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martes, 23 de mayo de 2017

EL CÁNCER DEL RECHAZO

_ ¡No quiero ser tu amiguita!_ le dijo la ranita Alicia al sapito Cirilo cuando éste le preguntó si podía jugar con ella en el jardín.

Al escuchar esto, los ojitos saltones del sapito Cirilo se les empequeñecieron de tristeza al sentirse rechazado.

Minutos después la ranita Alicia comenzó a regar las flores del jardín con un cubito de agua. El sapito Cirilo que estaba debajo de una flor, dio un salto y preguntó:

_ ¿Puedo ayudarte?

_ ¡No gracias!  ¡No creo que seas capaz de hacer esto!

Con todos estos rechazos, el sapito Cirilo caminó hacia una flor con un sentimiento doloroso en su corazón y pensando:

_ ¡A mí nadie me quiere!

Desde ese momento el sapito Cirilo comenzó a perder valor propio. El sentimiento de rechazo comenzó a convertirse en un cáncer que lo iba destruyendo por dentro.

Cada día, cuando los animales jugaban en el jardín, el sapito Cirilo se quedaba debajo de la flor por temor a que también le rechazaran.

Una mariposa que conocía la situación del sapito Cirilo comenzó a revolotear frente a su cara y le explicó:

_ Sapito Cirilo, si la ranita Alicia te rechaza es porque ella tiene problema interno, no tú.

_ Es que no sé cómo vencer este sentimiento de rechazo  _ se lamentó el sapito Cirilo.

_ La mejor manera de vencer el rechazo es reconocer el valor que tienes y lo competente que eres. Tú puedes hacer cosas, y puedes hacer nuevos amigos.

Con este consejo, el sapito Cirilo sacó pecho, se puso de pie y saltó pensando:

_ ¡Tengo valor, soy competente!

Y entre saltos y saltos se acercó a los demás animalitos, se puso a jugar con ellos e hizo nuevos amiguitos.

La ranita Alicia, cuando vio lo aceptado y querido que era el sapito Cirilo, se acercó y le pidió perdón. También le pidió que le dejara ser su amiguita a lo que el sapito Cirilo aceptó. 

Desde entonces el sapito Cirilo y la ranita Alicia fueron muy buenos amigos y jugaban felices en el jardín.

Autora: María Abreu


¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? (Romanos 2:4)


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