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miércoles, 13 de diciembre de 2023

EL ÁRBOL CRITICÓN

 

En un lejano bosque vivía el árbol Simón que cuando observaba a los demás los criticaba y decía:

_ Ese árbol tiene una fruta dañada.

_ Ese otro tiene una hoja seca.

_ Y aquel tiene una rama torcida.



El árbol Simón, no sólo no paraba de criticar, sino que también las cosas sólo estaban bien cuando él las hacía. Y, murmuraba diciendo:

_ Estos árboles. Ni siquiera saben buscar una buena orientación para recibir los rayos del del sol. Y esos otros tampoco saben mover sus ramas al compás del viento.

Y así era el día a día del árbol Simón. Hasta que una tarde un pajarito que se había posado en una de sus ramas al levantar el vuelo soltó una caca.

El árbol Simón se sintió tan asqueado que rápidamente miró su copa para ver si estaba limpia y al mirar hacia arriba descubrió que los demás árboles eran más altos que él.

Agachó la cabeza y mirando hacia abajo observó que en su interior tenía una raíz podrida que debía curar.

El árbol Simón se sintió muy triste al descubrir que en cada crítica que hacía a los demás estaba ocultando sus complejos y su incapacidad…

Y más triste se sintió, cuando entendió que se le había podrido una raíz, por el esfuerzo que llevaba el pensar, que las cosas sólo estaban bien cuando él las hacía.

 

Autora: María Abreu

2 porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?  (Mateo 7: 2- 3)



martes, 31 de octubre de 2023

FITO Y EL TESORO DE LA NAVIDAD

 

Lentamente caía la nieve cubriendo los árboles con un manto blanco. Fito, desde la ventana del salón, mirando la nieve, gritó de alegría.

_ ¡Mamá, papá, ha llegado la navidad!

_ ¡Sí, hijo, ya es navidad, y prepararemos una gran cena!

_ ¡No mamá, yo prefiero muchos regalos! _ dijo Fito con los ojitos brillantes de alegría.

_ Fito. Te voy a mostrar el mayor regalo. Es tan grande que es un tesoro.

_ ¿Y dónde está ese regalo mamá? _ preguntó Fito.

_ ¡Está en el tronco de uno de esos árboles ahí afuera! Sal y descubre dónde está_ indicó mamá coneja.

Fito muy entusiasmado, se abrigó bien y salió corriendo a buscar el regalo.

 Con mucha curiosidad revolvía la nieve de los troncos de los árboles. Hasta que por fin encontró una bonita cajita con una nota dentro, que decía:

_ ¡El mayor regalo de la navidad, es compartir con los demás!

Al conejito Fito no le hizo mucha ilusión encontrar sólo un papel con una nota. Así que muy desencantado se fue a caminar por el bosque a ver si encontraba algo mejor.

Mientras caminaba, vio a lo lejos al zorro Juanito temblando de frío y le preguntó:

_ ¿Amigo qué buscas?

_Estoy buscando comida para la cena de esta noche y sólo he encontrado un huevo.

_ Pues ven conmigo a casa, mamá está preparando una gran cena _ dijo Fito.

Mientras Fito caminaba junto al zorro, cerca de allí, encontró a la conejita Alicia.

_ ¿Alicia qué buscas? _ indagó Fito.

_Busco algunas cositas para decorar mi casita y algo de alimento para hacer una cena.

_ Ven conmigo a casa, mamá está preparando una gran cena.

Mas adelante vio a su amigo la liebre y también lo invitó a cenar.

Cuando llegaron a casa, Fito tocó la puerta y mamá y papá conejo, quedaron sorprendidos por todos los amigos que Fito había llevado.

Entre risas, todos prepararon la mesa, cenaron juntos, contaron cuentos y compartieron una tarta.

Las horas pasaban y Fito se sentía tan a gusto que mamá coneja una vez más le recordó:

_ ¡Un regalo se puede gastar o romper, pero compartir con alguien, perdura para siempre en nuestra mente y corazón!

Autora: María Abreu

{Enséñales} que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir ( 1 Timoteo 6:18)

 

 



viernes, 29 de septiembre de 2023

EL ÁRBOL Y EL OTOÑO - CUENTO CORTO

 

En un pequeño bosque vivía el árbol Juanito. A Juanito le encantaba el otoño porque era la estación de los colores.

Una tarde, el viento soplaba suave y cálido. Las hojas de colores naranja, amarillo y morrón empezaron el baile del viento.



Entre risas, el árbol Juanito miraba cómo sus hojas giraban y se desprendían de las ramas al compás del viento.

Con la suave brisa, las hojas volaban y giraban de derecha a izquierda de una manera tan divertida que se sentían libres.

Pero cerca de allí, sentado en un banco, vieron a un niño que se sentía triste y solo.

Entonces, las hojas movidas por el viento se acercaron al niño y, jugando con él, se posaron sobre su hombro y cabeza.

Una hoja le tapó los ojos y otras le hicieron cosquillas por el cuello y nariz. El niño se sentía tan a gusto que no paraba de reír.

El árbol Juanito observando muy atento el comportamiento de las hojas con el niño pensó:

_ ¡El otoño es una estación de alegría y amistad para todos aquellos que necesitan compañía en sus vidas!

Autores: Marcos Gómez y María Abreu

 



domingo, 9 de julio de 2023

UNA GALLINA EN LA CANEZA - MARCOS Y DANIELA ( 01)



UNA GALLINA EN LA CABEZA - CUENTO CORTO SOBRE LA VIDA DEL CAMPO









sábado, 10 de junio de 2023

EL DUENDE Y EL AGRADECIMIENTO

 En un pequeño pueblo vivía un niño llamado Juan, era travieso y juguetón.

Un día, sus padres lo llevaron al bosque, para disfrutar en familia de una rica merienda.

Pasadas las horas, Juan se alejó un poco de sus padres para jugar con su pelota, y mientras corría detrás de ésta, escuchó un silbido.



Se detuvo, y mirando para todos los lados descubrió que el silbido provenía del tronco de un viejo árbol.

Con mucha curiosidad se acercó al tronco, y se sorprendió al ver a un pequeño duende atrapado dentro de un agujero pidiendo ayuda.

Juan con mucho deseo de ayudar, le tendió la mano y arrastrando al duende hacia afuera pudo sacarlo del agujero.

El pequeño duende como muestra de agradecimiento, le dijo que si podía llevarlo a las profundidades del bosque.

Juan aceptó la invitación y siguiendo los pasos del pequeño duende se adentraron en el bosque.

Allí el duende le enseñó un mundo lleno de hadas de colores, mariposas que brillaban como el sol, y peces de oro, que flotaban sobre las aguas radiantes de un riachuelo.

Luego el duende lo llevó nuevamente a las afueras del bosque donde estaban los padres de Juan esperándolo para regresar a casa.

Cuando llegó a casa Juan guardó en secreto aquél mágico lugar y recordó lo importante que es ayudar a los demás desinteresadamente.

 

Autora: María Abreu

Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:18)





sábado, 20 de mayo de 2023

EL RATÓN Y LA TARTA DE QUESO (02)

 

Daniela estaba tan encantada viendo al joven Marcos tomando una taza de té en frente de su casa que mirando la luna suspiró.

Un pequeño ratón que ella tenía como mascota, al escuchar el suspiro de la joven le recomendó:

_ Toma, escribe en este papel diciendo que mañana le invitas a casa a comer. Así él se olvidará del lío de la gallina.



Y así fue, Daniela escribió su nota, y envolviendo el papel en una piedra la lanzó con todas sus fuerzas al balcón de Marcos golpeando una ventana.

_ ¡Oh! Se sorprendió el joven Marcos. Cogió la piedra y leyendo la nota del papel sonrió.

_ ¡Qué locura!

De la misma manera respondió a la joven Daniela lanzando la piedra con una nota diciendo:

_ ¡Ok, gracias!

Al día siguiente al llegar la tarde el joven Marcos se acercó a la casa de Daniela tocando la puerta:

_ ¡Hola puedes pasar! _ señaló Daniela con una dulce sonrisa.

Sentados a la mesa ella le ofreció una rica ensalada, pollo asado y pan.

_ ¿Llevas poco tiempo aquí en el pueblo? _ preguntó la Daniela.

_ Sí, la verdad es que he venido por un tiempo a disfrutar de la tranquilidad y alejarme del bullicio de la cuidad.

_ ¡Oh! ¿Y dónde vives?

_ ¡En Londres! _ respondió Marcos.

_ Pues yo siempre he vivido este pueblo. Mis padres murieron y me han dejado esta pequeña casa_ explicó Daniela con una melancólica mirada.

__ Espera un poco, que ahora traeré un rico postre de tarta de queso_ añadió la joven.

Pero al entrar a la cocina Daniela encontró al ratón lamiéndose los dedos.

_ ¿Pero, ¿qué has hecho? ¡Te has comido toda la tarta de queso! ¡Te voy a matar!

_ ¡Es que estaba muy rica! _ señaló el ratón y salió corriendo por todo el salón.

_ ¡No lo puedo creer, estoy viendo un ratón! _ dijo Marcos entre risas.

_ Perdona, así es en el pueblo _ explicó Daniela mientras perseguía al ratón.

Marcos se levantó del asiento y acercándose a ella la tomó de la mano y le dijo:

_ ¡No pasa nada!

Al escuchar esa voz, que casi le susurraba al oído, Daniela se detuvo ante aquella hermosa mirada y mirando a Marcos a los ojos no le salían palabras…


Autora: María Abreu


El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Romanos 12:9


CONTINUARÁ…





LA GALLINA EN LA CABEZA. DANIELA Y MARCOS (0I)

 

Era una tarde de calor cuando Marcos se había mudado al pueblo.

Estaba encantado desde el balcón de su casa mirando el paisaje de la naturaleza que adornaba todo aquel pequeño pueblo.

Pero, mientras caminaba por la llanura, sintió que algo volaba y se posaba en su cabeza clavándole las uñas en el cráneo.


_ ¡Esa gallina es mía! ¡No la dejes ir! _ Escuchó vociferar.

Marcos con la gallina en la cabeza miró a su derecha, luego a su izquierda buscando la voz que gritaba, pero al darse la vuelta vio a una chica de larga cabellera que se acercaba corriendo.

_ ¡Tranquila, no te sofoques! ¡Me agacho, y coges tu gallina! _ Susurró Marcos.

Al escuchar, esto Daniela se acercó y agarrando su gallina dio las gracias.

Marcos no sabía si reír o enfadarse por lo de la gallina, pero levantando la mirada miró a Daniela diciendo:

_ ¡De nada!

Ante la profunda mirada de Marcos, Daniela sintió maripositas revoloteando en el estómago, pero Marcos agachando su bella mirada miró su reloj y dijo:

_ ¡El tiempo corre en mi reloj!  ¡Se está haciendo de noche!

_ ¡Sí, es cierto! ¡Hasta luego! _ se despidió Daniela.

Marcos sonrió y moviendo la cabeza a ambos lados vio cómo se marchaba aquella joven con su gallina en brazos.

Al llegar la noche Daniela se sentó en el balcón de su casa. Por casualidad, Marcos también salía del salón para sentarse en el balcón de su casa.

Mas Daniela mirando al frente susurró:

_ ¡Es él!  ¡Somos vecinos!

Marcos también se percató de la presencia de Daniela en el balcón del frente y tomando una taza de té miró el cielo estrellado.

CONTINUARÁ…

Autora María Abreu

Alabad al Dios de los cielos, Porque para siempre es su misericordia. (Salmos 136. 26)





domingo, 30 de abril de 2023

EL CARACOL Y EL PEQUEÑO ÁRBOL - Cuento corto para Marcos

 

Una tarde de primavera un pequeño caracol trepó un gran árbol para acostarse en una hoja y disfrutar del vaivén del viento que movía la hoja como si fuera una hamaca.

El caracolito se sentía tan a gusto, que de vez en cuando cerraba los ojos para quedarse dormido.

Pero, no pasó mucho tiempo cuando de repente el suave viento empezó a soplar muy, pero que muy fuerte.


El caracolito abriendo los ojos se aferraba fuertemente a la hoja porque sentía que se caía.

Mas el viento soplaba y soplaba tan violentamente, que sacudiendo la hoja hizo que el caracolito cayera estrepitosamente al suelo.

_ ¡Ay!  _ gritó el caracolito.

_ ¡Oh no! _ se me ha roto mi casita. _ se lamentaba el pequeño caracol.

Con su casita rota sabía que no era un lugar seguro para esconderse de algún depredador.

Y para su sorpresa, a lo lejos, vio a un temible sapo que se acercaba amenazando con comérselo.

El caracolito al no poder esconderse completamente dentro de su caparazón porque estaba roto, decidió ocultarse debajo de una hoja que justamente había caído a su lado.

 Y el sapo, saltó y saltó y no vio al caracolito, y por eso marchó del lugar.

Mas, el caracolito oculto y asustado, permaneció dos días debajo de la hoja regenerando colágeno, para restaurar su caparazón hasta que le quedó totalmente nuevo.

Luego salió de su escondite y al ver que el sapo ya no estaba, caminó hacia un pequeño arbusto y aprovechando el suave viento se acostó en una hoja.

Estaba tan a gusto que ahí, acunado por el viento, se dio cuenta de que, para disfrutar la vida, no hay que subir a un gran árbol, que a veces un pequeño arbusto es suficiente.

 

Autora: María Abreu

 

Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración.

(Romanos 12:12)



domingo, 25 de septiembre de 2022

EL CONEJITO FITO Y EL ZORRO QUE LLEVA DENTRO

Una tarde de calor, el conejito Fito caminaba por el bosque felizmente disfrutando de un trozo de pastel.

Pero de pronto, a los lejos, cerca de un huerto, ve al zorro Juanito bebiendo una botella de agua.

Detiene sus pasos y mirando al zorro desde la distancia se acordó de que éste un día le había robado la comida y luego se burlaba diciendo que él no había sido.


 

Por ese motivo el conejito Fito empezó a sentir rabia y rencor contra el zorro porque consideró ese hecho como una traición a la amistad que los unía.

Era tanto el resentimiento que sentía Fito, que cuando comía un rico pastel, se acordaba del zorro, cuando daba un paseo por el bosque, se acordaba del zorro y cuando se acostaba no podía dormir porque se acordaba del zorro.

En su mente no podía escapar de las garras lastimeras del zorro, aunque éste estuviera a cientos de kilómetros de él.

El zorro al que odiaba le perseguía donde quiera que fuera y por eso pensó:

_ ¡Soy un amargado!

Con tanta amargura el conejito Fito sufría de estrés y fatiga.

Andaba cabizbajo y triste, nada le producía alegría por culpa del zorro.

Un día, harto de no poder controlar la amargura y el resentimiento decidió ir donde su amigo la liebre a buscar consejo. Y cuando le contó lo que le estaba pasando la liebre le explicó:

_ El resentimiento está controlando todos tus pensamientos y por eso estás tan amargado.

_ ¿Y qué debo hacer? _ preguntó el conejito Fito.

_ Perdonar al zorro. El perdón es el único que te puede librar del rencor y del sufrimiento que llevas dentro _ respondió la liebre.

Ante este consejo el conejito Fito se quedó pensativo por un momento y luego decidió ir a buscar al zorro.

Caminando por el bosque lo encontró patas arriba descansando bajo la sombra de un árbol.

En ese instante el conejito Fito se acercó y le dijo:

_ Amigo, te perdono por el robo de la comida, me sentí muy mal. Toma, te regalo esta cestita de alimentos.

Ante este hecho el zorro con mucha vergüenza agarró la cestita de alimentos y agachando la cabeza también le pidió perdón al conejito Fito, prometiéndole que jamás lo volvería a hacer.

Desde ese momento el conejito Fito quedó libre de su amargura y pudo volver a disfrutar libremente de la belleza del bosque.

 

Autora: María Abreu

 

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:31-32)





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