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jueves, 6 de abril de 2017

EL DUENDE Y EL TIEMPO

Hace millones de años, el tiempo no estaba medido en horas, días, semanas, meses ni años. Simplemente transcurría sin ningún equilibrio.

Las personas vivían libres de horarios y con una vida desordenada. Por eso, un buen día, un pequeño duende decidió capturar el tiempo para medirlo.

Mágicamente el duende atrapó el tiempo y lo metió dentro de un reloj. Inmediatamente la manecilla del reloj empezó a medir el tiempo por lo que el duende  pensó:

_ Les daré a todas las personas la misma cantidad de tiempo. 24 horas al día y 7 días a la semana para que dediquen tiempo a lo que realmente necesitan tiempo.

Una vez que los habitantes comprendieron la medida del tiempo se pusieron muy felices. Desde entonces comenzaron a vivir una vida más ordenada aprovechando el tiempo en todo lo que hacían.

Pero no pasó mucho tiempo cuando algunos habitantes empezaron a llamar al duende para quejarse de que el tiempo no les alcanzaba. El duende agotado de escuchar tantas quejas les explicó:

_ He repartido el tiempo a cada uno por igual. 24 horas al día y siete días a la semana. Si el tiempo no les alcanza es porque no saben administrarlo. Yo les he dado la magia para que lo administren bien.

Transcurría el tiempo, las mismas personas seguían quejándose delante del duende por lo que éste al borde de un ataque de nervios se marchó de vacaciones hasta el día de hoy.

Autora: María Abreu

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: (Eclesiastés 1: 1)



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