Cuentos clásicos

lunes, 28 de septiembre de 2015

El cocuyo y la luciérnaga


                      

Una cálida tarde de verano, un cocuyo de color negro y una luciérnaga jugaban juntos entre las ramas  de los árboles del denso bosque.

El valor de la superación
Pasadas las horas, el bosque comenzaba a ponerse semi oscuro, algunos árboles apenas se veían en la sombra.

Empezaba a caer la noche; por lo que el cocuyo le dijo a la luciérnaga que debían marcharse a sus madrigueras.

Mientras volaban el cocuyo iba alumbrando el camino, pero mientras avanzaba se percató de que la luciérnaga no llevaba su luz encendida y le dijo:


_ ¡Enciende tu luz!

La luciérnaga confundida en la oscuridad le manifestó:

_ ¡No es necesario!

El cocuyo en silencio comprendió que debía explicarle a la luciérnaga la importancia de la luz. Para ello cambió de rumbo y la  llevó a la cúspide de  una montaña.

Cuando subieron al pico de la montaña, el cocuyo le mostró el bosque desde las alturas y comenzó a  explicarle:    
       
_ Aunque tenemos luces diferentes,  podemos iluminar en la oscuridad de igual manera.

_ Es que me da miedo iluminar. Además soy muy tímida, no me gusta destacar_ dijo la luciérnaga.

Mas el cocuyo con sus luces azuladas y bastante vivas continuó explicando:

_ Con tu luz puedes cambiar un paisaje de sombra y oscuridad por otro paisaje de luz y seguridad.

Luego continuó diciendo:

_ Saca la luz que tienes en tu interior y expándela, podrás alumbrar el camino a los demás.

Al escuchar estas palabras la luciérnaga reflexionó y decidió activar su luz, descubriendo que no podía esconder el brillo que llevaba dentro. Y fue muy feliz alumbrando el bosque junto al cocuyo.

Autora: María Abreu


Y si te ofreces al hambriento, y sacias el deseo del afligido, entonces surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía. (Isaías 58: 10)