El patito Juan y el patito Lucas vivían en un pequeño estanque situado en un rincón del bosque.
En la orilla del estanque, ambos patitos discutían sobre adentrarse en el bosque para buscar piedras de colores y llevarlas al estanque para jugar con ellas.
—Juan, no puedo aceptar esa propuesta, porque ya sabes que nuestras madres nos han dicho que el bosque tiene ciertos peligros.
—Será solo un ratito, Lucas. Acompáñame, por favor. No me dejes ir solo —dijo Juan poniendo carita de pena.
Ante la insistencia de Juan, Lucas aceptó. Ambos cogieron una pequeña bolsita para echar las piedras de colores.
Los dos patitos comenzaron a caminar hacia las profundidades del bosque. Se maravillaban al ver árboles frutales, flores de muchos colores, mariposas y pequeños insectos. Todo parecía tan bonito que pronto olvidaron la advertencia de sus madres.
De repente, escucharon un crujido sobre las hojas secas.
Asustados, miraron hacia atrás para descubrir qué había provocado aquel ruido.
Entonces lo vieron.
Era un enorme zorro rojo que se acercaba lentamente, observándolos con atención.
Juan y Lucas comprendieron enseguida que estaban en peligro.
—¡Cua, cua, cua! —gritaron aterrados.
Sin perder un segundo, echaron a correr para salvar sus vidas.
Pero el zorro rojo también salió corriendo detrás de ellos.
Los dos patitos corrían tan rápido como podían. Con la lengua fuera y el corazón latiendo con fuerza, no dejaban de graznar mientras huían por el bosque.
El zorro corría detrás de los patitos sin perderlos de vista. Estaba tan concentrado en atraparlos que no se percató de una enorme roca que había en su camino.
¡Pum!
Chocó de frente contra la roca y cayó al suelo, medio mareado.
Juan y Lucas aprovecharon la oportunidad y siguieron corriendo tan rápido como pudieron.
No se detuvieron hasta llegar al estanque.Una vez allí, se dejaron caer en la orilla, cansados y muy asustados.
Recordaron los consejos de sus madres.
Habían desobedecido y, por poco, aquella decisión les cuesta muy cara.
Desde ese día, Juan y Lucas comprendieron la importancia de la obediencia y de escuchar a sus padres quienes los quieren y desean protegerlos.
Autora: María Abreu
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor."
Colosenses 3:20
Juan y Lucas aprendieron que obedecer a sus madres los ayuda a estar seguros. Dios quiere que escuchemos y respetemos a nuestros padres, porque ellos nos aman y desean lo mejor para nosotros.

















