En el centro de un
lejano bosque había un bello jardín donde vivía un joven príncipe. Cerca de
allí, vivía también una malvada bruja que se divertía realizando hechizos a los
habitantes del bosque.
Un buen día la malvada bruja se fijó en
el joven príncipe y lanzándole unos polvos mágicos lo durmió tendido en la
tierra durante varios días.
Cuando el viento sopló el príncipe
se levantó del polvo pensando que era Adán. Confundido comenzó a
caminar por el jardín creyendo que era el
jardín del edén. En su caminar, a lo lejos descubrió un
manzano y subido en la rama de este vio a un hombrecillo al cual la
malvada bruja manipulaba.
_ ¡Hola joven
príncipe!
_ ¿Quién eres? _
preguntó el príncipe
_ Soy Pinocho, tu amigo y compañero de este
jardín.
_ ¿Y por qué
tienes la nariz tan larga? _ preguntó el
joven príncipe.
_ ¡Ah! No es
nada, es de tanto estornudar por la alergia del polen. ¡Ya sabes… Aquí hay
muchas flores!
_ Bueno ya se te
pasará. ¿Por cierto, has visto por aquí al hombre sabio? _ preguntó
el joven príncipe.
_ El hombre
sabio no está por aquí, pero tenemos permiso para comer de todas las frutas de
este jardín _ dijo Pinocho.
_ ¡Ah muy bien!
Pero según la historia hay una fruta de la que no podemos comer _ reflexionó el
joven príncipe mirando fijamente las
manzanas.
_ Las historias,
historias son. ¡Mira
qué ricas se ven estas manzanas! Puedes comer las que quieras. Si
comes por lo menos una, serás un hombre súper sabio _ explicó Pinocho.
_ ¡Pues yo
quiero ser súper sabio!_ expresó el joven príncipe cogiendo una manzana en sus
manos y cuando la mordió ésta se revolvió con un fuerte grito.
El príncipe muy asustado la dejó caer en el suelo y en ese instante la manzana se convirtió en
una hermosa mujer llamada Blancanieves.
_ ¡Vaya susto
que me has dado mujer! _ suspiró el príncipe.
_ Mi nombre es
Blancanieves.
_ Yo soy A… Espera… Que yo recuerde…, tú serás
la mujer que me seducirá a comer la manzana… Y si la como, el hombre sabio nos
echará de este jardín y me pondrá a trabajar la tierra _ indicó el príncipe atemorizado.
_ ¿De qué hablas?_
preguntó Blancanieves confundida.
_ Simplemente te
quiero dejar claro, que no se cumplirá la historia: No seré expulsado de este
jardín por tu culpa, ni tendremos dos
hijos. Y si el hombre sabio me expulsa, que sepas que no te construiré una casa _ sentenció el príncipe.
_ Pues yo
también te quiero dejar claro que estamos en igualdad de condiciones. ¡Puedo
construir mi propia casa !_ decretó Blancanieves entre gritos.
_ ¿ Ah si ? ¡Echemos
un pulso a ver si es verdad que estamos en igualdad de condiciones!_ bromeó el príncipe entre risas.
_ ¡Pero joven príncipe no discutas tanto, ya has comido la
manzana! _ dijo Pinocho.
_ ¡Eso no es
cierto. Sólo le pegué un mordisquito! _ explicó el príncipe sin quitar la vista del manzano.
Minutos después
los tres se marcharon del manzano y cada uno decidió construir su propia casa.
El príncipe y Pinocho la construyeron totalmente de madera laminada mientras que Blancanieves la construyó con palos de madera cubriéndola
con ramas de los árboles.
Una noche,
mientras todos dormían, llegó un lobo
y comenzó a soplar sobre la casa de Blancanieves. El lobo sopló y sopló y la casa derribó.
Blancanieves corrió y salió por la puerta de atrás y cuando el lobo intentó
comérsela, ella lo enfrentó con una antorcha encendida y el lobo asustado se fue corriendo.
Pinocho y el
príncipe observaban por la ventana de su casa y entre risas gritaron:
_ ¡Buen trabajo
Blancanieves!
Ésta los ignoró
e hizo una pequeña fogata y se durmió en el tronco de un árbol.
A la mañana
siguiente el príncipe y Pinocho decidieron hervir un té de plantas medicinales,
pero ambos se distrajeron contando sus propias historias y la casa se incendió.
En ese instante llegó el lobo y cuando se acercó, comenzó a quemarse con los
restos de la casa en llamas, así que salió corriendo y se tiró en el río del
jardín diciendo:
_ ¡Ni siquiera
me dio tiempo de soplar sobre la segunda casa!
Pero en ese
momento sintió que algo nadaba cerca de él y mirando a su lado dijo:
_ ¡Uy, qué pato
más feo!
_ ¡No soy un
pato, sé muy bien quién soy!
_ ¿Y quién
eres?_ preguntó el lobo un poco escéptico.
_ ¡Soy un
hermoso cisne!
_ ¡Vaya
historia! _ dijo el lobo aburrido mientras salía del agua para acostarse en el
suelo y secarse al sol.
Pinocho y el
príncipe salieron corriendo del fuego y se lamentaban porque al igual que Blancanieves se habían
quedado sin casa.
Más tarde, los
tres caminaron por el jardín con mucha hambre y Pinocho los guió
nuevamente al manzano.
Mientras que en
el bosque, lejos del jardín, la malvada bruja veía todo desde su espejo mágico
y llamó por el teléfono móvil a Pinocho diciéndole que convenciera a
Blancanieves para que se comiera la manzana envenenada. Pinocho manipulado por
ésta, colgó la llamada, se acercó a Blancanieves y le preguntó:
_ ¿Tienes hambre?
_ ¡Sí, tengo
hambre y me apetecería comer mucha carne!_ dijo Blancanieves mirando a su
alrededor.
_ ¡Pero la carne
engorda! Es mejor que seas vegetariana y comas esta manzana para que mantengas
ese tipazo _ comentó Pinocho con voz seductora.
_ Pero no puedo
comerla, porque cada manzana es un mundo. La vida y la muerte pueden estar en
poder de la manzana.
_ ¡Ah, no hagas
caso, son historias! _ dijo Pinocho mientras le crecía la nariz.
Blancanieves con
la ilusión de mantener su figura y seducida por la voz de Pinocho se acercó y
comió la manzana y en ese mismo instante murió… Leer la segunda parte: Pinocho en el edén, segunda parte
Autora: María Abreu