.

jueves, 2 de julio de 2026

EL GALLO Y LA PATA TATA

El gallo Paco siempre se despertaba muy temprano.

—¡Quiquiriquí! ¡Es hora de levantarse! —cantaba muy contento cada mañana.

La pata Tata escondía la cabeza bajo sus alas y respondía:


—¡Cinco minutos más, por favor!

Esa mañana, el pavo real anunció:

—¡Hoy se levantará un fuerte viento! Tenemos que recoger el maíz para que no lo perdamos.

Enseguida, el gallo Paco dio un salto y empezó a recoger el maíz con su pico. Después lo iba echando en un saquito.

—¡Cinco minutos más, por favor! —decía la pata Tata, bostezando en su cama.

En ese momento, el cielo se cubrió de nubes negras y el viento empezó a soplar tan fuerte que el maíz volaba por el aire como si fueran pequeñas plumitas.

La pata Tata, que estaba estirando las patas, se acercó a la ventana del gallinero. Al ver todo el desastre, dijo muy apenada:

—Perdón. Siento no haberme levantado más temprano para ayudar.

El gallo Paco le respondió con una sonrisa:

—Hemos perdido mucho maíz, pero espero que hayas aprendido la importancia de madrugar y ayudar a tiempo.

Desde ese día, cada vez que el gallo Paco cantaba:

—¡Quiquiriquí!

La pata Tata respondía enseguida:

—¡Ya estoy despierta! ¡Hoy no llegaré tarde!

Y juntos recogían el maíz antes de salir a jugar por la granja.

Autora: María Abreu

Proverbios 19:15: "La pereza hace caer en profundo sueño, y el alma negligente padecerá hambre.


La pereza puede hacer que pierdas oportunidades en la vida. Dios nos llama a ser trabajadores, a cumplir con nuestras tareas y a aprovechar bien el tiempo. De esa manera, honramos a Dios y bendecimos a quienes nos rodean.



jueves, 25 de junio de 2026

El carro de fuego que llevó a Elías al cielo

 

Hace mucho tiempo, vivía un gran profeta llamado Elías. Él amaba a Dios y había dedicado toda su vida a ayudar a las personas a conocerlo.

Su fiel ayudante era Eliseo, quien aprendía de él cada día.


Una mañana especial, Elías y Eliseo emprendieron un viaje. Mientras caminaban, Elías le dijo:

—Quédate aquí, porque el Señor me envía a otro lugar.

Pero Eliseo respondió:

—¡No! No te dejaré. Iré contigo.

Así siguieron caminando juntos.

Atravesaron caminos, colinas y ríos. Aunque Eliseo no entendía todo lo que estaba ocurriendo, sentía que aquel día sería diferente.

Finalmente llegaron cerca del río Jordán. Allí, Elías tomó su manto, lo dobló y golpeó el agua.

¡Y algo asombroso sucedió!

Las aguas se abrieron a ambos lados y los dos caminaron por tierra seca.

Cuando llegaron al otro lado, Elías preguntó:

—¿Qué deseas que haga por ti antes de que sea llevado?

Eliseo respondió:

—Quiero tener una doble porción de tu espíritu para servir a Dios.

Elías sonrió.

—inalmente llegaron cerca del río Jordán. Allí, Elías tomó su manto, lo dobló y golpeó el agua.

¡Y algo asombroso sucedió!

Las aguas se abrieron a ambos lados y los dos caminaron por tierra seca.

Cuando llegaron al otro lado, Elías preguntó:

—¿Qué deseas que haga por ti antes de que sea llevado?

Eliseo respondió:

—Quiero tener una doble porción de tu espíritu para servir a Dios.

Elías sonrió.

Un resplandor brillante apareció entre las nubes.

Entonces surgió un carro de fuego tirado por caballos de fuego que descendió del cielo.

?￰゚ミホ?

Eliseo observó maravillado.

El viento comenzó a soplar con fuerza.

Y delante de sus ojos, Elías fue levantado hacia el cielo en medio de un torbellino.

—¡Padre mío! ¡Padre mío! —gritó Eliseo mientras lo veía alejarse.

Cada vez subía más alto, hasta desaparecer entre las nubes.

Entonces el manto de Elías cayó al suelo.

Eliseo lo recogió con cuidado y comprendió que ahora Dios le había dado la responsabilidad de continuar su obra.

Aunque estaba triste por despedirse de su maestro, también estaba lleno de esperanza porque sabía que Dios seguiría acompañándolo.

Desde aquel día, Eliseo se convirtió en un gran profeta y ayudó a muchas personas.

Y todos recordaron que Dios había llevado a Elías al cielo de una manera maravillosa, sin que conociera la muerte.

 Moraleja

Dios recompensa la fidelidad. Cuando seguimos a Dios con todo nuestro corazón, Él siempre tiene un propósito para nuestra vida y nunca nos abandona.

Basado en 2 Reyes 2:1-14.



sábado, 20 de junio de 2026

EL PATITO JUAN Y EL DINERO PERDIDO

 El patito Juan caminaba por el bosque. De repente, encontró algo que brillaba intensamente bajo un pequeño árbol. "Se acercó con curiosidad y descubrió una cajita llena de monedas que sonaban al moverse." 

—¡Guau! ¡Miren lo que encontré! ¡Un tesoro! Con esto podría comprarme todos los juguetes que quiero, pasteles y muchas chuches... Pero espera, ¿de quién será esto?

El patito Juan tomó la cajita e imaginó todas las cosas que podría comprar. Mientras caminaba, se encontró con el conejito Fito, que estaba muy triste buscando algo en el suelo.

—Hola, patito Juan. Perdí una cajita con las monedas para comprar la comida de mi familia. No sé qué vamos a hacer ahora.

Al escuchar esas palabras, el corazón del patito Juan dio un vuelco. Miró su mochila, donde tenía escondida la cajita. Se alejó un poco, sintiéndose indeciso. Entonces se sentó bajo un pequeño árbol y recordó algo que mamá pata siempre le leía en la Biblia, en el libro de Proverbios:

"Quien se conduce con integridad anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto."

—¡No puedo quedarme con algo que está haciendo sufrir a mi amigo Fito! —pensó.

Entonces, el patito Juan se levantó y le entregó la cajita con las monedas. La alegría del conejito Fito fue tan grande que no dejó de saltar y dar las gracias.

Mientras regresaba a casa, el patito Juan sonrió y pensó:

—Es mejor ser honesto que tener mil juguetes y chuches.

Si tú también quieres ser un niño o una niña honesto y valiente, ¡suscríbete a nuestro canal para que sigamos aprendiendo juntos!

Y ahora, quédate para ver el versículo de hoy y nuestra oración.

Reflexión

Proverbios 10:9: "El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado."

El patito Juan aprendió que hacer lo correcto siempre trae paz al corazón. Aunque tuvo la oportunidad de quedarse con el dinero, decidió ser honesto y devolverlo a su verdadero dueño. Cuando actuamos con integridad, como hizo Juan, podemos vivir tranquilos porque sabemos que estamos agradando a Dios.


Autora: María Abreu



martes, 9 de junio de 2026

EL PATITO LUCAS Y EL PATITO JUAN NO OBEDECEN A SUS PADRES

 El patito Juan y el patito Lucas vivían en un pequeño estanque situado en un rincón del bosque.

En la orilla del estanque, ambos patitos discutían sobre adentrarse en el bosque para buscar piedras de colores y llevarlas al estanque para jugar con ellas.

—Juan, no puedo aceptar esa propuesta, porque ya sabes que nuestras madres nos han dicho que el bosque tiene ciertos peligros.

—Será solo un ratito, Lucas. Acompáñame, por favor. No me dejes ir solo —dijo Juan poniendo carita de pena.

Ante la insistencia de Juan, Lucas aceptó. Ambos cogieron una pequeña bolsita para echar las piedras de colores.

Los dos patitos comenzaron a caminar hacia las profundidades del bosque. Se maravillaban al ver árboles frutales, flores de muchos colores, mariposas y pequeños insectos. Todo parecía tan bonito que pronto olvidaron la advertencia de sus madres.

De repente, escucharon un crujido sobre las hojas secas.

Asustados, miraron hacia atrás para descubrir qué había provocado aquel ruido.

Entonces lo vieron.

Era un enorme zorro rojo que se acercaba lentamente, observándolos con atención.

Juan y Lucas comprendieron enseguida que estaban en peligro.

—¡Cua, cua, cua! —gritaron aterrados.

Sin perder un segundo, echaron a correr para salvar sus vidas.

Pero el zorro rojo también salió corriendo detrás de ellos.

Los dos patitos corrían tan rápido como podían. Con la lengua fuera y el corazón latiendo con fuerza, no dejaban de graznar mientras huían por el bosque.

El zorro corría detrás de los patitos sin perderlos de vista. Estaba tan concentrado en atraparlos que no se percató de una enorme roca que había en su camino.

¡Pum!

Chocó de frente contra la roca y cayó al suelo, medio mareado.

Juan y Lucas aprovecharon la oportunidad y siguieron corriendo tan rápido como pudieron.

No se detuvieron hasta llegar al estanque.Una vez allí, se dejaron caer en la orilla, cansados y muy asustados.

Recordaron los consejos de sus madres.

Habían desobedecido y, por poco, aquella decisión les cuesta muy cara.

Desde ese día, Juan y Lucas comprendieron la importancia de la obediencia y de escuchar a sus padres quienes los  quieren y desean protegerlos.

Autora: María Abreu


Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor."
Colosenses 3:20


Juan y Lucas aprendieron que obedecer a sus madres los ayuda a estar seguros. Dios quiere que escuchemos y respetemos a nuestros padres, porque ellos nos aman y desean lo mejor para nosotros.





viernes, 5 de junio de 2026

EL PATITO JUAN Y EL PATITO LUCAS

 

EL PATITO JUAN Y EL PATITO LUCAS

En un rincón de un frondoso bosque había un pequeño lago donde vivían el patito Juan, amarillo como el sol, y el patito Lucas, marroncito como una castaña.

Ambos patitos siempre jugaban juntos y eran los mejores amigos.

Pero un día discutieron por una tontería y dejaron de hablarse. Pasaron varios días enfadados, cada uno por su lado.

Una tarde, al otro lado del estanque, cerca de la orilla, Juan se cubría del sol descansando bajo un árbol con su sombrerito de paja cuando escuchó un llanto.

—¡Ayuda! ¡Ayuda! —gritaba una pequeña ranita.

Juan vio que una de sus patas había quedado atrapada entre unas ramas que estaban atascadas en la orilla del lago.

Sin pensarlo dos veces, Juan se lanzó al agua para ayudarla. Con su pico tiró de las ramas una y otra vez, pero no conseguía liberarla.

Lucas, que estaba de pie sobre una roca comiendo una lombricita, observó la escena.

Aunque seguía enfadado con Juan, no podía quedarse sin hacer nada.

Corrió hasta el lugar y dijo:

—¡Yo te ayudaré, Juan!

Entre los dos empujaron, tiraron y movieron las ramas hasta que finalmente lograron liberar a la pequeña ranita.

—¡Gracias! ¡Me habéis salvado! —dijo la ranita muy feliz.

Juan y Lucas se miraron en silencio. Entonces comprendieron que su amistad era mucho más importante que aquella discusión.

—Lo siento, Lucas —dijo Juan.

—Yo también lo siento —respondió Lucas.

Y mientras el sol se escondía detrás de las montañas, Juan y Lucas comprendieron que ninguna discusión vale más que una verdadera amistad.

Desde aquel día recordaron una enseñanza muy importante de la Biblia:

"No se ponga el sol sobre vuestro enojo."
Efesios 4:26

Porque entendieron que guardar rencor solo trae tristeza, pero perdonar trae paz y alegría al corazón.

Autora: María Abreu





sábado, 25 de abril de 2026

Mamá, estoy aburrido

En una casita muy bonita, cerca de una pequeña colina rodeada de árboles y flores, vivía un niño llamado Juan.

Una tarde, Juan entró corriendo a la cocina, con los brazos cruzados, diciendo:

—Mamá, estoy aburrido…

Su madre, que estaba limpiando la cocina, lo miró con curiosidad y le dijo:

—¿Cómo que estás aburrido? ¿Sabes todas las cosas que puedes hacer?

—No —respondió Juan con la cara arrugada—. Ya he visto la tele, he jugado con todos mis juguetes y ya leí un cuento.

—Espera… —interrumpió la madre—. Tengo una idea. Toma esta caja vacía.

—¿Para qué me das esa caja, mamá? —preguntó Juan.

—Es la caja de la creatividad, y solo se abre con la imaginación.

Juan tomó la caja y comenzó a mirarla por todos lados.

—Usa la imaginación, Juan, para que la caja se abra —dijo la madre.

Entonces Juan imaginó que la caja era un barco. La “abrió”, se metió en ella y empezó a navegar, viendo sirenas y delfines saltando sobre el agua.

Luego se detuvo, miró nuevamente la caja… y se convirtió en una nave espacial, desde donde veía las estrellas y los planetas.

Después, la caja se transformó en un castillo, desde donde observaba dragones lanzando fuego.

Los ojos de Juan brillaban de alegría con tanta creatividad.

—Mamá, he estado en el mar, luego en el espacio y también en un gran castillo con una muralla muy alta.

La madre sonrió y le dijo:

—Hijo, ¿te das cuenta de que no estás aburrido? Solo tienes que usar lo que Dios puso dentro de ti: la creatividad. Cuando eres creativo, nunca te aburres.

Autora: María Abreu

Enseñanza : Dios nos regaló una mente creativa. A veces no necesitamos más cosas… solo usar lo que ya tenemos.


Éxodo 35:31-32

“Y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte…”




jueves, 18 de diciembre de 2025

EN ESPAÑA HAY TANTOS PERROS COMO NIÑOS / 7,5 MILLONES DE PERROS Y 7,5 MILLONES DE MENORES


En un país no muy lejano, era sorprendente ver que todas las casas estaban ordenadas y limpias.
Sus calles eran silenciosas y los parques infantiles permanecían completamente vacíos.



Nadie recordaba con exactitud cuándo fue la última vez que nació un niño.
Los libros de cuentos, los juegos y las canciones infantiles se decían que formaban parte de una antigua leyenda.

En cambio, en ese país no muy lejano sí nacían muchos perros: de ojos grandes y pequeños, de pelo largo y corto.
Las personas paseaban a sus perros en carritos, les ponían ropa y zapatos, y celebraban sus cumpleaños con tartas especiales.

La gente se sentía feliz y bien acompañada. Muchas veces se les escuchaba decir:

—Es mejor un perro; los niños lloran mucho, se quejan, hacen pataletas y son desobedientes.

Otros añadían:

—Los perros no desobedecen y no hacen tantas preguntas como los niños.

Y así, las familias de aquel país comenzaron a adoptar perros en lugar de tener hijos.
Los querían tanto que les abrían cuentas bancarias y los nombraban herederos de todos sus bienes.

El país quedó sin niños, sin escuelas y con innumerables zonas para pasear perros.
El tiempo pasaba, la gente envejecía y ya nadie soñaba con un futuro nuevo.

Una tarde, una anciana llamada Doña Cleta, de cien años de edad, comenzó a recorrer los parques infantiles con un sonajero y un chupete en la mano.
Mientras caminaba, contaba historias a las personas que pasaban por allí:

—Un niño es una vida que nos da vida y alegría.

Y comenzaba a relatar:

—Había una vez un niño llamado Martín que llegó a casa después de la escuela y le contó a su padre que Lucas había hecho un chiste en el aula.
El padre le preguntó:
—¿Un chiste? ¿Y los niños se rieron?
—No, nadie —respondió Martín—, pero era un chiste.

Cada tarde, Doña Cleta volvía a los parques vacíos para contar historias de niños.
Algunas personas la miraban con curiosidad; otras se reían de sus relatos.

Hasta que un día ocurrió algo maravilloso.

Cerca del parque había un hospital, y de repente se escuchó un sonido olvidado:
el llanto de un bebé que acababa de nacer.

Doña Cleta, con los ojos cansados por los años, levantó la voz y gritó:

—¡Ese niño hará lo que ningún perro podrá hacer… construir futuro!

Porque un niño no solo acompaña, un niño transforma, cuestiona, crea y da esperanza a generaciones enteras.

Autora: María Abreu


📜 Cita bíblica

“Antes que te formase en el vientre te conocí,
y antes que nacieses te santifiqué;
te di por profeta a las naciones.”

Jeremías 1:5



miércoles, 12 de noviembre de 2025

🌿 El cuento del Salmo 91

 

🌿 El cuento del Salmo 91

En un pequeño pueblo rodeado de árboles, montañas y ríos, vivía Lucas, un niño alegre, juguetón y curioso.



A Lucas le encantaban las aventuras, por eso un día dijo:
—Mamá, ¿puedo ir al bosque a buscar a mi burrito para dar un paseo?

—El burrito está un poco lejos de casa, pero puedes ir —respondió su madre.

Entonces Lucas, muy feliz, se fue corriendo hacia el bosque. Pero de pronto escuchó un fuerte rugido…
¡Era un enorme león de melena gris que se acercaba con pasos lentos y mirada feroz, dispuesto a atacarlo!

Lucas se detuvo con el corazón latiendo muy fuerte. Puso la mano en el pecho, se giró y se encontró cara a cara con el león. En ese mismo instante se oyó un gran estruendo en el cielo: ¡un rayo cayó y partió un árbol en dos! El león, asustado, salió corriendo y desapareció entre los árboles.

Lucas miró al cielo y sintió en su corazón que alguien lo había salvado.

Continuó su camino, pero tropezó con una rama y cayó al suelo, justo al lado de una enorme serpiente que sacaba la lengua y se movía con intención de tragárselo. Lucas se levantó rápidamente y corrió con todas sus fuerzas. Al mirar hacia atrás, vio a un cazador que con su machete había cortado la cabeza de la serpiente.

Siguió caminando entre la maleza, aún asustado, sin saber si continuar o regresar, hasta que escuchó a su burrito rebuznar:
—¡Jijo, jijo!

Entonces se dio cuenta de que ya estaba cerca.

Todo parecía tranquilo… hasta que un relámpago iluminó el cielo, seguido de un trueno ensordecedor. La lluvia empezó a caer tan fuerte que parecía que se desataba una tormenta.

Lucas, con las manos sobre la cabeza, corrió y se refugió dentro de una cueva. Los relámpagos centelleaban en el cielo, los truenos retumbaban en el bosque y la lluvia no cesaba. Tenía miedo… sí, mucho miedo.

Se sentó en el suelo, puso la cabeza entre sus piernas, queriendo llorar y gritar… hasta que recordó lo que su madre siempre le enseñaba, los versículos del Salmo 91:

“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia.”

Entonces Lucas oró a Dios, sabiendo que Él lo escuchaba y lo cuidaba de todo mal. Seguro de que Dios había enviado un ángel para protegerlo, se quedó dormido en medio de la tormenta, confiado y en paz.

Pasaron las horas, y alguien se asomó a la entrada de la cueva extendiéndole la mano. Era aquel cazador que había matado a la serpiente.

Lucas se levantó y lo siguió hasta su burrito. Subió feliz sobre él y regresó a casa, donde le contó a su mamá todo lo que había sucedido.

Esa noche, antes de dormir, Lucas sonrió y dio gracias a Dios, porque comprendió que el Señor siempre cuida a los que confían en Él



martes, 4 de noviembre de 2025

Los tres cerditos y el lobo vegano

 Corría el lobo por el bosque a toda prisa, muy asustado. Sí, estaba asustado porque un gorila lo estaba persiguiendo con la intención de comérselo. En el pasado, el gorila se había enterado de que el lobo había intentado comerse a los tres cerditos.



El lobo corría sin parar y gritaba:
—¡Yo soy vegano, por favor no me comas! Créeme, jamás he vuelto a intentar comerme a los tres cerditos porque ahora soy vegano.

Pero el gorila feroz no le creía y lo perseguía sin descanso.
Los tres cerditos, desde la ventana de su casa de ladrillo, observaban la penosa escena.

En ese momento, el gorila, cansado de tanto correr, gritó:
—¡Otro día regresaré, y te prometo que te comeré, lobo malvado!
Luego se marchó a descansar a su casa construida en lo alto de un gran árbol.

El lobo, preocupado y asustado al ver que el gorila estaba dispuesto a vengarse, buscó la manera de demostrar que realmente se había vuelto vegano y que ya no tenía interés en comer carne.

Un día, en su casa construida en el tronco de un árbol, el lobo pensó:
—¡Tengo una idea! Haré la comida de Daniel. Al frente de mi casa prepararé una gran comida para compartir con los animales del bosque: verduras y legumbres —lentejas, garbanzos, frijoles— para comer, y agua para beber.

Y así lo hizo. El lobo preparó un gran fogón y, en un caldero enorme, cocinó legumbres con vegetales.
Todos los animales del bosque fueron invitados, incluso los tres cerditos.

Lejos de allí, el gorila dormía en su cama de paja, cuando escuchó los pasos de los animales. Miró que todos se dirigían a la casa del lobo y decidió acercarse.
Escondido detrás de un árbol, observaba la generosidad del lobo, cocinando y compartiendo con los demás.

El cerdito mayor, al notar la presencia del gorila, lo invitó a unirse a la comida. El lobo, un poco asustado, pero decidido a demostrar que había cambiado, se acercó también y lo invitó al banquete.

El gorila, muy feliz, se acercó, comió, bailó y compartió con todos, aprendiendo una gran lección:

Todo el que desea cambiar merece una oportunidad. Hay que perdonar.


Autora: María Abreu

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
Salmos 51:17



domingo, 2 de noviembre de 2025

LA NIÑA QUE GUARDABA BESOS EN UN FRASCO

 

En un pequeño pueblo, vivía una niña llamada Rosa.
Era cariñosa, dulce y siempre tenía una gran sonrisa.
Le encantaba jugar y reír, pero tenía un secreto muy especial:



En su habitación guardaba una cajita de colores donde atrapaba besos.

Allí tenía:

  • el beso de buenas noches de papá,

  • el beso de mamá cuando se caía,

  • el beso de despedida de la abuela,

  • y el besito de su mejor amiga cuando se sentía sola.

Su habitación siempre se sentía cálida y llena de ternura gracias a los besos guardados en su cajita mágica.

Pero un día, todo cambió.

Su papá tuvo que irse muy lejos por trabajo.
Su abuelita se enfermó y no pudo visitarla.
Y, para colmo, su mejor amiga se mudó de ciudad.

Rosa se sintió muy triste.
Se abrazó fuerte a su cajita de colores, donde tenía todos los besos guardados.

Cuando extrañaba cariño, abría la cajita…
y los besos salían al aire como si quisieran escapar, brillando suavemente.

Ese día, al verlos escaparse, Rosa entendió algo hermoso:

El amor no es para encerrarlo ni guardarlo.
El amor es para compartirlo.

Entonces, decidió ir al parque.
Y allí comenzó a compartir amor:

💗 con la niña que estaba sola sin nadie con quien jugar,
💗 con el niño que se cayó del columpio y se raspó la rodilla,
💗 y con el viejecito que tenía dificultad para levantarse del banco.

Más tarde, Rosa volvió a casa…
¡y su papá había regresado del viaje!

Ella corrió a abrazarlo y él, sonriendo, le preguntó:

—¿Me extrañaste, hija?

Rosa respondió:

—Papá, hoy aprendí que el amor no es para guardarlo, sino para compartirlo.

Su papá quedó maravillado por sus palabras y por lo que había hecho en el parque.

—Me alegra tanto que hayas entendido eso, hija —dijo mientras la abrazaba.

Y desde ese día, incluso su papá aprendió a compartir amor con los demás:
con una sonrisa, un abrazo, una palabra bonita, una oración.

Porque el amor, cuando se comparte, crece más y más.

Autora: María Abreu

“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo; seguid lo bueno.
Amaos los unos a los otros con amor fraternal.”
— Romanos 12:9–10



sábado, 25 de octubre de 2025

EL NIÑO DESOBEDIENTE - CUENTO INFANTIL CRISTIANO EN ESPAÑOL PARA DORMIR NIÑOS

 

El niño desobediente

Autora: María Abreu

En un pequeño pueblo rodeado de árboles, montañas y ríos, vivía Tomás, un niño alegre, juguetón y curioso. Pero era tan aventurero que tenía un problema: no le gustaba obedecer.

Por las noches, cuando la lámpara de su casita estaba encendida, su madre siempre le decía:
—Tomás, deja de jugar con la lámpara, que te puedes quemar.



Pero Tomás no hizo caso a su mamá… y se quemó la mano. Entonces, la madre, con mucho cariño, fue y se la curó.

Al día siguiente, la madre le advirtió:
—Tomás, no te subas a ese árbol, que te puedes caer.
Pero Tomás, como era muy desobediente, comenzó a trepar el árbol. Resbaló… ¡y se cayó!

La madre lo escuchó llorar de dolor y corrió a socorrerlo.

Pasaban los días, y la madre seguía enseñándole:
—Tomás, no saltes en la cama, que te puedes golpear.
Pero Tomás, desobedeciendo como siempre, no paraba de brincar… hasta que se cayó y se dio un tremendo golpe.

Una vez más, su madre fue a curarlo con paciencia y amor.

Así era el día a día de Tomás: hacía lo que le daba la gana y desobedecía sin parar.

Una mañana, cuando el cielo estaba nublado, Tomás dijo:
—Mamá, ¿puedo ir al bosque a buscar mi burrito para dar un paseo?

—No, hijo —le advirtió su madre—. Está nublado y creo que va a caer una tormenta.

—¡No va a llover, mamá! —respondió Tomás.

Y, desobedeciendo una vez más, abrió la puerta de la casa y se fue en busca de su burrito, que estaba amarrado lejos, cerca del bosque.

Los árboles eran altos, el aire estaba quieto y ya no se escuchaban los cantos de los pájaros. Tomás caminaba abriéndose paso entre la maleza. Todo parecía tranquilo… hasta que un relámpago iluminó el cielo, seguido de un trueno ensordecedor.

De pronto, empezó a llover con fuerza.

Tomás sintió miedo y corrió hasta una cueva cercana. Desde allí, temblando, vio cómo un rayo partía un árbol en dos.
Asustado, comenzó a llorar y a gritar:
—¡Mamá, ven! ¡Te necesito, mamá!

Pasaban las horas, el viento soplaba con tanta fuerza que derribó varios árboles. Tomás, muerto de miedo, se acurrucó en el suelo y escondió la cabeza entre las piernas.

—Mamá… —lloraba—, ven… Desde hoy te voy a obedecer siempre. Tengo miedo, mamá.

Justo en ese momento, alguien asomó la cabeza por la entrada de la cueva: ¡era su madre!
En medio de la tormenta, había salido a buscar a su pequeño.

Lo abrazó fuerte, lo tomó en brazos y, montada en un caballo, lo llevó de regreso a casa.

Desde ese día, Tomás aprendió que la desobediencia siempre trae consecuencias, y que obedecer a sus padres es una forma de cuidarse… y de demostrar amor.



miércoles, 15 de octubre de 2025

“El día que Daniela dijo ¡YA BASTA de chuches! — Cuento infantil sobre dulces y frutas”

“Cuento para niños: Daniela y su barriga gruñona — aprendo a decir no a las chuches”

En un bonito pueblo lleno de casas, tiendas, parques y árboles frondosos vivía una niña llamada Daniela.
Daniela era muy alegre y juguetona, pero tenía un pequeño problema: ¡le encantaban las chuches!
Comía dulces para desayunar, caramelos para almorzar, nubes de azúcar para merendar y chocolates para cenar. ¡Le gustaban todos!



Cada vez que su madre la llevaba al parque, Daniela se iba directamente a la tienda de chuches.

—Mamá, cómprame esta nube de azúcar, por favor. Solo esta… y aquel chocolate también, que se ve muy bueno.

—Daniela, son los últimos dulces que te compro. ¡Llevas todo el día comiendo chuches! —le respondió su mamá.

Y así era el día a día de Daniela: comiendo chuches sin parar.

Una tarde, mientras masticaba unos caramelos, escuchó un gruñido tenebroso.

—Gru, gru, ñu-gru...

—¿Qué es ese sonido? ¿Es un tigre? —preguntó asustada.

—¡Soy tu barriga! —respondió una voz—. Estoy muy enfadada.

—¿Mi barriga habla? —preguntó Daniela con los ojos abiertos de sorpresa.

—Sí, estoy harta de tantos dulces. ¡Ya basta! —dijo la barriga con tono molesto.

Al escuchar aquello, Daniela corrió a contárselo a su madre.

—Mamá, ¡mi barriga me habló! —exclamó agitada.

Su madre sonrió y le dijo:
—Daniela, come un poco de fruta. Prueba esta manzana y verás cómo tu barriga se calma.

Daniela dio un mordisco a la manzana, y su barriga suspiró aliviada:
—¡Ahhh! Esto está mucho mejor.

Desde ese día, Daniela aprendió a comer menos chuches y más frutas.



PROXIMA → INICIO

SUSCRÍBETE

Vistas de página en total

TE GUSTARON LOS CUENTOS?

Sports

Cuentos por categorías

m

Visita feliz