Cuentos clásicos

martes, 2 de mayo de 2017

El sentimiento de culpa del hámster

A la deriva en un barquito de plástico estaba un hámster. Ahí acostado una nube negra de pensamientos de culpa invadían su mente.

Este sentimiento de culpa le hizo tomar la decisión de irse al mar. Allí flotaba sin rumbo, sin deseos de vivir.

Sentía culpa y vergüenza por una mala acción que había hecho. Su conciencia le había declarado… Culpable.

El sol quemaba los pelitos de su piel y estaba deshidratado; pero no le importaba.

Un delfín muy amistoso que jugaba con las olas descubrió al hámster en el barquito y se acercó a preguntar. Entonces el hámster le contó la mala acción que había hecho y lo mal que se sentía.

El delfín se quedó pensando y luego comenzó a explicar:

_ Para librarte del sentimiento de culpa debes pedir perdón a Dios y luego a quien le hayas hecho el daño.

_ ¡Dudo que me perdonen! _  lamentó el hámster.

_ ¡No puedes vivir con culpa! Vete donde el afectado, pídele perdón de una manera breve sin involucrar a nadie más.

_ ¿Y por qué no puedo involucrar a nadie más? _ preguntó el hámster entre lágrimas.

_ Porque si involucras a alguien más estarás defendiéndote y no confesando tu culpabilidad.

_ ¡Oh, muchas gracias amigo!

Siguiendo el consejo del delfín, el hámster le pidió que le ayudara a llegar a la orilla. El delfín empujó el barquito y cuando llegaron a la orilla le recordó:

_ ¡El único que te libera del sentimiento de culpa es el perdón!

El hámster se lo agradeció una vez más y luego corrió hacia una madriguera. Allí se encontró con quien le había hecho daño, le pidió perdón y fue liberado de la culpa.

A partir de ahí, el hámster iba al mar a navegar en su pequeño barco; pero esta vez de una manera distinta. Disfrutaba del mar con su amigo el delfín.

Autora: María Abreu


Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. (Salmos 51: 17)