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lunes, 24 de marzo de 2014

La fuente de las hadas

En un lejano bosque vivían unas hadas para las cuales su prioridad en la vida era estar siempre bellas porque cada año un príncipe iba y elegía a una para casarse. Por eso casi siempre permanecían bañándose con especias aromáticas en las aguas cristalinas de la fuente de la belleza.

Una mañana cuando todas peinaban su larga cabellera llegó un príncipe y cuando las hadas lo vieron rápidamente salieron del agua colocándose una al lado de la otra como era costumbre para que el príncipe eligiera a su favorita.

Pero el príncipe quedó impactado con la belleza de Mindiz. Y para asegurarse que sería la compañera ideal se le acercó preguntándole:

_ ¿Para ti qué es más importante? ¿La belleza o la sabiduría?

Hada rosada
El hada Mindiz, con olor fragante, larga y rubia cabellera, mejillas rosadas y cuerpo escultural. Con mucha picardía le guiñó uno de sus ojos azules y respondió: 

_ ¡La belleza es más importante por supuesto!

El príncipe decepcionado y haciendo un movimiento con la cabeza le dijo:

_ Lo siento, no creo que seas tú a la que estoy buscando.

El hada Mindiz miraba con mucha tristeza cómo el príncipe se marchaba mientras que las demás le susurraban:

_ Has respondido bien amiga. ¡No estés triste!

Al día siguiente el hada Mindiz decidió salir a buscar flores aromáticas y para su sorpresa vio al príncipe sentado bajo la sombra de un árbol. Rápidamente se hizo una corona con las flores y se la colocó en la cabeza. Luego corrió y se le presentó haciéndole un divertido baile.

Pero para su desconcierto no logró impactarlo ya que sólo consiguió que terminara pidiéndole que se marchara.

Regresó minutos después y al ver que el príncipe continuaba en el mismo lugar se agachó detrás de un árbol y comenzó a tirarle piedrecitas.

_ ¿Qué haces?_ gritó el príncipe agachando la cabeza.

Ella al sentirse descubierta caminando de puntita se apresuró a preguntarle:

_ ¿Qué es eso que tienes en las manos?

_ Es un mapa_ respondió el príncipe.

_ ¡Uy! A mí no se me da bien leer los mapas ¿Para qué lo lees?_ preguntó el hada.

_ Estoy investigando otras fuentes donde haya hadas que no sólo se preocupen por la belleza para casarme con una_ respondió el príncipe.

Al escuchar esto el hada Mindiz se fue corriendo a la fuente de la belleza y entre lágrimas se lo contó a las demás hadas, pero éstas sólo guardaban silencio. Segundos después, ella misma rompía el silencio diciendo:

_ Una vez escuché decir que aquí en el bosque está la fuente de la sabiduría, podemos ir a buscar un poco.

_ Lo sentimos por ti amada amiga; pero sabes que nuestra profesión es estar siempre bellas. ¡Vivimos para la belleza!_ respondió una de las hadas.

El hada Mindiz preocupada porque no quería que el príncipe se marchara sin ella decidió marcharse sola.

Cuando llegó a la fuente de la sabiduría se sorprendió al ver que en sus aguas cristalinas resplandecía la ciencia de los consejos y la sensatez. Y maravillada decidió sumergirse en sus aguas.

Luego salió corriendo en busca del príncipe y al verlo que se estaba subiendo en el caballo gritó:

_ No te vayas sin mí. ¡Llévame contigo!

_  Lo siento, no respondiste bien a  mi pregunta_ dijo el príncipe.

_ Pregúntame otra vez_ clamó el hada.

_ ¿Qué es más importante la belleza o la sabiduría? _ preguntó el príncipe.

_ La sabiduría es más importante_ respondió el hada.

_ ¿Por qué?_ volvió a preguntar el príncipe.

El hada sorprendida porque no esperaba el por qué de su respuesta, con mirada tierna respondió:

_ Porque la sabiduría nos capacita para enfrentar con prudencia los diferentes acontecimientos de la vida.

El príncipe muy feliz por la respuesta bajó del caballo y la abrazó. Se la llevó al castillo y allí  se casaron y fueron muy felices.

Autora: María Abreu.
La mujer necia es alborotadora, ingenua e ignorante. (Proverbios 9:13)



viernes, 21 de marzo de 2014

Después de la caída

Juana estaba preocupada porque su hijo Lucas no había llegado a casa a la hora acostumbrada después de salir de la escuela.

La espera se le hacía eterna y seguían pasando los minutos. Pero de repente le vio llegar y corrió a su encuentro preguntándole:


_ ¿Hijo; por qué has llegado tan tarde?

_ Lo siento mamá es que Luis se había caído y, vi que algunas personas lo señalaban, otros se reían y uno lo culpaba.

_ ¿Y tú qué hiciste?_ preguntó la madre.

_ ¡Le ayudé a levantarse y le limpié las heridas!

Autora: María Abreu

El Señor sostiene a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos. (Salmos 145:14)


miércoles, 5 de marzo de 2014

El primer paso para alcanzar la grandeza



El niño Manuel, respondía a todas las preguntas que hacían los profesores en las diferentes materias y se alababa a sí mismo de ser el más inteligente de la clase.

Nunca perdía una discusión, el perdón lo veía como una debilidad y los conflictos debían solucionarse de la manera que él esperaba. 

No soportaba pasar desapercibido. Sus compañeros lo definían con ésta palabra: orgulloso.  Por eso decidieron ignorarlo totalmente.

Una tarde, todos disfrutaban jugando en el recreo mientras que Manuel se quedaba solo sentado en un rincón del patio del colegio. Un día se levantó e intentó convencer a un compañero para que fuera su amigo:

_ ¡Hola Juan! ¿Puedes venir a jugar conmigo? Mira, yo soy el más inteligente de la clase. Puedo enseñarte otros juegos más divertidos que los que estás acostumbrado a jugar.

Pero Juan  le ignoró de tal manera que ni siquiera le miró y se fue a jugar con los demás.

Más tarde cuando Manuel llegó a casa, su madre lo vio llorando solo en su habitación y se le acercó preguntándole:

_ ¿Qué te pasa hijo? ¿Por qué lloras?

Entre lágrimas Manuel comenzó a contarle todo lo que le estaba sucedido, su madre guardó silencio por unos segundos hasta que le dijo:

_ Pero no llores por eso. Ya verás como todos querrán ser tus amiguitos. Ahora mismo nos vamos de tiendas y te compraré ropa de marca y a la moda para que estés en la onda y ya verás cómo se acercarán todos admirándote.

Manuel al escuchar la solución de su madre lloró aún más.

Su padre, quien con mucho esfuerzo logró ser un alto y respetado ejecutivo, se acercó y le dijo:

_ Hijo, eso te pasa porque eres un niño muy orgulloso y hay que empezar a aprender a ser humilde. Estoy seguro que es por eso que tus compañeros no quieren ser tus amigos.

Entonces Manuel entre lágrimas levantó la cabeza y le preguntó:

_ ¿Y cómo lo hago?

Ser humilde a veces no es fácil; pero como sé que eres un niño listo, me gustaría que comenzaras  ayudando a un compañero a entender los temas, prestar útiles al que no tiene, dejarle las tareas de clases al que haya faltado…_ respondió el padre.

_ Pero yo nunca he hecho eso. Al contrario, siempre se lo he negado_ explicó Manuel.

_ Pues mañana será un buen día para que comiences a hacerlo_ susurró el padre mientras le daba un fuerte abrazo.

Al día siguiente Manuel intentó hacer todo lo que le había dicho su padre. Pero sólo Juan aceptó su ayuda. Los demás niños no creían en su cambio de actitud  porque fueron muchas las veces que se sintieron humillados y menospreciados por él. Así que Manuel seguía sólo y triste en el recreo hasta que Juan muy apenado se le acercó y le aconsejó:

_ Manuel si realmente quieres aprender a ser un niño humilde y dejar el orgullo a un lado, creo que deberías pedir perdón al grupo.

Manuel se lo pensó dos veces porque nunca había pedido perdón a nadie, era muy difícil para él. Pero minutos después se acercó al grupo y les pidió perdón a todos. Entonces sus compañeros lo abrazaron, lo perdonaron y jugaron felices en el recreo.

Minutos después cuando entraron al aula todos sus compañeros le hicieron un gran dibujo con muchos corazoncitos y un mensaje que decía:

La humildad es el primer paso para alcanzar la grandeza. 

A partir de entonces, Manuel escuchaba y valoraba las ideas de sus compañeros ganándose la amistad y el cariño de todos. Y aprendió a trabajar en grupo.

Autora: María Abreu

Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y alcanzarás el favor del señor. (Eclesiastés 3: 18)


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EL SENTIDO DE LA VIDA


En las profundidades de un denso bosque vivía un lémur que se había apartado de los demás porque consideraba que muchos lémures eran falsos, envidiosos y mentirosos. Esta situación le obligó a sentirse muy solo.
Por ese motivo una mañana se despertó y salió de su casita a buscarle un sentido a la vida.

Caminando por el bosque con la cabeza cabizbaja, el lémur escucha el canto de un pájaro y se acerca a preguntar:

_ ¿Cuál es el sentido de la vida? y éste le responde:

_ El sentido de la vida es expresar tus emociones a través del canto.

Más adelante una oveja le dijo:

_El sentido de la vida es ayudar a los demás.

Luego un león continuó diciendo:

_ El sentido de la vida es disfrutar de la comida y la bebida.

........... ..........
Conforme iba avanzando un tigre exclamó:

_ ¡El sentido de la vida es ser feliz y hacer feliz a los demás!

En seguida un burro gritó:

_ El sentido de la vida es disfrutar del trabajo.

Más adelante un camaleón que llevaba varias horas aburrido en la rama de un árbol concluyó:

_ ¡La vida no tiene sentido!

Desconsolado, el lémur se arrimó al tronco de un árbol y en ese momento una mariposa que estaba bebiendo néctar sentada sobre los pétalos de una rosa se apresuró a decirle:

_ ¡El sentido de la vida es el amor; porque el amor da sentido a todas las cosas!

Desde ese momento el lémur decidió amar. Poco a poco comenzó a integrarse de tal manera que en los días de frío se acurrucaba junto a los demás formando una bola de lémures para conservar el calor.

Autora: María Abreu.


Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. ( Lucas 10:27)


jueves, 27 de febrero de 2014

EL POLLITO DESOBEDIENTE


En un bonito gallinero vivía una gallina con sus seis pollitos, pero uno de ellos era muy desobediente. Una tarde la gallina salió de paseo con todos sus pollitos y antes de cruzar la calle dijo:

_ ¡Miren para ambos lados antes de  cruzar!

El pollito Tomasito no hizo caso a su madre y mientras cruzaba vio un coche que se acercaba a gran velocidad así que corrió asustado a la acera para evitar ser atropellado.

Por suerte sólo perdió algunas plumitas por el ímpetu del viento.

Luego llegaron al gallinero y mamá gallina se puso a preparar la cena. Al pollito Tomasito le llamaba mucho la atención el fuego, por lo que la madre le advirtió:

...... ....
_ ¡Tomasito no te acerques mucho al fuego porque te puedes quemar!

Pero el pollito Tomasito como era muy desobediente se acercó demasiado y se le quemó un dedito de la patita. La mamá gallina le escuchó piar de dolor y fue a curarle.

Pasaron unos días y el pollito Tomasito como era un poco inquieto estaba aburrido y se acercó a su mamá  preguntando:

_ ¿Puedo ir a la finca a buscar lombrices?

_  ¡Hijo, está nublado y parece que va a caer una tormenta!  ¡Mejor ve mañana! _ respondió la madre.

_ ¡No lloverá mamá!_ dijo el pollito Tomasito.

 Y desobedeciendo una vez más, agarró una bolsita, se la puso en el cuello y se marchó a la finca.

Allí con su piquito comenzó a atrapar lombrices de diferentes tamaños y las iba guardando en su bolsita.

Pero mientras intentaba atrapar una lombriz que se enterraba en la tierra, escuchó el estallido de un trueno y luego vio un relámpago en el aire. Sus plumitas se le erizaron porque comenzó a caer una gran tormenta.
............ ...........

Como el pollito Tomasito sabía que el agua y los rayos le podían quitar la vida, rápidamente se subió a una roca y encontró refugio en una pequeña cueva. Allí dentro piaba por haber desobedecido a su madre.

La noche avanzaba y el pollito Tomasito comenzó a temblar de frío y a estornudar. En ese momento pensó:

_ ¡Creo que me he resfriado con el frío! 

Las horas seguían pasando y cuando ya había amanecido, el pollito Tomasito se despertó con mucha fiebre, con decaimiento y con sus plumas erizadas.

Se sentía tan mal de salud que en medio de su lamento dijo:

_ ¡Este es el fin de mi vida!


Dicho esto, cayó boca arriba, estiró las patitas, giró su cabecita y sus ojitos se cerraron.

En ese momento llegó mamá gallina y con su pico lo agarró por las patitas y se lo llevó al gallinero. Allí lo abrigó bajos sus alas y lo curó.
...... ´´´´

Pasaron algunas horas hasta que el pollito Tomasito despertó y bajo las alas de mamá gallina sacó la cabecita y pensó:

_ ¡A partir de ahora, obedeceré a mi madre para que todo me vaya  bien en la vida!

Autora: María Abreu


LEER EL CUENTO EN INGLÉSThe Rebellious Chick

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. ( Efesios 6:1-3)



El esqueleto sediento

Un esqueleto lleno de polvo caminaba en medio del desierto empujado por un alma viviente  en busca de un manantial de vida.
Mientras caminaba lo perseguía un lobo babeando saliva esperando a que desmayara para comérselo. Y cada vez que lo veía cansado le susurraba:
­_ No podrás continuar, estás cansado, échate a dormir.


Más adelante, un cuervo en vuelo dejó caer una piedra, el esqueleto tropezó con ella y cayó al suelo. Entonces miró hacia adelante, se levantó despacio y continuó su camino desafiando la tormenta de arena.
Minutos después, una serpiente con su lengua venenosa le decía:
_ Será mejor que mires hacia atrás y vuelvas al polvo de donde saliste, éste camino es muy largo. ¡No lo lograrás! ¡No…. no lo lograrás!
Pero el esqueleto cansado de escuchar las palabras negativas de las mentes mediocres, los venció con su espíritu luchador.
Y mientras continuaba su camino, un sonido rompió su silencio y al levantar la vista vio los rayos del sol que se multiplicaban y bailaban con el sonido del  agua.
_ ¡Sí, es el manantial de agua viva! _ gritó mientras corría. Y al llegar se agachó y bebió satisfaciendo toda su sed.
Segundos después, el agua limpia y cristalina con sus rayos de luz comenzó a agitarse y al saltar hacia arriba mojó al polvoriento esqueleto y lo convirtió en un hermoso hombre dándole la vida que anhelaba.

Autora: María Abreu
Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en una fuente de agua que brota para vida eterna. ( Juan 4:14)





Ponle nombre a tu sueño



El día pintaba un paisaje maravilloso donde se podían observar pequeñas montañas verdes con diferentes árboles y plantas. Más abajo se veía un caballo marrón tumbado en la hierba cerca de una pequeña casa de madera. Ahí vivía el niño Miguelito con su padre, el cual se ganaba la vida trabajando la tierra. Una tarde llegó cansado, y entrando en la casa llamó a su hijo preguntándole:

_ Hijo mío, la vida es muy dura, por eso me gustaría saber qué quieres ser de mayor.

_ Dame unos minutos_ respondió Miguelito.


Se marchó a su habitación, sacó lápices de su humilde estuche y en una hoja de cuaderno hizo un dibujo, luego volvió al salón y se lo entregó al padre. 

_ ¡Muy bonito! ¡Sólo espero que sea un simple dibujo!

_ ¿Por qué dices eso padre? ¡Es lo que sueño ser cuando sea mayor!

_ Pero hijo, siempre hay que soñar con cosas que se puedan alcanzar. Vuelve a tu habitación y dibuja algo que esté dentro de nuestras posibilidades.

Miguelito tristemente volvió a su habitación e intentó hacer otros dibujos. Pero como tenía muy claro cuál era su sueño, agarró nuevamente su primer dibujo lo coloreó y le puso nombre: dentista.

 Minutos después regresó al salón  y se la entregó al padre. Éste muy molesto le dijo:

_Le has puesto un nombre y lo has coloreado, pero es el mismo dibujo. Sabes muy bien que vivimos de la agricultura y  con el dinerito que ganamos no nos alcanza para pagarte esa carrera.

Miguelito le miró tristemente y le respondió:

_ Todo lo que observas a tu alrededor es el fruto del sueño de alguien! No robes mi sueño por  miedo a no poder ayudarme.

Entonces el padre se levantó del asiento, tiró el dibujo al suelo y se marchó. Pero Miguelito nunca renunció a su sueño, ni se olvidó del ratoncito Pérez ya que le premiaba si se le caía un diente.

Pasaron los años y Miguelito por su esfuerzo obtuvo muy buenas notas y consiguió una beca para estudiar en la universidad. Por tal motivo se trasladó del pueblo a la ciudad. Después de un tiempo al terminar la carrera universitaria construyó su anhelada clínica dental logrando ser un reconocido y respetado dentista.

Se sentía un hombre feliz por haber alcanzado su sueño. Además disfrutaba cuando recibía la visita del ratoncito Pérez que traía pequeños cofres de colores para guardar en ellos los dientes de leche de los niños que iban a la clínica.

Pero como siempre, echaba de menos a su padre y una tarde le llamó para que fuera a la ciudad a visitarle, éste felizmente llegó, le abrazó y le dijo:

_ ¡Hijo, perdóname! Me has demostrado que con valor y esfuerzo se puede lograr cualquier sueño.

Autora: María Abreu

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma (Santiago 2:17)


miércoles, 26 de febrero de 2014

El viaje del halcón




Un hermoso halcón llevaba tiempo anidado en la repisa del ventanal de la magnífica catedral de la ciudad.

Desde allí contemplaba cada día a los turistas de diferentes países que disfrutaban y sonreían tomándose fotos con la catedral de fondo.
Pero a pesar de todo el halcón se sentía solo, aburrido y con miedo de volar.

Un día una paloma vecina que llevaba tiempo observándole se acercó diciéndole:
_ ¡Tú puedes ser y hacer todo lo que deseas! La vida es como esa flor que se abre con muchos pétalos y oportunidades y si no las aprovechas se marchitan y dejan de existir. El halcón con tristeza la miraba fijamente y le decía:                                          
¡Tengo miedo a volar! ¡No sé qué hay más allá de éste ventanal!
_  ¡Tu vida no es el miedo, sino una vida elevada y victoriosa! _ indicó la paloma mientras se marchaba.
Pero el halcón seguía aferrado a sus miedos, con la misma rutina, alimentándose sólo de los insectos que encontraba cerca.
Una mañana, desde el ventanal, observaba a las personas montadas en el tren turístico que escuchaban atentamente la historia de cada lugar que les mostraban.

En ese instante, el halcón empujado por el deseo de salir de la rutina decidió agitar sus alas fuertemente.  Todos los turistas miraron hacia el ventanal maravillados por la agilidad y hermosura  del halcón le empezaron a hacer fotos y vídeos.
Mas el halcón con gran decisión extendió sus alas al viento y comenzó a volar a gran altura. Luego utilizó su tercer párpado para limpiar las lágrimas, mantener una buena visión y disfrutar del vuelo.



En su maravilloso viaje, conoció lugares interesantes e históricos. Hizo amistades con aves de diferentes especies y sobre todo… disfrutaba volando.
Autora: María Abreu

¿Es por tu inteligencia que se cubre de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el sur?  (Jeremías, 8:7)



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La ardilla envidiosa

En un lejano bosque, entre las ramas de un frondoso árbol se divertían dos ardillas haciendo acrobacia.

Cada una vivía en su madriguera, pero Anita deseaba la madriguera de Lolita porque tenía dos nidos: uno para cubrirse en el invierno y otro para refrescarse en el verano.

También envidiaba la habilidad que tenia Lolita para trabajar ya que siempre encontraba suficientes alimentos para almacenarlos para el invierno.

Su envidia llegó hasta tal punto, que se le olvidó que ella tenía las mismas habilidades para competir y destacarse como su amiga. 

Una mañana al levantarse descubrió que su estatura había disminuido de tal manera que se había quedado muy pequeñita. Preocupada, decidió visitar a una marmota y le comentó lo que le había pasado, ésta la escuchó atentamente y le respondió:

_ La envidia es un síntoma de pequeñez; pero el amor al prójimo y la humildad pueden hacer que vuelvas a crecer.

La ardilla Anita  no le dio importancia al consejo de la marmota y muy molesta se fue a su madriguera quedándose  pequeñita para siempre.
Autora: María Abreu

Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia. (Job 5:2)





EL PERRITO CALLEJERO

Una tarde de verano la señora Martha salió a pasear a su perrito Trino por el parque de la ciudad. El perrito Trino era un perro muy bien cuidado, su dueña siempre lo tenía limpio y perfumado.

Cuando estaban en el parque la señora Martha quitó la cadena de su querido perrito para que paseara con toda libertad, luego cuando vio que su perrito estaba sentado en las hierbas descansando de su pequeño paseo, se acercó y le tiró un filete. En ese momento llegó un perrito callejero con mucha hambre y olfateando el filete dijo:

- ¿Puedes compartir tu filete conmigo?  La verdad es que tengo hambre.

El perrito Trino le miró a los ojos y subestimándole le dijo:

- No comparto mi comida con perros callejeros como tú.

Luego el perrito Trino limpio y perfumado lo echó de su lado a ladridos.

El perrito callejero, sucio, cabizbajo, con hambre y con el rabo entre las piernas,  se apartó de aquel perrito limpio y perfumado tristemente.

Horas después comenzó a llover fuertemente con truenos y relámpagos. El perrito callejero comenzó a correr buscando un lugar para protegerse del agua, y al ver un garaje, inmediatamente entró en él para refugiarse, pero de repente detrás de él escucha unos ladridos.

Cuando el perrito callejero miró para atrás, vio  casualmente  que quien le estaba echando a ladridos del garaje era el mismo perrito limpio y perfumado que no quiso compartir su filete con él, así que se marchó del garaje cabizbajo  y con el rabo entre las piernas intentando buscar otro refugio.

Dos días después la señora Martha  salió nuevamente a pasear a su perrito Trino  por el parque y le quitó  la cadena  para que paseara libremente.

El perrito Trino caminaba y corría muy feliz alejándose cada vez más del parque. Dobló esquinas, cruzó calles, saltaba por encima de las hierbas hasta que en un momento se detuvo muy asustado preguntándose:

- ¿En dónde estoy? Creo que me he alejado demasiado del parque y ahora estoy perdido… No sé cómo llegar a casa.

El perrito Trino con el rabo entre las piernas comenzó a caminar muy preocupado y aullando.

Minutos después el perrito callejero caminaba por la otra acera de la calle, y alcanzando  a ver al perrito Trino  se detuvo porque sintió el instinto de  que al perrito Trino le estaba pasando algo, así que cruzó la calle corriendo y se le acercó preguntándole:

- ¿Qué te pasa perro? ¿Por qué estas preocupado y con el rabo entre las piernas?

El perrito Trino le miró  y le dijo:

- Mi nombre es Trino, estoy preocupado porque salí de paseo, me he  despistado, y me alejado  demasiado del parque, ahora estoy perdido y sin orientación. Nunca había caminado por estas calles. Estoy muy preocupado no sé cómo llegar a casa.

El perrito callejero le puso una pata en el hombro y consolándole le dijo:

_ ¡Tranquilo perro! Yo me sé el nombre de todas estas calles, suelo caminar por todos estos lugares. ¡Yo te ayudaré a ir a casa! ¡Confía en mí!

- Pero es que no he sido amable contigo, ni te he ayudado cuando tú me has necesitado. No creo que me puedas hacer un bien, cuando yo no te lo he hecho a ti. - dijo el perrito Trino sorprendido.

  - ¿Sabes? en la vida debes aprender que ayudar a los demás nos hace ser más felices y mejores ciudadanos – dijo el  perrito callejero amablemente.

- ¡Gracias! ¡Agradezco este gesto tan bonito de tu parte!- dijo el perrito Trino muy preocupado.

Los dos perritos recorrieron y cruzaron  calles, doblaron esquinas  hasta que por fin llegaron a la casa del perrito limpio y perfumado.

- ¡Por fin has vuelto a casa mi lindo perrito! - dijo su dueña Martha felizmente mientras lo abrazaba y lo besaba.

El perrito callejero levantó una patita despidiéndose del perrito Trino y comenzó a caminar para marcharse a la calle nuevamente.

El perrito Trino comenzó a aullar muy triste porque su amigo se marchaba.

La señora Martha  miró al perrito callejero y luego al perrito Trino y le dijo:

-Ya entiendo… Quieres que adoptemos a ese lindo perrito callejero para que viva aquí con nosotros.

La  señora Martha adoptó al perrito callejero y ambos fueron muy felices. El perrito Trino aprendió a compartir, a ser amable con los demás y  a valorar  la amistad.
Autora: María Abreu

Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:35)





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