la noche.
Sin embargo, al
ratoncito le despertaba mucha curiosidad saber si era verdad lo que su mamá le
contaba.
Por eso una noche,
oculto y silencioso, el pequeño ratoncito asomó el morro por un agujerito. Se apartó
y volvió a asomar el morro por el mismo agujerito. Hasta que finalmente salió
de puntillas para no despertar con el más ligero ruido al gran gato negro.
A cada paso que daba el
ratoncito comenzaba a sentir tanto miedo que decidió dar media vuelta, pero
justo en ese instante se topó de frente con los enormes ojos del gran gato
negro.
El ratoncito soltó un
grito seguido de un saltito y cuando intentó huir sintió un zarpazo en su
rabito.
Con el rabito atrapado
en las garras del gran gato negro, el ratoncito pensó que su vida pendía de un
hilo, pero logró deslizar su rabito y escapar velozmente. Con ese tremendosusto el
ratoncito comprendió lo importante que era obedecer a mamá.
Desde aquel momento
cada vez que el ratoncito asomaba el morro por el agujerito se acordaba de que la desobediencia siempre trae consecuencias.
Autora: María
Abreu
Honra a tu padre y a tu madre, que es el
primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida
sobre la tierra. (Efesios 6:1-3) Leer el cuento en inglés:The disobedient little mouse
Acurrucadito y calentito está el pollito en su cascarón.
Le crecen las patitas y quiere caminar, le salen las alitas y desea volar. Le crece el piquito y rompe el caparazón.
Saca una patita, luego
la otra y finalmente sale del huevo.
_ ¡Pi o, pi o, pío, pío
pío!
Ha nacido el pollito
Fito amarillito como un limoncito.
Autora: María
Abreu
A ti fui entregado
desde mi nacimiento; desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios.
(Salmos 22: 10)
La madre estaba
caminando por el parque sumamente preocupada porque hacía unos minutos había perdido
de vista a su niña.
Con infinita
desesperación se acercaba a todas las personas que había a su alcance y,
dándoles la descripción específica de la niña, les preguntaba si la habían
visto.
Al parecer todo
esfuerzo era inútil, nadie sabía nada sobre ninguna pequeña o gente parecida.
Tal vez porque se lo
dictaba su instinto materno o quizás simplemente porque la empujaba la agonía y
la impotencia, la madre, toda hecha un montón de lágrimas, subió a la glorieta y empezó a dar vueltas entre
los hierros como un molino antiguo.
La multitud de repente
se detenía y la contemplaba de la misma manera que se contempla a una bestia
enjaulada en un zoológico. A decir verdad, alguno intentó ayudarla pero vanamente.
Aquella señora parecía
no oír ni entender nada, sólo se quedaba allí dando vueltas y suplicando al cielo
por su hija. De repente, entre los vozarrones y los murmullos de la muchedumbre
se coló una
voz débil y tierna, una voz como salida de otro hemisferio, un hemisferio
inocente e infantil, una voz que también parecía suplicar y llorar;
esa voz se dirigió a la mujer diciendo:
_ ¡Mami, mi mami! ¡Aquí
estoy!
Con pasos de felicidad
la niña se acercó hasta el centro de la glorieta y abrazó a su madre con la efusión
de que hace años que no la ve y la extraña. La madre a su vez parecía querer
meter su alma en la suya y se aferraba a su hija con la misma pasión que un
náufrago se aferra a su tabla de salvación.
_ ¿Mi hija, por qué me
has hecho esto? ¿Dónde estabas, estás bien?
Era lo que le
preguntaba entre lágrimas y pelo suelto. La niña parecía no entender, o quizás
sólo era que no deseaba contestar. Lo cierto era que estaba absolutamente muda,
pero había felicidad en sus ojos.
Ya de camino, tomada de
la mano por su madre, la pequeña rompió el silencio y dijo:
_ Sólo fui a la piscina
a ver el reflejo del sol. Lo siento mamá, pero no tenías que preocuparte. Tú
siempre me has dicho que yo estoy en tu corazón. ¡Jamás me perderás!
Autor: Pablo
Reyes
Corrige a tu hijo,
porque hay esperanza; no pongáis el corazón en darle muerte. (Proverbios 19:18)
He didn’t understand since
when his life was not important. The sound of
the shots and shelling echoed in his heart.
“Life
is the most important thing” _ he had always listened, but how to
keep himself safe?
Being hidden under a car,
blood drops splashed in his face. Cries of fear made him close his eyes for a
while.
Then, the silence…it seems
that everything had gotten back to normal. But he feels that a pair of hands
take him out of the car. They are his parents that carry him in their arms,
running and covering his face. He is hardly eight years old!
Suddenly, he finds himself
being put into a small boat, floating in deep frozen waters. He is very cold
and he is only wrapped with a thin blanket.
His parents fleeing from war with many other people are sailing towards any other country seeking asylum.
But the waves…. Hit the little
boat again and again. He opens and closes his eyes and sees the wide sea, opens
and closes his eyes and again the wide sea, the wide sea…
“If
dreams feed the soul, I will dream about going to school every morning… someday!
_ he thought and then he felt asleep.
Author:
María Abreu
He gives power to the feeble, increasing the
strength of him who has no force. (Isaiah 40:29) Leer el cuento en español: Los sueños rotos de un niño
A long-time ago, there was a wood
burdened Donkey lumbering across a stream. He was sick and tired and he
couldn´t stop resenting the weight of his burden.
“Hi-aaa, Hi-aaa”_ the Donkey
brayed.
At sunset the Donkey lay down
on the fresh grass to rest. But even there, he was moaning with brays.
“Hi-aaa, Hi-aaa”
A little Worm, being fed up
with the Donkey’s moans, came crawling to him.
“Don´t resent your fate so
much. I would like to walk, jump, cross the streams but nevertheless my life
consists of crawling and running the risk of being trampled and mashed.
“Dear fellow, it´s hard to
live with all these burdens everyday”_ claimed the Donkey.
“We
must learn to take our fate with happiness and optimism; if not we will be miserable all our lives”_
replied the Worm.
Author:
María Abreu
Why are you crushed down, O my
soul? And why are you troubled in me? Put your hope in God; for I will again
give him praise who is my help and my God.