Hace mucho tiempo, vivía un gran profeta llamado Elías. Él amaba a Dios y había dedicado toda su vida a ayudar a las personas a conocerlo.
Su fiel ayudante era Eliseo, quien aprendía de él cada día.
Una mañana especial, Elías y Eliseo emprendieron un viaje. Mientras caminaban, Elías le dijo:
—Quédate aquí, porque el Señor me envía a otro lugar.
Pero Eliseo respondió:
—¡No! No te dejaré. Iré contigo.
Así siguieron caminando juntos.
Atravesaron caminos, colinas y ríos. Aunque Eliseo no entendía todo lo que estaba ocurriendo, sentía que aquel día sería diferente.
Finalmente llegaron cerca del río Jordán. Allí, Elías tomó su manto, lo dobló y golpeó el agua.
¡Y algo asombroso sucedió!
Las aguas se abrieron a ambos lados y los dos caminaron por tierra seca.
Cuando llegaron al otro lado, Elías preguntó:
—¿Qué deseas que haga por ti antes de que sea llevado?
Eliseo respondió:
—Quiero tener una doble porción de tu espíritu para servir a Dios.
Elías sonrió.
—inalmente llegaron cerca del río Jordán. Allí, Elías tomó su manto, lo dobló y golpeó el agua.
¡Y algo asombroso sucedió!
Las aguas se abrieron a ambos lados y los dos caminaron por tierra seca.
Cuando llegaron al otro lado, Elías preguntó:
—¿Qué deseas que haga por ti antes de que sea llevado?
Eliseo respondió:
—Quiero tener una doble porción de tu espíritu para servir a Dios.
Elías sonrió.
Un resplandor brillante apareció entre las nubes.
Entonces surgió un carro de fuego tirado por caballos de fuego que descendió del cielo.
?゚ミホ?
Eliseo observó maravillado.
El viento comenzó a soplar con fuerza.
Y delante de sus ojos, Elías fue levantado hacia el cielo en medio de un torbellino.
—¡Padre mío! ¡Padre mío! —gritó Eliseo mientras lo veía alejarse.
Cada vez subía más alto, hasta desaparecer entre las nubes.
Entonces el manto de Elías cayó al suelo.
Eliseo lo recogió con cuidado y comprendió que ahora Dios le había dado la responsabilidad de continuar su obra.
Aunque estaba triste por despedirse de su maestro, también estaba lleno de esperanza porque sabía que Dios seguiría acompañándolo.
Desde aquel día, Eliseo se convirtió en un gran profeta y ayudó a muchas personas.
Y todos recordaron que Dios había llevado a Elías al cielo de una manera maravillosa, sin que conociera la muerte.
Moraleja
Dios recompensa la fidelidad. Cuando seguimos a Dios con todo nuestro corazón, Él siempre tiene un propósito para nuestra vida y nunca nos abandona.
Basado en 2 Reyes 2:1-14.







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