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viernes, 10 de abril de 2015

El pájaro calvo


En la espesura del bosque vivía un pequeño pájaro de pico marrón con plumas azuladas y verdes. Pero este pájaro no tenía plumas en la cabeza. Era totalmente calvo. Sin embargo su  mamá lo amaba igual que a su otro hermanito.

Su mamá le enseñó a correr, a salta, a volar y sobre todo… a cantar y a ser feliz sin que sintiera complejo por su diferencia física.

Un día su madre le dijo:

_ Pajarito Luis, ya tienes edad de ir a la escuela y hacer nuevas amistades.

El pajarito Luis sintió miedo al rechazo y le dijo:

_ Mamá, en la escuela se burlarán de mí.

La madre se acercó con mucha ternura y le explicó:

_ Pajarito Luis, sólo eres un poco diferente a los demás; pero eso no te hace inferior al resto. Los amigos te aceptarán como eres. Y dándole un piquito le animó a que volara hacia la escuela.

Cuando llegó a la escuela, observó que ésta era una hermosa colina con aromáticas flores, árboles con toda clase de frutas y un pequeño riachuelo para beber agua.

Muy contento se posó sobre una rama de un pequeño árbol donde estaban otros pájaros y al tratar de hablar con ellos éstos comenzaron a burlase señalándole la calvicie. El pajarito Luis se sintió muy triste y le salieron dos lagrimitas de los ojos.

Cuando sonó el timbre del recreo todos los pájaros bajaron de las ramas al suelo para jugar al fútbol dejando al pajarito Luis fuera del grupo.

Pasados unos minutos todos empezaron a señalarle y a burlarse del él al verlo en la orilla del río echándose agua en la calvita para refrescarse ya que el sol lo estaba abrasando demasiado.

_ ¡Mira, la calva le brilla con el sol!_ seguían riéndose.

Y otros cantaban:

_”Que brille la luna, que brille el sol, que brille la calva de ese señor.”

El pajarito Luis muy triste y cabizbajo se apartó del lugar y se sentó bajo la sombra de un árbol.

Mientras los demás seguían burlándose, una pajarita llamada Rosita de plumitas rosadas y blancas le estaba observando y acercándose le dijo:

_ ¿Te gustaría ser mi amiguito?

Al pajarito Luis le brillaron los ojos de emoción y le contestó que sí.

Según pasaban los días el pajarito Luis seguían siendo objeto de burla en la escuela hasta que un día su amiguita la pajarita Rosita tomó una decisión. Llegó muy temprano a la escuela con la cabeza totalmente calva. Se había arrancado las plumas de la cabeza para estar igual que su amiguito.

Los demás pájaros que iban llegando a la escuela se sorprendieron al verla sin decir ni media palabra. Pasados unos minutos algunos de estos pájaros que se habían estado burlando del pajarito Luis hicieron lo mismo que la pajarita Rosita. Se arrancaron las plumitas de la cabeza y se quedaron calvos.

Lejos de la escuela, en su casita, el pajarito Luis le lloraba a su madre porque no quería volver a la escuela. Ya no soportaba las burlas, estaba sufriendo mucho y muchas veces aparecía dentro de él un sentimiento de enojo. Pero su madre con mucho amor le animó a seguir adelante diciéndole:

_ No es más fuerte el que más sufre, sino el que en medio del sufrimiento tiene la fortaleza para no pagar a nadie mal por mal.

El pajarito Luis después de escuchar el mensaje de su mamá se le pasó el enojo y voló hacia la escuela. Allí como de costumbre se posó sobre la rama del pequeño árbol donde estaban los demás pájaros y agachó la cabeza.

_ ¡Hola pajarito Luis, perdónanos! ¡Queremos ser tus amiguitos! _ dijeron muchos pájaros.

El pajarito Luis levantó la cabeza y se sorprendió a verlos a todos con la cabeza calva. Al sonar el timbre todos bajaron a la colina y como de costumbre comenzaron a jugar al fútbol, pero esta vez incluyeron en el grupo al pajarito Luis.

El valor de la solidaridad
Pero mientas jugaban el sol comenzó a calentarles la calva y corrieron al pequeño río a refrescarse la cabeza. Una vez allí empezaron a mirarse unos a otros y comprendieron que es muy fácil burlarse de los demás cuando no estamos en su misma situación. Al final todos se hicieron muy buenos amiguitos.

Desde entonces, la mamá del pajarito Luis le empezó a hacer lindos sombreritos para cubrirse del sol al ver que ya era aceptado por el grupo.

Autora: María Abreu

¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores se deleitarán en hacer burla? (Proverbios 1:22)


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